Martes, 18 de noviembre de 2008
 
 


Por Roberto Quesada

Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su
consentimiento- Abraham Lincoln.

La Vanguardia, diario español, me llamó en el 2001 unos días después
del ataque para preguntarme: "¿Dónde estaba usted el fatídico nueve
de septiembre?". Mi respuesta fue sencilla y triste: "En Tegucigalpa,
Honduras. Ese mismo día regresaba a Nueva York". Ahora, un periodista
español asignado en Roma, me ha preguntado: "¿Qué hiciste el cuatro
de noviembre?". Parece que a algunos periodistas les gusta saber en
dónde o qué hacía uno en fechas históricas. Esta vez mi respuesta fue
emocionada: "Mientras esperábamos los primeros resultados, estábamos
en un concierto de Joan Manuel Serrat, coreando con él esa hermosa
canción `Hoy puede ser un gran día...". Luego el representante de
Serrat en Nueva York, Néstor Lacoren, nos presentó a Serrat. Lucy, mi
esposa, le obsequió una camiseta con un dibujo en la que se lee `La
Ceiba, Honduras´. A Joan Manuel dos cosas le llamaron la atención: la
felicitó por su larga y brillante cabellera y le encantó un botón que
Lucy lucía en el pecho: Obama/Biden. Luego Serrat se puso a jugar con
Robertito al hi-five... Y viviendo esta escena tan tierna con uno de
mis héroes musicales, la corazonada me decía que algo bueno y grande
estaba sucediendo afuera.

Así era, ya los resultados se inclinaban hacia el contundente triunfo
de Obama y regresó a Nueva York ese ambiente festivo que hace años no
se veía. Desde la caída de las Torres Gemelas Nueva York no es que
detuvo su ritmo pero sí se contuvo en muchos aspectos de la vida. El
derribo de las torres como efecto dominó ha venido haciendo mella en
la conocida alegría neoyorquina: los partes de guerra, los funerales
que han estado a la orden del día y para culminar la caída en picada
de la economía, las paredes de la otrora sólida Wall Street cayéndose
en pedazos como en deliberada imitación a la caída del muro de
Berlín.

Ante todo ese panorama aparece Obama como el Supermán escapado de la
ficción para batallar ante la dura realidad. Y esto, se nota en todas
partes, ha devuelto un poco de esperanza. Si alguien duda, lo invito
aentrar en www.youtube.com y ver el vídeo de la celebración del
triunfo de Obama al estilo del subterráneo de Nueva York (Celebrating
Obama New York subway-style!).

En su discurso de aceptación del triunfo Obama no perdió un segundo
para dejar claro que solventar la situación financiera de los Estados
Unidos no sería de la noche a la mañana, y fue más lejos aún, al
decir que un cuatrienio era poco para enfrentar la situación actual
del país, prácticamente desde ya está solicitando el voto para la
reelección. Y quizá hasta ocho años no sea suficiente.

Aunque el triunfo de Obama causa entusiasmo y crea nuevas y quizá
mejores expectativas para el futuro, no debe olvidarse que al asumir
un país en bancarrota no tendrá sino que negociar-entiéndase hacer
concesiones-con las grandes corporaciones, los poderosos que manejan
el dinero del mundo. No será fácil para Obama, en algunas, sin duda,
ganará, en otras, casi seguro, tendrá que ceder aún más de lo que él
quisiera. Y es entonces que aquellos que no comprenden las argucias
de la política podrían irse en su contra y juzgarlo de haber dicho
una cosa en campaña y aparecer con otra en la realidad.

Hoy mucha prensa estadounidense está con Obama, mañana puede ser
diferente dependiendo de las decisiones que tome. Parece absurdo este
razonamiento pero a Obama puede sucederle como a muchos presidentes
de América Latina, en donde se clasifica a los presidentes de acuerdo
a sus acciones frente a los emporios económicos que han controlado
esos países a través de siglos entre buenos y villanos.

Rafael Correa, villano en Ecuador por establecer un gobierno basado
en luchar contra la pobreza y batallar contra los dueños del dinero,
que son los mismos propietarios de los medios de comunicación más
grandes.

Evo Morales en Bolivia, villano por intentar que las ganancias de su
país sean para su patria y no del monopolio extranjero confabulado
con unos cuantos nacionales y por haber hecho visible a la gran
indiada boliviana que ha permanecido en la clandestinidad. Hugo
Chávez, villano mayor por socializar la educación y hacer que el
petróleo no sólo solvente problemas de los más desposeídos en
Venezuela sino que sirva para solidarizarse con los países con menos
recursos. Ortega, el villano nicaragüense por revivir un pasado que
ya se suponía enterrado como lo es el sandinismo. En Honduras Mel
Zelaya, otro villano por intentar que su país busque otras
alternativas económicas más allá del norte.

Por supuesto, también existen los buenos, como Alvaro Uribe y la
Colombia pendenciera con el vecindario que no esté de acuerdo con su
proceder. Existen también los de dudosa clasificación, que están
entre buenos y villanos, como Lula de Brasil y Bachellet de Chile.
Otros simplemente son inclasificables porque evitan cualquier guiño a
favor de palabras letales como independencia. Y tal como Obama se ha
presentado sólo tiene dos opciones: villano o en la cuerda del
equilibrio entre bueno y villano. Y es a partir de esa clasificación
en donde tendrá batallas similares, con las variantes obvias que pese
al descalabro económico Estados Unidos sigue siendo una potencia,
como la de muchos presidentes latinoamericanos enfrentados al
stablishment o establishment. Por todo, Obama no la tiene nada fácil,
quizá sea su posición la más envidiable del mundo pero que en el
contexto histórico que le ha tocado no parece ser envidiada por
nadie.

Aunque no lo parezca, a Obama sólo lo puede salvar la fidelidad del
pueblo estadounidense a sus acciones, entendiéndose ello como el
respaldo y comprensión que mejorar la situación llevará tiempo, mucho
esfuerzo y algunas decepciones. De todas maneras Estados Unidos ya
probó que no es un pueblo tan robotizado y manipulable como se le ha
juzgado, hecho contundente fue cuando la opinión pública nunca dejó
solo a Bill Clinton cuando lo de la tormenta Lewinsky. Ojalá que
Obama sepa mantener ese respaldo, después de todo se ha dicho en
muchas partes que la voz del pueblo, es la voz de Dios. Entonces qué
mejor que estar amparado por el pueblo. God bless you, Mr. Obama!

P.D. A mis lectoras y lectores que vivan o anden por Nueva York, les
invito a mi presentación este viernes en el Instituto Cervantes.
Hablaremos de mi obra literaria en algo así que se titula:
Inmigración de la literatura o literatura de la inmigración... Allí les
espero. Más información, ¡escríbanme!

Ozone Park NY 17 noviembre 2008.
[email protected]

Tags: Obama, la vanguardia, Nueva York, Instituto Cervantes., presentacionobertoquesada, inmigracion literatura, juan manuel serrat

Publicado por ChemaRubioV @ 0:23
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