Viernes, 26 de septiembre de 2008


La desnudez de lo masculino puede ser muy hermosa. Torsos blancos,
en los que la luna deja su ceniza y su mármol, su nácar frío de
suavidad y seda, o torsos morenos, aceitunados, en los que el sudor
es un rocío de perlas para el sándalo y la mirra, o torsos negros,
africanos, en los que la luna es negra, la luna es la noche, la
noche en las acequias profundas, donde el alquitrán se confunde con
un vino maligno, terrible al paladar, y lleno de exuberancia
dionisíaca. Cinturas estrechas y vientres aplanados, y hombros
capaces de levantar montañas. La desnudez de lo masculino puede ser
muy hermosa. La Femenina también. Pasan los minotauros con sus
grandes cabezas cornamentadas, brillan afilados los instrumentos de
la muerte, como cimitarras de hueso, prestas a clavarse derechas en
un corazón abatido. Pasan los minotauros. Son bellísimos y
espantosos, sus grandes cabezas los delatan deformes y soberbios,
llevan sus espadas de marfil suplicantes de vientre o pecho,
quisieran derramar bajo la luz de la luna, diez mil litros de sangre
negra, para teñir las aceras de violeta, de grandes violetas
morenas, brutales como la tinta china. Se pasean entre los pasillos.
Aquí uno observa las diminutas figuras de cristal. Hay un gallo de
cristal con la cresta rubí, hay una vaquita de cristal tan liviana
que se rompería de una sola caricia, hay una libélula con las alas
verdes y una mariposa con las alas amarillas y siete delfines y
siete vencejos, con las colas negras, en forma de tijera. Bajo la
fuerte luz de las lámparas las figuritas de cristal brillan de una
manera endemoniada. El Minotauro las observa, su pecho es de harina
o de nieve, Selene lo ha bendecido en su nacimiento, pero no puede
arrancarse su cabeza de toro, que le exige un derramamiento de
sangre, o un capote de rosas estremecidas. Más allá está la
Minotaura negra, tiene dos pechos redondos y llenos de leche
africana, a la luz de los neones del Centro Comercial es como una
Diosa de ébano entre la seda de los pañuelos. Observa la seda de
estos. Los toca. Hay pañuelos amarillos, de seda pura, que brillan
suaves o estridentes, como veranos amables o enfurecidos, hay
pañuelos fucsias, y rojos, y azules, en los que lo celeste es una
promesa de amor eterno, en los que la seda es un frenesí de promesas
de amor. Hay bolsos de cuero negro, acharolados, o pulseras de plata
con escorpiones labrados, o zarcillos de fantasía con zafiros o
granates. Su cabeza monstruosa está exigiendo un asesinato. El
Centro Comercial es una nave galáctica, en la que los extraños
extraterrestres deambulan como en un maravilloso laberinto. Es
bellísima la casa de Asterión. Pasa un Minotauro junto a los
perfumes, aquí huele a frambuesa, a madreselva, a pachuli, a
algalia, cada gota de esencia es un diamante líquido, un rubí hecho
aroma, el torso desnudo del monstruo marca sus brazos de asesino
indomable, y si arranca a un tarro una gota de esencia la atmósfera
se llena de misterio y crimen. Más allá , en la sala de los
televisores, miles de acuarios enseñan a la vez el fondo marino,
donde las gorgonias rosas compiten con los nudibranquios amarillos,
con los cefalópodos verdes, con los equinodermos rubí, y los
monstruos bicorneos se pasean embistiendo capotes intangibles de
toreros inexistentes, chicuelinas y verónicas ejecutadas por una
mano invisible. El Palacio de Asterión es grandioso, descomunal,
laberíntico, en él, extrañas flores, cactáceas imposibles, orquídeas
rarísimas, potos innumerables, lirios. Hay un Minotauro en la
bilioteca, que bellísimo y deforme lee medio loco las páginas
repugnantes del Necronomicón.
............ ......... ......... ......... ......... ......... ......... .
Francisco Antonio Ruiz Caballero.

Tags: LosMinotauros, CorteInglés, desnudez, hermosa, femenina, cinturas, torsodesnudo

Publicado por ChemaRubioV @ 13:39
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios