Lunes, 08 de septiembre de 2008

¿PORQUE EL CINE NO DEBE SUBSIDIARSE? :

Oscar Portela

LAS NUEVAS FORMAS DEL TOTALITARISMO CULTURAL

¿Qué es bien, que es cultura, que es arte, que es industria? Con seguridad, la organización política de la Hélade ignoraba lo que significa en la semántica “post-post-moderna” el termino “ Industria y Administració n de Bienes Culturales”: la noción de bien se asociaba desde el punto de vista platónico con el de verdad y este con el de belleza: “la verdad no es sino reflejo de la belleza”, apotegma que la tardo modernidad ignora olímpicamente: el trípode platónico iba a determinar la noción de justicia y de felicidad sobre la cual reposa la ética aristotélica, aún más ignorada por la época que nos toca vivir: ¿debemos preguntarnos ahora nuevamente que es un "bien" desde el punto de vista del valor? .

Para el hombre de la organización técnica de la producción planetaria, es el artefacto de consumo que “garantiza racionalmente” la previsibilidad y estabilidad de las políticas de consumo de una complicada ortopedia que incluye – luego de la revolución industrial – fundamentalmente a la revolución de los medios de comunicación: el arte pasa a ser “mercancía” valorada según las alzas y bajas de los mercados, incluyendo en estos la alimentación , el turismo, la investigación tecnológica, la gastronomía y un campo indeliminatable de objetos de consumo, en la cual se borran las diferencias entre “esencia del arte” y cultura.

Pero el mercado de bienes cuya administració n consiste en la producción cada día mayor de objetos considerados “bienes de consumo” tabula con las mismas
medidas y sólo según los parámetros del mercado; así, una Edición de los clásicos del teatro griego llevada a la pantalla o la televisión pertenece al mismo ámbito que un partido de fútbol, olvidando que el texto griego pertenecía como tal "bien" al concepto de “Paideia” que sostenía el concepto del arte griego como normativa de “educación”: la idea de "bien" queda entonces “indeterminada” y en consecuencia “in-definida” en tanto pertenezca solo al ámbito de lo que según las demandas impuestas por el consumo debe atenerse a primitivas leyes reflexologicas.

Arte y Cultura

Francis Jameson vuelve a poner en evidencia el corte entre “arte y cultura”, no resuelto ni por vía de mediación dialéctica entre vida social y cultura, pues, sin adentrarnos en abismos ontológicos, la gran literatura europea o parte de ella, tardó a veces – el caso paradigmático de Hölderlin – ciento cincuenta años para integrar el mercado de valores bursátiles de las grandes editoriales del mundo: este ejemplo pues para la literatura europea de fines de siglo, XIX tanto como para las otras artes (Van Gogh, Camille Claudel, y muchísimos más), que luego de décadas movieron el mercado de cotizaciones de remates de obras de arte en millones de dólares, o en la actualidad de Euros.

 

La contradicción se agudiza cuando nos preguntamos acerca de que es el arte.

 

 

¿Son “lo mismo” Andy Wharol que Orson Welles más Matisse?.

La respuesta de los mercados y de ciertos teóricos no se hace esperar: es aquello que desde el punto de vista de la “industria” puede atraer la atención del gran publico y a la vez producir suficiente dinero para permitir la mega corporaciones que dirigen la industria cultural, contribuir al fisco
con cuantiosas retenciones impositivas: esto y no otra cosa constituye una industria que merezca el nombre de tal: si el consumo de “bienes culturales” desde el video -porno a los video-games es equivalente al remate de un Turner en Sotheby’ s, todo cabe en una misma estantería: tanto el Rey Lear como Homero Simpson, una novela de William Faulkner – que logró vender dos mil ejemplares de su primer titulo antes de que se le otorgara el Nóbel - o “El Silencio” de Bergman, obra estrenada en Nueva York en un cine “porno”; como las filmaciones digitalizadas de escenas de prostitución infantil que mueven en el mercado millones de dólares.

La industria tiene un solo parámetro: se expande o se contrae, cotiza o no, es taquilla o no. No existen políticas de Estado que puedan revertir este dilema fijado aún más por la creciente estratificació n económica y “cultural” que compone nuestra sociedad.

Alemania invierte euros en subsidiar su industria cinematográfica: 170 películas al año,
de las cuales
se distribuyen veinte sin grandes ganancias.

 

 Estados Unidos – vía adecuados sistemas de producción, distribución y marketing – invierte en un filme de acción doscientos diez millones de dólares- y recauda quinientos cincuenta millones de dólares en taquilla (un promedio de siete mil millones de dólares de total de taquilla por año) con un total de consumo e “bienes culturales “ de alrededor de cincuenta mil millones de dólares anuales.

Más del 60 por ciento del consumo de “bienes culturales del planeta” se los fagocitan los mercados de los países del llamado primer mundo. Sólo Londres recauda siete mil millones de euros anuales en remates de obras de arte en un mundo donde una torta de milhojas imitando la Torre Eiffel puede dar ganancias en el mercado – si no equivalente- al costo del “El Pensador de
Rodin”.

La escritora más traducida a todas las lenguas es
la señora Agatha Christie , y el “boom” de las últimas décadas: el fabulario de Harry Potter, los muñecos terroríficos, o el cine de artes marciales.

 

Todo indica que bajo una nueva forma de imperialismo, el imperialismo cultural, aquel sobre el cual pivotea re-direccionada, la red de comunicaciones con la cual se domestican los mercados marginales, se producen nuevas formas de alienación y – vía transculturalizació n- y se domina políticamente a los países marginales.

 

¿Cómo subsidiar los “mercados internos de cultura” si estas medidas son absurdamente ineficaces incluso para Europa?. Esto significa que aún debemos esperar que un nuevo Colón descubra el modo de restaurar vía quiasmo (ruptura), la diferencia abismal entre el “bien artístico” y el bien cultural como valor propuesto como paradigma de nuestra tardo-modernidad.

 

Oscar Portela 
Ctes. Argentina 

 


Tags: TOTALITARISMO CULTURAL, cine, Van Gogh, Camille Claudel, Andy Wharol, Orson Welles, argentina

Publicado por ChemaRubioV @ 14:04
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