Tanto el acto de fumar como los componentes del tabaco, entre ellos la nicotina, favorecen la formación de arrugas en todo el rostro y, en las mujeres, "pueden surgir de forma prematura en personas de entre 25 y 30 años que llevan una media de 10 años fumando", comenta Vila Moriente.
Los labios y los ojos son las zonas donde aparecen las primeras arrugas debido a la acción repetida de fruncir la boca y entrecerrar los ojos mientras se inhala el humo del cigarrillo. Por otra parte, "al fumar se contraen los vasos sanguíneos, con lo que se reducen los flujos de sangre y oxígeno a la piel, esenciales para mantener una epidermis sana", lo que a la larga provoca "en los fumadores un aspecto mucho más avejentado que el de otras personas que no fuman".
El vicepresidente de SGCPRE señala que las personas que llevan más de diez años fumando suelen tener "más arrugas, más marcadas, una piel más grisácea, menos luminosa y más atrofiada", por lo que son fácilmente reconocibles por dermatólogos y cirujanos plásticos y estéticos, que denominan a estos síntomas como 'cara de fumador'.
Del mismo modo, advierte de que otras de las consecuencias derivadas de este hábito son los problemas de cicatrización de los fumadores tras cirugías que requieren anestesias generales y en consecuencia la intubación del paciente.
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. RIFHonduras_______Ivan Fiallos
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