Un árbol, en la noche alta de marzo deja caer una joya palpitante y calla muertas plumas en la frontera de sombra, plegarias para huir del vacío. Dolor, cuando la blanca jauría de colmillos dorados persigue a la luna en lo oscuro y el destino, nuevo Bruto, observa desde el fondo más profundo de los ojos una vez amados: mas no amanece nunca el alba contigo. Nunca amanece.