Lunes, 22 de diciembre de 2008

 

 

  Uno va transitando como si tal cosa y se va topando con una serie de acontecimientos que, en el peor de los casos, le indican que todo es fugaz e insignificante. Asedia la vida y sobre todo la infamia salida de las manos de pérfidos personajes que, mediante sus mentecatas actitudes, te hacen pensar que el abismo es todo lo que nos rodea. Entonces, en los momentos difíciles, llega un soplo de felicidad con ansias de poner las cosas en su sitio; algo te susurra que debes manifestar, incluso desde la desesperación, la tempestad que llevas dentro. Es como una flecha que te indica el camino hacia la calma y la esperanza. Dicen que el alma pesa 21 gramos ; 21 gramos de simpatía, antipatía, morriña, inercia... Pero, ¿cuánto pesa la injusticia? Supongo que más, mucho más. Lo interesante del tema, es que hay vidas y vidas. Cada persona es un universo de sustancias que pululan de manera singular, hasta que se encuentra con otro universo de vida, y llega el plural. Existen personas a las que la vida y la infamia les pesa de sobremanera; personas como el gran poeta José María Fonollosa (1922-1991) al que, como suele ocurrir con los genios, le llegó la fama y el éxito literario después de muerto, habiendo pasado miserias de todo tipo. Tal fue su zozobra ante la vida que le tocó vivir, que llegó a expresar con énfasis en uno de sus poemarios: “No a la trasmigración en otra especie. No a post vida. Ni en cielo ni en infierno. No a que me absorba cualquier divinidad. No a un más allá, ni aun siendo el Paraíso reservado a islamitas, con beldades que un libro garantiza siempre vírgenes. Porque esos son los juegos para ingenuos en que mi agnosticismo nunca apuesta. Mi envite es al no ser, a lo seguro. Rechaza otro existir, tras consumida mi ración de este guiso indigerible. Otra vez, no. Una vez ya es demasiado”. Este rugido se le escapó a Fonollosa desde la inmoralidad del tiempo que le tocó vivir, desde la ternura de saberse solo ante la furia de la corrupción inquebrantable. La semana pasada muchos jóvenes tomaron las calles de Madrid y Barcelona violentamente, en principio para solidarizarse con el asesinato de un joven de 16 años en Grecia a manos de un policía. Esto fue lo que ellos dijeron; creo que el trasfondo también puede ser otro: la juventud se ve vacía, odiosamente tratada por el capitalismo tiburón, por la crisis, por la desconfianza en el sistema... Lo cierto es que yo no acepto ni tolero ningún tipo de violencia, pero, sin duda, algo se está cociendo en la amplia mayoría de cerebros de nuestros jóvenes que perciben como no son respaldados por ningún tipo de Gobierno, sea del color que sea, sin vivienda, sin empleo, sin futuro... Porque duele en demasía saberse apto y competente para ejercer en la sociedad, y observar como son los de siempre los que manejan el tinglado y se reparten el pastel sin esconderse de nada ni de nadie. Semeja que las nuevas generaciones serán las que pagarán los platos rotos del egoísmo, de la estafa, de la insensatez y el despilfarro de las anteriores generaciones que ya no son válidas, ya no son un referente. Esperemos que la actual situación social mejore pronto, por el bien de todos. Sino, me atrevo a presagiar una especie de revolución donde los cabecillas ya no serán simples e ineptos jóvenes con ansias de violentar por violentar. Si la situación no cambia advierto bandas de jóvenes ampliamente preparados que pedirán de la manera que sea su sitio en la sociedad. Veo banderas de todo tipo, unidas ante el peso de la injusticia; veo las calles colapsadas por el cambio y una gran pancarta que dice: “Si algo se te da bien, nunca lo hagas gratis”.

 

Alexander Vórtice

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Tags: EL PESO DE LA INJUSTICIA, josemariafollonosa, paginates, 21gramos, literatura, cine, albert pla

Publicado por ChemaRubioV @ 19:30
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