Lunes, 27 de octubre de 2008

Isla

Negra 3/155

Casa de poesía y literaturas. -

edición especial

La

Poesia

Hoy Aquì

Fundada en Argentina en 2004

. - octubre 2008-

 

suscripción gratuita. Lanusei,Italia. Dirección: Gabriel Impaglione

Publicación inscripta en el Directorio Mundial de Revistas Literarias UNESCO

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Sostener la Palabra I

Antología de poesía costarricense contemporánea


ADRIANO CORRALES ARIAS

Compilador


A las

y los

poetas

que hacen posible

el asombro

y la energía

para Sostener la Palabra


 

 

PRESENTACIÓN


La poesía costarricense, aunque cuenta con nombres eminentes como los de Lisímaco Chavarría, Roberto Brenes Mesén, Max Jiménez, Eunice Odio, Isaac Felipe Azofeifa, Carlos Rafael Duverrán, Jorge Debravo, Virginia Grütter, por citar los más reconocidos, no ha logrado posicionarse en el panorama literario latinoamericano, como sí lo han hecho países vecinos, caso de Nicaragua. Son múltiples las causas que se han señalado para ese “escaso desarrollo lírico” en nuestras letras. Rubén Darío, a su paso por nuestro país, subrayaba que “Costa Rica intelectual posee más savia que flores”, aludiendo a la precaria producción y valoración del hecho poético en la construcción intelectual de nuestro país. Para aquélla época, finales del siglo XIX, la sentencia aplicaba muy bien, pero, trasladada a nuestros días, evidentemente, el maestro se equivocaría.


En los últimos cuarerenta años la poesía costarricense ha avanzado con un rigor y una fortaleza inusitados. La herencia de los experimentos vanguardistas que van de 1925 hasta bien entrados los años cuarenta (con poetas fundadores como Rafael Estrada, Max Jiménez, Francisco Amighetti, Joaquín Gutiérrez e Isaac Felipe Azofeifa, entre otros); y de los años sesenta y setenta, hasta bien entrados los ochenta (cuya poesía se divide en tres grandes tópicos: la social con Jorge Debravo al frente; la trascendentalista –que, de alguna manera, se ha reconocido como la poesía “oficial” o dominante– con algunos acompañantes o discípulos de Debravo escapados por la tangente: Laureano Albán, Carlos Francisco Monge, Julieta Dobles y Ronald Bonilla; y una poesía experimental, contestataria, iconoclasta, alucinada, que denominaremos provisionalmente como “hippie” o, a lo mejor, “outsider”, la cual se encuentra dispersa en pocos libros, muchas revistas y efímeras antologías, a la espera de algún estudioso; sin olvidar la cima de mediados de siglo: Eunice Odio), se expresa y sintetiza en un amplio movimiento poético, en la creación de talleres y grupos y en el desarrollo de nuevos espacios para la lectura de poesía tales como recitales, “lunadas poéticas”, encuentros, festivales, presentaciones de libros y revistas.


Además, el surgimiento de nuevas editoriales, especialmente en los años noventa y al inicio del nuevo milenio, y de la participación de poetas ticos en diversos eventos internacionales, así como la constante visita y estancia de poetas reconocidos, ha permitido que un nutrido grupo de jóvenes poetas haya venido estructurando su trabajo con una nueva visión y un nuevo compromiso.


Probablemente la “juventud” de la poesía costarricense y la relativa ausencia de “maestros” con quienes lidiar para cometer parricidio simbólico, hacen que la lira nacional contemporánea se despliegue por múltiples vías estéticas y formales sin que el peso de la tradición la agobie. (Para el caso antológico que nos ocupa, menciono los ilustres antecedentes de ésta tentativa: Parnaso costarricense: selección esmerada de los mejores poetas de Costa Rica (1921) de Rafael Bolívar Coronado; La lira costarricense (1890-1891) de Máximo Fernández; Escritores y poetas de Costa Rica (1923) de Rogelio Sotela; Antología de Poetas costarricenses (1946) de Rosario Meza de Padilla; La poesía de Costa Rica (1963) de Manuel Segura Méndez; Poesía contemporánea de Costa Rica (1967) de Alfonso Chase; Poesía contemporánea de Costa Rica (1973) de Carlos Rafael Duverrán; Evolución de la poesía costarricense, 1574-1977 (1978) de Alberto Baeza Flores; Antología de una generación dispersa (1982) de Carlos María Jiménez, Jorge Bustamante e Isabel Gallardo; Antología Crítica de la Poesía de Costa Rica (1992) de Carlos Francisco Monge y Voces tatuadas: Crónica de la poesía costarricense 1970-2004 (2004) de Jorge Boccanera; para no hablar de las muestras en las Lunadas Poéticas (2005-2006) acopiadas por el poeta colombiano Armando Rodríguez).


Con una prolífica producción y un desparpajo ideo estético, casi iconoclasta, las nuevas generaciones buscan en diversas formaciones socioculturales las fuentes y los paradigmas de sus producciones, sin temor a la vigilancia y el castigo de sus predecesores, o de la “academia”. Ello da como resultado un movimiento poético vigoroso y variopinto que está posicionando, como nunca antes lo había hecho, el quehacer poético patrio en el concierto centro y latinoamericano y de más allá. Sin poses ni aspavientos, muchos jóvenes poetas organizan talleres, editan revistas y publicaciones, ganan premios en Europa y en diversos certámenes latinoamericanos, participan activamente en encuentros, festivales y congresos, o aparecen en variadas antologías a lo largo del continente. La mayoría de ellos ya no esperan la dádiva del padrecito estado con el favor del burócrata de turno, la oportunidad de las editoriales oficiales ni la “ayuda” de los consagrados, para salir y dar a conocer sus producciones. He ahí una nueva visión y un genuino compromiso artístico.


Describir ese impetuoso movimiento de amplio espectro y sus principales características socioculturales y estéticas es tarea que sobrepasa mis intenciones y mis posibilidades. No intento analizarlo a profundidad ni realizar estudio crítico alguno. Por ahora, al margen y a la espera de estudiosos e investigadores que aborden integralmente el proceso, pretendo, sencillamente, reunir en una muestra a quienes considero [email protected] principales actores de ese movimiento que, dadas sus espectativas y coordenadas históricas, probablemente podría conceptuarse como el más intenso, sorprendente e innovador de la actual poesía centroamericana. Y presentar esa muestra en un volumen lo más representativo posible, sin que se trate de fijar nombres o producciones para canonizarlos, sino más bien en una perspectiva de obra en construcción (work in progress).


Para ello, debo dejar constancia de los criterios de selección y los límites conceptuales, de tal manera que el amable lector, el estudioso o el crítico, comprendan, y toleren, de alguna manera, los excesos y exclusiones. Inicialmente me propuse agrupar en un cuaderno a los y las participantes del programa Miércoles de Poesía que cada quince días se dan cita en la Casa Cultural Amón del Instituto Tecnológico de Costa Rica en su Centro Académico de San José. Consciente de la necesidad de un documento que articulara ese nutritivo proceso poético que reseñé más arriba, me planteé entonces la tarea de compilar una antología de la “nueva poesía costarricense”. Pero, dado ese carácter ambiguo y cajonero de lo nuevo (¿en poesía qué es nuevo y qué no lo es?), opté por ordenar la selección con criterios temporales para armar una antología que partiera de

los años 50 del siglo pasado hasta el año de edición de la misma.


Sin embargo, a medida que fui buceando en la amplia producción lírica de la época, me fui encontrando con producciones que sobrepasaban el orden establecido. (Debo manifestar de inmediato que no se trata de una selección de generaciones poéticas, pues, debido a lo expresado anteriormente y a otras consideraciones conceptuales, es difícil eslabonar la producción poética autóctona con ese criterio. Como se verá, la aparición de los poetas va, sencillamente, de acuerdo a sus fechas de nacimiento). Aquélla situación obedeció a que algunas de esas producciones han sido invisibilizadas por el canon, o, lo que es más grave, excluidas por el status quo literario, a pesar de su calidad estética y de su influencia posterior; o a que algunas han sido tardías, extemporáneas, o “maduras”, en términos de la biobibliografía del autor.


Así, hube de incluir a poetas nacidos antes de 1950 como Mayra Jiménez, Juan Antillón, Helio Gallardo, Rodrigo Quirós, Guillermo Sáenz Patterson, Alfonso Chase y Osvaldo Sauma, productores notables, no solo por su poesía, sino por el influjo en las nuevas generaciones. Afrontando esas circunstancias, y aunque no en todos los casos, me guié por la tenue frontera (border line) de ese criterio de exclusión tan reiterado y caro a la cultura costarricense, de tal manera que se pudiera ampliar el abanico de la poesía nacional en cuanto a sus representantes y sus procedencias. El espectro, ciertamente, se expandió, encontrando en las “provincias” (cuestión que, por ejemplo, Jorge Boccanera desdeñara en su estudio antológico) a una serie de autores no afectos a la “vallecentralización”, o “vallecentrismo”, de la literatura y del quehacer sociocultural de nuestro país (Francisco Rodríguez Barrientos, Miguel Fajardo, Nidia María González, Carlos Villalobos, entre otros). Igual circunstancia se cumple con los “extranjeros”, residentes o naturalizados (Helio Gallardo, Armando Rodríguez, Américo Ochoa, Carlos Calero, Ana Wajszczuk, Camila Schumacher), los cuales, por mérito propio, han enriquecido el espectro y por lo tanto merecen un puesto en la poesía “nacional”.


Por supuesto, la selección delata el “gusto” y la concepción ideo estética del compilador, así como la posición que ocupa en el dinámico y complejo campo literario. La muestra no es tan objetiva en ese sentido, aunque hemos hecho esfuerzos, dentro de nuestra idea del panorama poético, para lograr la mayor inclusión posible. No obstante, tengo conciencia de mis limitaciones. La realización de la muestra la concibo entonces como un “corte” necesario en el incesante proceso de la producción poética costarricense y como un homenaje a quienes la hacen posible. A su vez, pretende subrayar la amplitud temática y la diversidad y profundidad estéticas de esa producción, la cual, como ya lo he señalado, luego de sobrepasar un período “trascendentalista” con reminiscencias románticas y posmodernistas, se lanza, como nunca antes lo había hecho, a la búsqueda y a la experimentación aprovechando todas las posibilidades de las vanguardias, pos y transvanguardias literarias y artísticas del siglo XX, así como el reconocimiento de poéticas de otras culturas y lenguas (precolombinas, nórdicas, orientales, árabes, africanas, etc.) y de otros quehaceres artísticos (música, cine, video, artes visuales, etc.) que estuvieron, hasta hace poco, vedados al quehacer poético nacional.


Debo apuntar, como corolario a los criterios de selección, que se ha preferido a poetas con, al menos, una obra publicada. Queda por fuera una serie de jóvenes talentos cuya poesía, lastimosamente, aún no ha sido impresa en libro. Cuando eso suceda, dada la cantidad y la calidad que se atisba en esas bisoñas sucesiones, el panorama poé-tico, es de esperar, variará sustancialmente.


Adriano Corrales Arias

San José, marzo 2006 / marzo 2007.




MAYRA JIMÉNEZ

(San José, 1939). Poeta y Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Laboró como Académica en la Universidad Central y la Universidad Simón Rodríguez de Venezuela. Es Catedrática de la Universidad Nacional de Costa Rica. Miembro Jurado al Premio Casa de las Américas, Cuba, 1982. Fundadora del primer Taller de Poesía de Solentiname. Nicaragua. 1976-77. Fundadora y Directora Nacional de los Talleres de Poesía en Nicaragua durante el gobierno revolucionario 1979-1988. Miembro Jurado al Premio Rubén Darío en Poesía. Nicaragua. 1980. Presidenta de la Asociación Costarricense de Escritoras. 2000-2002. Ha publicado: Palabra uno (Antología, Venezuela, 1966); Los trabajos del sol (Venezuela, 1966); Tierra adentro (Venezuela, 1967); El libro de Volumnia (Imprenta universitaria de Caracas, 1969); A propósito del padre (Venezuela, 1975); Cuando poeta (EUNA, 1979); Me queda la palabra (Premio Nacional, Editorial Costa Rica y EUNA Universidad Nacional, 1994) y Qué buena tu memoria (Editorial Costa Rica, 2002). Otras publicaciones: Poesía campesina de Solentiname (Ministerio de Cultura, Nicaragua, 1980); Antología Talleres de Poesía (Nicaragua, 1982); Poesía de la Nueva Nicaragua (Siglo XX1. México, 1983); Poesía de la alfabetización (Nicaragua, 1986); Poesía de las fuerzas armadas (Nicaragua, 1986) y Poesía campesina actual de Solentiname (Costa Rica, 2005). Una centena de artículos y ensayos publicados en revistas y periódicos nacionales y extranjeros (Costa Rica, Cuba, Venezuela, Nicaragua, México, EE. UU., entre otros). De próxima edición: Toda una vida (Poesía), Crónica de amor y locura (novela).


VIGILIA


Yo que te he amado en secreto

desde el momento en que te vi,

primero.

Que tiemblo con sólo mirarte,

con oírte, con olerte.

Que toco la divinidad cuando te abrazo,

que casi desfallezco cuando te escucho,

colapso cuando me miras.

Que mis neuronas y mis hormonas se extravían cuando ríes,

permanezco en vigilia

con tus poemas aquí.

Verás que me los sé.

Jamás creí enfrentar tal desafío,

transformar el amor

en este arte.



S. H.


La neblina cubre las formas naturales de la colina.

Emerge y se desliza plomiza después de la tormenta.

En medio de esta escena,

como un barco,

encendiendo y apagando sus lucecitas rojas

para avisar que existe, que está ahí

acercándose a la costa,

se presenta en mi mente

tu imagen

en esta oscura tarde de invierno,

en esta terrible soledad.

¿Estarás tú acercándote a alguna costa?

¿Serán las lucecitas el destello de tus profundos ojos,

azules, azulísimos, cuyas pupilas elevas por encima del cristal

para poder leer?

Sólo hay una explicación:

esta neblina es la misma que vimos juntos

y el barco es el mismo que me señalaste en la bahía cargando trigo.

Lo que no entiendo es el asunto de tus ojos

irradiando,

los cuales, toda vez que quise acercarme a ellos

para mirarlos,

sobrevolaron húmedos a mi entorno

y se posaron en el plato de comida,

el vaso de agua pura, el libro,

la taza de café.


 

 


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Publicado por ChemaRubioV @ 17:10  | POESIA
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