Domingo, 23 de noviembre de 2008
Sumario. Opinión. Enrique Mercado
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Al Papa, in memoriam

 
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1 Hombre de Dios

Las horas avanzan en el reloj porque no tienen otra cosa mejor que hacer. El hombre consume inútilmente su vida porque no tiene otra cosa mejor que hacer. Dios no se mueve de su unidad infinita y estática porque no tiene otra cosa mejor que hacer.

2 Dolor de Dios

Si excluimos el dolor físico, habría que elevar el dolor con mayúscula a rango metafísico, es decir, ¿hasta qué punto el dolor no es sino un sentimiento convencional con que el hombre responde a los estímulos de la vida y, más en concreto, a los estímulos nocivos de ésta? ¿No estará nuestra visión en exceso limitada al definir como dolor todo aquello que la sociedad y nuestros sentidos -impregnados en demasía de una experiencia sospechosamente colectiva- catalogan como tal? ¿No nos causarán dolor la guerra, la insolidaridad, la injusticia, el hambre, porque nuestra educación judeocristiana nos ha inculcado esa reacción?

Si como bien señala la Iglesia Católica este mundo es morada transitoria para el edén, ¿tiene algún sentido experimentar dolor ante situaciones que, ya instalados por los siglos de los siglos en una vida superior, nos van a importar literalmente un pimiento ?

3 Pecados veniales

La creencia en Dios es tan rotunda, tan excluyente... Qué estúpida la existencia del hombre que ha de mirar con lupa todos sus actos, observar piadosas costumbres y practicar la abstinencia redentora. Creer en Dios supone renunciar a estar de cuerpo entero sobre la tierra. Cuánto más sencillo y acertado resulta creer en pequeñas cosas que atemperan la miseria y el dolor (sin llegar al vacuo hedonismo): el lepidóptero blanco que nos anuncia la inminencia de una carta de Joan Brossa y Pepa Llopis, el párpado que, al velar de repente el ojo, presume un coito secular en los trigos más cercanos, las farolas que se encienden en los polígonos para acentuar la caída de la tarde...

Qué hermoso creer sin tener que dar cuenta del más leve de nuestros pecados .

4 Vendas y sotanas

Coincidiendo con el paulatino abandono de los curas españoles de la rígida y espantable sotana, nuestro país se ha ido despojando de la falsa espiritualidad que sostenía el oscurantismo de la dictadura.

No queremos decir, con ello, que los curas actuales, tan barbados y próximos, hayan sido capaces de restituir el ansia de Dios en los ciudadanos -si es que, realmente, hace falta restituir lo que nunca fue instituido.

Será, tal vez, que las cosas del cielo han dejado de importarnos de pronto, ahora que nos hemos quedado a la intemperie, desnudos de vendas y sotanas.

5 La misa

No sería extraño que, en su afán por no desaparecer, la Iglesia Católica decidiera trasladar sus confesionarios a las barras de los bares. Después de todo, ¿no es la misa una invitación al vino y a la gastronomía teofágica?

Enrique Mercado
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Literaturas.com


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Publicado por ChemaRubioV @ 13:20  | ENSAYO
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