-yelmo de plata, avasallante mirada-
nuevo cruzado, hijo de algo.
Violador de mujeres, asesino de hombres,
América es tuya por fin,
Sueños y templos vueltos lingotes.
Solamente el atlántico lecho
hunde el oro de opacos banqueros,
sus números ciegos, oscuros.
No fueran bastante aztecas, mayas, incas,
sus cosmogonías salvajes.
Huesos de Atahualpa, pozo de esmeraldas.
Oh madre América, tú que siempre perdonas,
celebra los infinitos ultrajes,
el espacio nulo entre la cruz y la espada.
Recuerda la memoria de Moctezuma y su pueblo
tantos galeones henchidos de esclavos,
rubias carabelas como heraldos de muerte.
Oh América, tú que siempre perdonas,
Entrega tu corazón a los verdaderos salvajes,
Antes como ahora: Ego te absolvo.
Alejandro Drewes
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