Donde ha colgado la diosa
su lámpara fría
en esta hora de lobos, aleve
el ojo que insomne
recorre el paisaje
y el madero de la casa
solitaria que cruje
bajo el polvo
de altísimas estrellas.
Muy tarde sabrás
tal vez de qué signos
he hablado,
de qué extraño viento
de un mundo
azul y silente
en su larga marcha
hacia el centro
de un infinito
vacío de sombras
Alejandro Drewes
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