Martes, 14 de octubre de 2008
 
Roberto Quesada

"Recuerda siempre que tu propia resolución de triunfar es más
importante que cualquier otra cosa". --Abraham Lincoln.

Ya les voy a contar por qué no hubiese ido el sábado a mirar el
partido de la selección a algún sport bar canadiense, aunque la
corazonada me parpadeara dándole luz verde a la posibilidad del
triunfo. No vuelvo a asistir a ver un partido en el territorio del
contrincante porque al final de los noventa minutos nunca sabe uno
cómo va a salir.

Para las eliminatorias de un mundial pasado, yo andaba de ferviente
creyente de la Selección Nacional de Fútbol. En un partido decisivo
que disputaría Honduras y México, que se jugó a mediodía (hora de
Nueva Yok), propuse a mis compatriotas Ruth Noemí Espinoza, Enrique
(Quique) Reina y no recuerdo a quienes más que nos fuésemos a ver el
partido a un restaurante mexicano que quedaba en la calle 14, ahora
queda en la calle 23 entre séptima y octava (vale la pena visitarlo),
pues mi convicción del triunfo de Honduras era tal que deseaba
celebrarlo en territorio mexicano.

Honduras anotó primero y los cuatro que andábamos celebramos a todo
pulmón, los mexicanos se llamaron al silencio, fueron educados y
tolerantes y no dijeron absolutamente nada sino que en ese silencio
como el del indio Diego cuando encontró a la Virgen de Guadalupe,
dejaron que el balón siguiera rodando.

De repente cayó el empate, y no tardado el dos a uno y culminó con un
vergonzoso tres a uno. Los mexicanos estaban felices y nos hacían
muchas bromas. El dueño del restaurante pidió guardar silencio y
dijo: "Tráiganmele a estos catrachos una botella de tequila, la casa
invita, para que ahoguen sus penas". Por supuesto, no la aceptamos,
nos despedimos cordialmente y los felicitamos del diente al labio y,
por supuesto, en el taxi en que regresábamos a las Naciones Unidas
llovían los latigazos lingüísticos para los derrotados jugadores.
Inolvidable para Quique es también la embriagadora fragancia a curry
descompuesto que despedía aquel chofer árabe en proporciones
industriales.

Cuando los compañeros de trabajo me preguntaron en dónde vería el
partido y si recomendaba algún lugar, recordé un sport bar canadiense
que conozco, pero ni siquiera se los mencioné. Allí me iluminé y les
dije: "Ningún lugar mejor para ver el partido que en El abuelo
gozón".

El general Efraín Ochoa se rió con cierta picardía e Iván Romero
Nasser, que siempre por nada se ruboriza como si en la vida no
existieran esas palabras o abuelos gozones, se puso más rojo que un
tomate. Y Reniery Valladares lanzó tal carcajada y repitió: "El
abuelo gozón". Les aseguré que no se trataba de ningún chiste mío
sino que allí en la 79 y Roosvelt avenue, en Queens, quedaba El
abuelo gozón en donde siempre pasaban los partidos de Honduras y
otros países en gigantescas pantallas. Ellos no aceptaban por aquella
de cómo se llama el lugar, tuve que decirles que ya antes había
estado viendo allí la selección con mi esposa Lucy cuando estaba
embarazada del junior. Sólo así aceptaron. Entonces llamé al amigo
Mario Ramos, de Noticias de Honduras, cliente honorario de El abuelo
gozón, para que se nos uniera y nos consiguiera buena atención y
ubicación. Y así fue.

Reniery y yo llegamos ya comenzado el partido, pero justo al minuto
cayó el primer gol de Honduras. Y entonces sí todos comprendieron por
qué se llama El abuelo gozón, pues gozaban (gozábamos) en pleno y
quienes no eran de Honduras estaban solidarios con la selección
catracha. Treinta segundos tenían de haber llegado a la mesa dos
grandes platos de picadera que pidió Iván, cuando empata Canadá y no
hubo ni un ser humano, ni un abuelo gozón, que celebrara el gol, sólo
lamentaciones.

Allí noté, pues escritor hasta inconscientemente analizo el proceder
del ser humano, que a Efraín Ochoa y a Iván Romero N., la ansiedad
les quita el hambre, en cambio a otros, como a Reniery y a mí, la
ansiedad nos produce hambre. No tengo que explicar que pasó con
aquellos dos platos.

Después vino el gol de Carlo Costly, quien asegura que le vino del
corazón, pero quienes vieron el conato de bronca que tuvo por alguna
injusticia arbitral, creo que le vino del corazón pero cargado de
adrenalina, de coraje, de venganza personal por algo que le había
hecho. Como quiera que sea: fue un golazo. Y así cayó el tercero y la
fiesta en Honduras también repercute en donde haya un catracho/a.

Inmediatamente los comentarios no se hicieron esperar, bien sabido es
que en Honduras habemos ocho millones de directores técnicos, ocho
millones de presidentes, ocho millones de especialistas en cualquier
cosa, pero todo teórico, una vez que el que critica tiene posibilidad
de reemplazar al que critica, les pasa las de Hugo Sánchez cuando
relevó a Lavolpe, no dan el ancho ni el angosto. Y se teorizó sobre
que el plantel está bien plantado y que no hizo falta David Suazo. En
lo personal creo que Suazo es capaz de acoplarse a la colectividad
sin deslumbrarse por su calidad de estrella, y claro que sí hace
falta sin demeritar a nadie.

Seguramente el técnico de la selección ya sabe, si ha revisado
nuestra historia futbolística, que la Selección de Honduras pierde
casi siempre al final. Ya cuando está por clasificar, o en los
últimos cinco minutos de partidos importantes. Quien sabe de fútbol
no me desmiente, Honduras casi siempre pierde en esos minutos, es
como si los jugadores se confiaran, dieran todo por hecho, guisan la
libre cuando creen que está cazada y no se aseguran que lo esté. Aquí
el trabajo de Rueda no tiene que ser físico sino psicológico, a
manera de convencerlos de que no deben de aflojar la garra catracha
mientras el partido no haya finalizado, ¿Ven, no les decía yo que
habemos ocho millones de directores técnicos? ¡Comprobado!!!

Y voy a cerrar con un señor, con una cara de abuelo que no se la
quita ni Dios (y de abuelo gozón, claro), que se me acercó alegre
pero a su vez preocupado porque según lo que me dijo él es un abuelo
de honor:

Mire, aunque clasifiquemos con Jamaica, tenemos la obligación de
ganarle a México... No podemos perder, ni siquiera empatar...Ese es un
asunto de honor, si se dejan ganar va a ser una clasificación con
sabor amargo".

Así que: ¡Adelante Selección...!

Ozone Park NY 12 octubre 2008. Día de la Hispanidad.
[email protected]

Tags: goles, honduras, diplomatico, seleccion, Abraham Lincoln, Nueva Yok, futbol

Publicado por ChemaRubioV @ 15:44
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