Domingo, 16 de noviembre de 2008

De la primera  leyenda del caballo blanco  recuerdo esto:

Un día mirè por la ventana de la cocina y encontré a mi padre descabalgándose  de  una blanca yegua. Abandoné la leche con cola-cao y  el  pan flotando en la  taza para salir corrrriendo. Mi padre me abrazò y sosteniéndome en vilo sobre sus brazos, me preguntò si quería subir. - Sí, le contestè yo y dimos una vuelta alrededor de la casa. No fue mucho el trayecto pero a mi se me hizo tan feliz que no me importó que se acabara tan pronto. Ni tampoco sufrí porque no tuviera montura el caballo.

 Casi dos años  más tarde; al cumplir  el servicio militar Miguel Palazuelos Rincón  y quien habla por èl , nos volvimos a reunir en LA ESCUELA DE ESTOMATOLOGIA. (Abril-1.982)

        Serían las diez de la mañana, minuto adelante o atrás què sè yo, cuando en esos raros momentos en que nos encontrábamos  los dos solos (pues siempre había a nuestro alrededor algún holgazán , y no escribo  nada màs que del hijo de lujo, digo del jefe, o de  su mujer o cualquiera de sus dos hijas mayores, y además no diré nombres porque tenían otras cualidades que nosotros no podíamos despreciar) al lado de la plancha eléctrica, lejos de la cafetera, mirando la alegría de las jovencitas como nosotros, no sè por què sì ni por què no, me hallè escuchando otra versión. Pero amigo lector, no tengo tiempo para su relato por ahora. Me voy de viaje.  

No logro terminar LA LEYENDA DEL CABALLO BLANCO que parece ir AL TROTE y no sé aligerar  las riendas para que vuelva a cabalgar.

 chemarubiov

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Publicado por ChemaRubioV @ 2:57  | DIARIO
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