Recuerdo su juventud blanca sudando contra el Maccabi de Tel-Aviv, y perdiendo a pesar de la magia desplegada por su animidad. Años se hicieron ,y las carnes en el “saco “ parecían a propósito, pero su arrogancia en el mirar no era síntoma de feliz comunión con las gentes de los alrededores. Mi juventud le admira como a los viejos dioses del tiempo.
De su paso por la facultad de ciencias de la informacción,como profesor: mejor no hablo.