Martes, 28 de octubre de 2008
Hay necesidades que no se ven y vociferan.
Sólo uno las oye. Las oye desde un En Sí que es tan profundo
que los otros dicen: No existe, no es posible.
Uno sí lleva esos procesos por dentro y hasta los dientes.
Se vuelven calaveras.

Existen unas violencias que muerden subterráneamente,
ignotas para el prójimo. Y muerden como colmillos y molares.
Son venganzas. Tisífone. Celo de Megara. Ira constante de Alecto.
Son hijas de las noches de miseria. Son furias de una escasez profunda.
Son necesidades afectivas en la oscuridad de los crímenes.
Voces que piden ser clarificadoras, piden compensaciones.

Son tan monstruosas como el crimen mismo que no ha sido
llorado, que no ha sido resuelto, el que a ninguno importara
porque la ley es ciega y el corazón es duro.
Necesidad que la ética ignora, ética sin ley
que vocifera adentro y que ninguno escucha.

Afloran y nadie quiere verlas: es porque uno es pordiosero
con la puerta cerrada, uno es el extraño, el extranjero,
uno es el favorito para que se le haga guerra
y se le mate en la esquina, uno es menos que un perro.

Como Erinas se siente el corazón sin que haya ojos
para verse uno mismo. Uno tiene serpientes como pensamientos,
enredosas serpientes, para las que no hay caricias.
Uno da miedo y tiene miedo y el miedo lo persigue.
Uno es un suplicante con una madre muerta
por una mano amante, la de Orestes,
y uno asesina hasta las sombras que avanzan
el oscuro desierto, el alma.

01-07-2000 / El libro de la guerra

CARLOS LOPEZ DZUR

Tags: libro de guerra, nadie, corazon, pensamientos, asesina, ojos, quiere verlas

Publicado por ChemaRubioV @ 17:13  | POESIA
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