Jueves, 16 de octubre de 2008

Regresaba a su corazón como quien vuelve a casa: con su barba de chivo,  recortada, los anteojos ahumados como una defensa ante la cruel luz del mundo, y el sombrero de ala ancha que solo usaba en las tardes de fiesta o disfraz.

 

Caminaba casi sin querer, pero contento”entre comillas “de su atípica soledad.

 

Por Max Sin Estrella le conocían las gentes de aquel lugar lejanísimo de su Galizia natal. Donde se había pasado media vida en casa de sus padres.

Con 30 años- tarde para su época – encontró a Una Igual, en quien vio futuros ante sus ojos, y presentes de gracia satén.

 

11 meses duro el flechazo, entre cuatro paredes de un apartamento sin ascensor ni vistas a ninguna parte.

 

Después de vivir afuera de su cuerpo esquizofrénico, sin saber asentarse adentro de la piel, se paso a disfrutar otros 29 años de su elegida soledad.

Regresaba a su corazón como quien va  a su casa, pisando las calles sin conciencia, ni hacer caso ninguno al sonido que sus roqueras botas dejaban detrás de su sombra.

 

Abrió la puerta de una casa de piedra  con cuidado para no despertar a nadie. Se tomo dos vasos de agua  del cubo que todas las mañanas recogía del pozo. Desplegó un rollo de papel kilométrico y se dispuso a seguir escribiendo las memorias de los últimos  decenios: aquellos en que no conoció amor que le restaurase el corazón ni negocio que pudiera hacer olvidar a su cerebro económico.

 

Pero no se entristezcan amigos, porque hasta su muerte siguió escribiendo para no sentirse solo, y como los amaneceres los pasaba entre coloridos pájaros silveros, y árboles de raíz mayestática, respirando el divino aire del Cerro Verde, y en las tardes se soleaba frente el lago Tejutepece, el insomnio solo era una excusa para escribir del futuro corriente que podía haber tenido como el resto de los mortales.   

 


Tags: biografia, elsalvador, amor, corazon, relato, ficcion, españa

Publicado por ChemaRubioV @ 15:11  | RELATO .
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