Mi?rcoles, 07 de enero de 2009

¿Lector... Escritor?

 

¿Cuando fue la última vez que leíste algo que atrapa y no pudiste parar de leer?

 

Creo que esto te va a encantar

 

 

Quisiera que conocieras una historia de la vida real, solo te voy a pedir que la leas cuando tengas suficiente tiempo para que puedas disfrutarla sin interrupciones, no te adelantes para ver el final o las partes medias porque echarás a perder la diversión del suspenso y la sorpresa que te ofrece cada cambio de párrafo

 

Esta historia estaba destinada a perderse de no ser por que su confesión llegó al conocimiento de quien tenía los recursos del lenguaje para entregarla al mundo entero, por razones de elemental ética profesional: los nombres y los lugares han sido ocultados para proteger la privacidad de los protagonistas, adjunto a este correo encontrarás la imagen real de la protagonista de la historia, sólo lo que ella autorizó

 

 

 

* * * * * * * * * * * * *  MUÑECA VIVIENTE  * * * * * * * * * * * *

 

Actualmente tengo 17 años, pero recuerdo cuando tenía 14 y vivía con mis familiares en una hermosa hacienda a las orillas de la ciudad, un bonito lugar donde teníamos toda la comodidad posible, en ese ambiente campestre pasaba largos ratos paseando por el hermoso paisaje natural y contaba con el cuidado y la atención de los sirvientes de la casa entre los que había un jardinero que decoraba nuestros patios, era un hombre de baja estatura maduro como de cincuenta y tantos años de fiera y dominante mirada robusto casi obeso calvo y prieto como llanta de carro llamado Don Bernardo aunque todos ahí le decían Bernasno, en un principio pensé que eso se debía a sus toscas y feas facciones del clásico lugareño de esa región, sabía  por los chismes de las cocineras que en alguna etapa de su vida había trabajado como guardia interno de un reclusorio para mujeres que en realidad era una correccional para las menores de edad que fue donde conoció a la que fue su esposa por un tiempo pero que habiendo enviudado  muy joven no se volvió a casar y decepcionado y amargado vivía solo junto a uno de los graneros que había acondicionado como habitación

 

Con el tiempo yo noté que él me miraba mucho cuando estaba de espaldas, bueno eso es algo a lo que yo estaba ya acostumbrada con los hombres, pues desde esa edad tenía bien desarrollados los atributos femeninos que ellos tanto admiran, muchos decían que era por la natación y por mi afición a pasear en bicicleta, tal vez por eso fui la líder de porristas animadoras del equipo deportivo de mi escuela, en fin yo acostumbraba platicar con él cuando se encontraba haciendo el trabajo de arreglos florales y siempre que platicábamos me llamaba cariñosamente: “guerita”, su voz tenía un tono grave y varonil, creo que eso era lo que me agradaba al platicar con él, un día espontáneamente cortó una flor y me la dio yo la tomé de inmediato y casi sin pensar le correspondí con una sonrisa y me aproxime para darle un beso en la mejilla el cual falló cuando él giro su cara y nuestras bocas se encontraron en forma por demás accidental… juro que fue accidental, luego los dos nos apenamos y aparentamos que nada había sucedido

 

Parecía que habíamos metido la pata, por un momento nos olvidamos de las edades y parecíamos dos adolescentes coqueteando, después de eso me alejé de él y ya no me volví a acercar, tal vez tuve miedo de lo que sentía al acercarme a él, pues a partir de ese suceso empecé a sentir algo que en ese momento no podía definir, me sentía nerviosa en su presencia, si me miraba de frente evitaba cuanto podía esa mirada que me perturbaba por completo y me hacía cometer errores con las cosas más obvias y cuando estaba tras de mi sentía como esa fiera y dominante mirada me acariciaba con fuego desde la nuca hasta los tobillos, por esas fechas cumplí los 14 y como era de esperarse cada amigo incluidos los sirvientes me abrazaban y daban un beso en la mejilla todos lo hicieron pero esa mañana no vi a Don Bernardo, no le di mayor importancia a eso y estando en el comedor con mi madre preparándonos para el desayuno me pidió que trajera un condimento que estaba en un sótano que servia como bodega de vinos, yo había estado nadando y aún tenía puesto un mini atuendo de dos piezas para playa y sólo me cubría con un delgado y escotado suéter azul que se anudaba bajo las costillas, no acostumbraba vestirme completa estando dentro de casa

 

Bajé al fondo de la bodega y entré al cuarto de vinos en donde siempre había una mortecina iluminación de color azul, y como de costumbre sentí como la puerta accionada por un pistón neumático cerraba suavemente tras de mi, y al igual que cuando se entra a un cine tarde, me tomó unos segundos acostumbrar la vista, entonces abrí el refrigerador donde se encontraba lo que buscaba y con la iluminación de este vi con sorpresa que ahí se encontraba Don Bernardo haciendo un trabajo de pintura, la sangre se heló en mis venas y me quedé muda, sólo lo saludé con una rápida sonrisa y un movimiento de mi mano pero él dejó lo que estaba haciendo y limpiando sus manos con una toalla se acerco a mi para felicitarme por mi cumpleaños, tomó el condimento de mis manos y lo colocó en una mesa mientras la puerta del refrigerador se cerraba lentamente quedando iluminados sólo por una tenue luz azul, sabía bien que me iba a abrazar y a besar como todos lo habían hecho ese día pero los dos estábamos solos y encerrados en un cuarto casi oscuro, yo me sentía atrapada y quería escapar pronto de esa situación pero no tenía ningún pretexto mi mente estaba paralizada y mis pies parecían estar pegados con goma al suelo, sentí su severo rostro de fiera y amenazante mirada a escasos centímetros del mío y como hipnotizada por su cercanía experimenté una extraña sensación de atracción que me hacia sentir la instintiva necesidad de unir mi cara a la suya, con toda seguridad él sabía lo que yo estaba sintiendo y como si quisiera probarme prolongó ese momento el mayor tiempo posible pero resistí cuanto pude inmóvil y como estatua hasta que me estrechó en un abrazo que me acerco a su cuerpo y debido a su baja estatura no me dio el beso en la mejilla sino en el cuello, noté que abrió un poco su boca y succionó con exquisita y sutil suavidad, era la primera vez que un hombre me besaba ahí y sentí tantas y tan ricas cosquillas que él lo notó debido a que cerré los ojos y estire el cuello como mirando hacia arriba mientras lo hacía y como disculpándose por su torpeza repitió el beso estirándome ahora por la nuca con una de sus manos para que me inclinara un poco y poder besarme la mejilla diciéndome muy cerca de la oreja sin soltarme de la nuca:

 

ES USTED MAS ALTA QUE YO SEÑORITA, PERO DEFINITIVAMENTE ES USTED LA MUJER MAS HERMOSA DE TODO EL MUNDO, FELICIDADES

 

La mano que me colocó en la nuca era grande caliente y áspera por el trabajo y me había  provocado unas cosquillas muy semejantes a las que me había hecho en el cuello con su boca

 

Con una sonrisa nerviosa y casi tratando de safarme le agradecí su cumplido y no sé porque rayos pero justo cuando menos debía suceder el nerviosismo me hizo limpiarme los labios con la lengua mientras sonreía, un tic nervioso que mi madre siempre me había dicho que jamás lo hiciera frente a un hombre lo cual sin duda fue lo que provocó que el abrazo continuara en la forma en que tradicionalmente lo hacían los nativos de ese lugar cuando felicitan a un amigo: levantándome completamente del suelo, yo había recibido ese tipo de abrazos muchas veces de parte de parientes y amigos pero esta vez corrió por mi cuerpo una sensación increíble algo que no puedo explicar pero que me agradaba, en cuanto sentí que me levantaba la sangre afluyó a mi rostro como un intenso rubor y no pude evitar las divertidas exclamaciones que parecían sofocados grititos de placer, el femenino escándalo que hice mientras me cargaba no logró hacer ningún efecto en su acción, con su amplia y sincera sonrisa de alegría él miraba hacia arriba clavando su mal rasurada barbilla en el centro de mi plexo justo donde se abría el escote de mi suéter y podía sentir sobre mi piel descubierta como esta me picaba y su caliente respiración tocaba mi cuello, pensé que debía protestar pero había metido la pata al mostrarle mi lengua con esa coqueta sonrisa así que no tenía derecho de protestar, además la sensación era tan deliciosa que durante todo el abrazo decidí permanecer con los ojos cerrados muy quieta con la espalda arqueada hacia atrás los brazos colgando sin fuerza y la cabeza también caída hacia atrás como mirando al cielo para evitar que él se diera cuenta del placer que me causaba la rudeza de su abrazo, y sin atreverme a mirarlo ahogaba en mi garganta cualquier sonido que delatara mi estado emocional, la verdad no se cuanto tiempo pasó así, creo que fue bastante rato, pero traté de no preocuparme por eso pues convenientemente el sentido común de mi educación me decía que el prolongado y tradicional abrazo que él me estaba dando con tanto cariño por esa ocasión tan especial debía continuar hasta que él lo terminara, y tal parece que él no tenía intenciones de terminar mientras yo permaneciera inmóvil y sin protestar, y la verdad yo tampoco quería que terminara, me tenía bien atrapada completamente rendida y sin voluntad a causa de la excitación, sentí que no tenía forma de defenderme y que si él quisiera plantarme una docena de besos en el cuello y la boca me sería realmente imposible negárselo, y ante la imposibilidad de escapar pensé que mi hora había llegado y que por azares del destino sería este pequeño asno el que se encargaría de mostrarme el paraíso de la carne

 

Cuando finalmente me liberó me sentí como aturdida o mareada, no sé si por la emoción o porque la sangre fluyó de nuevo después de tan apretado abrazo, me cubrí los ojos y la boca con una mano debido a que no podía borrar de mi rostro la sonrisa de placer que me delataba, el apretado y sensual abrazo le había hecho saber que yo era capaz de excitarme a tan corta edad, había probado mi aguante y no logré disimular mis emociones, ahora él sabía que podía excitarme, avergonzada por no haber ocultado a tiempo esa coqueta sonrisa di la vuelta para irme pero no había avanzado ni dos pasos cuando sentí su robusta mano cerrándose suavemente en uno de mis brazos, y de nuevo esa sensación que irradiaba desde la mano que atrapaba mi brazo se disparó por todo mi cuerpo haciéndome cerrar los ojos y capturar la mayor cantidad de aire posible en mis pulmones reteniéndolo mientras quedaba inmóvil, lentamente me hizo girar hasta quedar con mi espalda recargada en una pared mientras con los ojos cerrados sentía como se colocaba frente a mi y tomaba mi mano para poner en ella el condimento que había dejado sobre la mesa, abrí los ojos y al mirar hacia abajo escapó el aire contenido en mis pulmones con la clásica risita nerviosa de rubia tonta que quiere ser perdonada mientras una lagrima de vergüenza rodaba por una de mis mejillas y sin soltarme del brazo tomó mi mentón con sus dedos, miró de frente mi enrojecido rostro y me dijo:

 

ES USTED TODA UNA BELLEZA GUERITA, PRECIOSA Y PERFECTAMENTE BIEN DESARROLLADA, TODA UNA VICTORIA DE LA MADRE NATURALEZA, LA FELICITO UNA VEZ MAS

 

Le volví a dar las gracias y me fui tan rápido como pude pero por los nervios me equivoqué de puerta y abrí una que dejó caer un montón de latas, dejé en el piso el frasco del condimento y las tuve que juntar, él me ayudo y tan pronto acabamos corrí pero otra vez olvide el frasco con el condimento y cuando llegué al comedor mi madre me preguntó por el frasco y me quedé como estatua sin saber que decir, pero escuché una voz a mi espalda que dijo:

 

AQUÍ ESTA EL FRASCO QUE ME PIDIO QUE BUSCARA SEÑORITA

 

El alivio me volvió y le di las gracias a Don Bernardo, esta vez si tenía ganas de darle un beso pero me contuve por la presencia de mi madre y sólo le obsequie una sonrisa dándole las gracias por su amabilidad, no sólo por librarme de una reprimenda de mi madre sino por algo mas que sólo él y yo sabíamos, durante todo el desayuno noté que mi frente estaba perlada de sudor y mi corazón se mantenía acelerado como si hubiera corrido, sin embargo esa vez devoré todo el desayuno como nunca lo había hecho antes lo cual sorprendió gratamente a mi madre

 

Esa noche tuve dificultades para dormir, la sensación del apretado abrazo y de los besos en el cuello nuca y mejilla que me había plantado Don Bernardo así como su picante barbilla en la piel de mi plexo no dejaban de hacerme cosquillas, en sueños sentía que él me tomaba de la nuca con ambas manos para inclinarme y aplicarme un beso en la boca luego me volvía a dar uno de esos efusivos abrazos y despertaba con la sensación del beso en mi boca y de que alguien me había apretado con fuerza, me sentía confundida, no podía creer que me gustara para eso alguien tan feo y me levanté para asomarme a la ventana de mi cuarto al ver las luces de un carro que llegaba, por ese tiempo mi hermana mayor tenía un novio y a veces llegaban por la noche en el carro de él y desde la ventana de mi habitación veía como él simulaba irse escondiendo su carro en una esquina y regresando a escondidas ella lo metía a su cuarto para pasar la noche juntos mientras que yo no tenía ni siquiera un perro para que me lamiera … las manos claro

 

En fin un viernes al atardecer cuando todos los sirvientes se fueron a una fiesta del pueblo que ellos celebraban una vez al mes por casualidad o tal vez por curiosidad se me ocurrió ir a las habitaciones de Don Bernardo, la reja que protegía su casa tenía por dentro un candado que yo sabía bien que no servía pues varias veces lo vi abriéndolo sin llaves cuando paseaba con mi bicicleta, entré y vi que ahí había una buena colección de vinos y latas de cerveza pues este hombre tenía fama de embriagarse los fines de semana, luego entré a su cuarto de dormir y encendí la luz sólo para recibir un gran susto que casi me hace gritar, en su cama había una persona durmiendo pero al tratar de huir tumbé cacerolas que hicieron ruido y pensé que ahora tendría que disculparme, pensaba alegar que buscaba a Don Bernardo para algún trabajo de jardinería o que sé yo, estaba realmente nerviosa

 

Me acerque pero parecía seguir durmiendo, era una chica muy joven y acostada boca abajo, me llamó la atención que tenía la espalda desnuda y una falda muy corta a cuadros rojos, era mi falda roja que desde hace tiempo que no la veía, aunque no dejaba de sorprenderme que no se despertara con el ruido que hice y decidí acercarme a ella para asegurarme de que realmente estuviera dormida, así podría irme tranquilamente, sin embargo tenía gran curiosidad por saber quien era, no le tenía miedo pues se trataba de una chica muy semejante a mi en aspecto y edad y cuando estuve lo suficientemente cerca pude por fin saber de quien se trataba, la mujer era una muñeca de silicona, tan perfectamente bien hecha que parecía una persona de carne y hueso reposando sobre esa cama, y aquí va lo más sorprendente: la muñeca era una copia perfecta de mi persona pues Don Bernardo era también un hábil artesano que hacía figuras plásticas para las tiendas de ropa, perfectas figuras para lucir la ropa de moda, pero esta vez había creado una figura con ese hule tan especial que imita la consistencia de la carne para incluir hasta el mínimo detalle de mi cuerpo, recorrí las cortinas de la ventana para observarla con la luz del sol y admiré durante largo rato su obra, la piel era de un color blanco dorado exactamente igual a la mía, hasta incluía un pequeño lunar que tengo en uno de los muslos, la forma de los senos la amplitud de las caderas y hasta el tipo y color de cabello también coincidían con el mío, no le encontraba explicación a como estaba enterado él de todos esos detalles, hasta incluía unos finísimos zapatos de tacón alto de mi medida que hacían juego con la falda, eran de esos que van atados a los tobillos con unas coquetas cintillas de amarre, su desnuda y arqueada espalda tenía todo el detalle de la anatomía muscular, se veía tan real que tuve que tocarla aplicándole presión a modo de masaje y quedé sorprendida por la consistencia de ese dorso pues parecía tener también una estructura de huesos por dentro, enseguida le flexione brazos y piernas y comprobé que la elasticidad consistencia y peso de cada pieza de su cuerpo engañarían a cualquiera en un ambiente de poca luz, aquello era increíble, era como verme a mi misma desde afuera, ahora empezaba a comprender porqué llamaba tanto la atención de los hombres

 

Luego vi que en uno de sus brazos tenía dibujado a modo de tatuaje un corazón con mis iniciales pero el dardo que lo atravesaba era largo y tenía una forma muy peculiar, no era una flecha pero tenía a todo lo largo grabadas las palabras: “yo la haré sufrir, yo la haré chillar, yo la haré pedir clemencia”, en uno de los extremos de ese dardo colgaban dos bolas alargadas con aspecto de espinosos cactus y en el otro parecía salir una gota que colgaba formando un alargado hilo, posiblemente trataba de representar un dardo o estaca envenenada cuyo grosor simulaba estar expandiendo ese corazón

 

Sin darle mayor importancia a eso revisé algo que pensé que sería imposible, levanté la falda y vi que tenía perfectos orificios anal y vaginal, el vaginal estaba intacto pero “el otro” … esta vez no aguante soltar una carcajada, así que Don Ber … no lo podía creer, ese picaron mañoso y degenerado señor soñaba con hacerme esto, pues si que tenía un sueño imposible, ahora comprendía porque la muñeca tenía ese tatuaje en el brazo, sin dejar de reír la tomé por el cuello que era exquisitamente largo y delgado, contemplé ese rostro que era toda una filigrana de bien copiados detalles y que con sus ojos cerrados daba la genuina impresión de sufrir en silencio y bromeando le dije: “Porque sufres muñeca? … será porque tienes una herida que nunca te cierra? … ¡Ja Ja Ja! … no me digas que se te hinchó por picadura de asno … ¡Ja Ja Ja!”, hacía tiempo que no me reía tanto pero en fin cuando dejé de reírme le revisé la boca, tenía una dentadura perfecta labios abultados y sensuales una lengua de silicona tan suave y roja como la original y una abertura oral que llegaba mas allá de la garganta, si introducía un dedo en su boca al extraerlo los masturbantes labios de la muñeca se estiraban haciendo una succión por el vacío interior, y de nuevo no soporté decirle: “eres una p… bien hecha muñeca … ¡Ja Ja Ja! … empiezo a sospechar que eres una calientota … ¡Ja Ja Ja!”, en general puedo decir que la muñeca era una copia exacta y un estuche de monerías para hombres, ese tipo de trabajo sólo se hace en ciertos países de Europa y Estados Unidos, a Don Bernardo debió llevarle meses hacerla pero por fin gracias a su destreza artesanal se había hecho de una chica de súper lujo para hacerle todo lo que él quisiera sin que se negara a nada absolutamente a nada, realmente lo admiraba por su habilidad, haber invertido su tiempo talento y esfuerzo en hacerla fue para mi el mayor halago que jamás recibí de un admirador y para él sin duda algo muy importante en su vida, con justicia debía dejarlo que siguiera divirtiéndose con mi “hermana gemela”, su inofensivo y secreto juego a nadie afectaba y a nadie debía importarle

 

Revisando el resto de su habitación entré a su baño, era bastante rustico pero tenía lo necesario y se veía limpio excepto por una pared chorreada de manchas amarillentas que tenía una pequeña ventana hacia fuera bajo la cual estaba un banquito acojinado donde cabía una persona acostada, me subí al banco acojinado y me asome a la ventana, vi que estaba bien oculta por las ramas de un árbol, desde ahí se veía la alberca del patio interior de la casa donde yo tomaba el sol en traje de baño quitándome a veces el sostén y pasaba largo rato oyendo música y frecuentemente practicaba ese tonto y provocativo baile con el que se hacen sugestivos movimientos contorsionando el cuerpo, entonces baje la mirada para ver de nuevo la parte baja de la pared de la ventana y me di cuenta de lo que eran esas chorreantes y amarillentas manchas que iban desde el medio cuerpo hasta el piso, de pronto vino a mi mente el nombre de esa acción, me ruborizaba tan sólo pensar en esa palabra, siempre quise saber como se hacía eso, tal era la causa de las furiosas marcas que Don Bernardo dejaba en la pared mientras me espiaba en la alberca cuando modelaba esas provocativas tangas y bikinis que nunca me dejaba usar mi madre en la playa, aunque no se por que Don Bernardo hacía eso teniendo una muñeca con una boca perfecta para ese trabajo

 

Para ser honesta, de nuevo sentí que la atención que él daba a mi persona era un halago que nutría mi vanidad, luego regresé al dormitorio y al observar con atención la cabecera de la cama me di cuenta de que ahí había una imagen con una deidad venerada por los habitantes de esa localidad y junto a ella una oración de poder que decía:

 

A LA GLORIA DE LA LUZ ETERNA QUE ES EL NOMBRE BENDITO DEL TODOPODEROSO, Y POR LOS PODERES DE QUE ESTOY INVESTIDO POR LA GRACIA DIVINA DEL AMOR SENSUAL QUE ES SU FRUTO, TE PIDO QUE LA FUERZA DE ESTA PASION NO TERMINE CON EL ACTO COMPLACIENTE Y CONFORMISTA DE LOS FORNICARIOS, QUE TU LUZ LIBERE LA PASION DE ESTE MOMENTO PARA QUE SU CUERPO SE ENTERE DE LA FUERZA CON LA QUE ES DESEADA Y QUE CADA ACCION O PENSAMIENTO SOBRE SU IMAGEN O RECUERDO TENGA EN ELLA EFECTOS IGUALES PERMANENTES Y ACUMULATIVOS QUE ENCIENDAN EN SU FRIO E INDIFERENTE CORAZON LA LLAMA PERFECTA DEL AMOR SENSUAL … QUE ASI SEA

 

Comprendí entonces que él estaba obsesionado conmigo, al grado de recurrir a una superstición como esa, es increíble en lo que pueden creer los nativos de este lugar, los muy tontos no saben que lo único real y verdadero es “La Pata de Conejo”, pero en fin si él se había tomado la libertad de copiar mi cuerpo yo me tomaría la de espiarlo cuando llegara, así estaríamos a mano, para hacer eso me subí por afuera a lo alto del granero justo sobre su dormitorio e hice una pequeña abertura entre la pared y el techo para observar directamente la cama y su muñeca

 

Por la noche cuando todos volvieron yo estaba esperando impaciente a que llegara Don Bernardo a su cuarto, lo cual hizo sólo con la luz del exterior que era suficiente para ver todos los detalles, se quitó sus botas dejó a un lado su camisa y de un cajón de su ropero sacó unos objetos como anchas pulseras de cuero negro con imitaciones de púas metálicas que se puso en ambas muñecas de sus gruesas y toscas manos, estas casi le cubrían los antebrazos luego se puso una banda también de cuero negro con las mismas imitaciones de púas que se abrochó al cuello como collar, por último se puso un anchísimo cinturón de cuero como los de algunos luchadores el cual una vez ajustado y apretado haciendo juego con el resto de su atuendo lo hacía lucir terriblemente imponente y peligroso dando el aspecto de ser una mezcla de fiero guerrero con perro de caza

 

Entonces desabrocho su pantalón para descollar un largo miembro que empezaba a erectarse con la contemplación de su muñeca, cuando la erección se completo quedé sorprendida, esas eran por lo menos nueve pulgadas, entonces entendí por que todos le decían BernAsno, luego dejando su pantalón en el suelo el imponente y oscuro cuerpo de ese hombre se colocó suavemente sobre el frágil y blanco cuerpo de su muñeca acostándose sobre ella y abrazándola con un cariño que se irradiaba en el ambiente, luego la beso calidamente en el cuello y la espalda y se llevó a cabo la penetración, miró la cabecera de su cama y murmuró en voz baja su oración

 

Lo que siguió a continuación fue toda una clase de educación sexual para nivel universitario, a pesar de que la noche era fresca casi fría yo estaba sudando, y sin poder siquiera parpadear tragaba saliva y se me atoraba mientras veía como ese hombre se movía sobre su muñeca a la que tenía apresada por un fuerte abrazo mientras ejecutaba sobre ella vigorosos movimientos dorsales con los que se clavaba fuertemente contra ese firme y bien asegurado nalgatorio produciendo un rítmico golpeteo que me hacía morderme los labios al ver que sin ninguna consideración por la fragilidad aparente de la exquisita y femenina figura de su muñeca Don Bernardo daba rienda suelta a una lujuria incontenible

 

Desde donde yo los veía la muñeca daba la impresión de ser una chica de verdad con la frente clavada en la cama sufriendo horrores mientras era sacudida de pies a cabeza por el enardecido asno, ahora me daba cuenta de que la expresión de sufrimiento que Don Bernardo le había dado a la cara de su muñeca estaba bien justificada, y tras dos o tres pausas en las que se detenía por breves momentos podía escuchar como su agitada respiración emitía sofocados gruñidos al tiempo que sus dientes rechinaban por la excitación mientras se aferraba a su muñeca en un apretado abrazo como si luchara consigo mismo controlando su propia lujuria, y en un momento dado los “movimientos de burro encabronado” se volvieron mas y mas agitados hasta que Don Bernardo lanzó un fuerte gruñido para luego echarse por completo sobre la espalda de su muñeca quedando desfallecido sobre ella con la respiración agitada y el rostro desencajado por el esfuerzo mientras continuaba rugiendo como bestia satisfecha hasta que poco a poco se calmó por completo

 

Así permanecieron los dos largo rato completamente inmóviles y en silencio, el robusto y casi obeso cuerpo de ese calvo e imponente hombre se apoyaba por completo sobre la perfecta y bien torneada espalda de su muñeca cuyos dorados cabellos eran movidos por su agitada respiración de asno satisfecho, pero luego de un rato de estar reposando sobre ella el robusto hombre volvía a la carga una y otra vez siempre por la misma vía, no tenía idea de lo bravucón que era con su muñeca ese abusivo y aprovechado asno, menos mal que era la pobre muñeca y no la pobre de mi

 

Luego de divertirse con su muñeca hasta saciarse Don Bernardo se levantó de la cama y fue a ducharse, tardó un buen rato y cuando volvió a aparecer perfectamente limpio y seco se acostó junto a su muñeca colocándose la cabeza de ella bajo su abdomen para dormir tranquilamente, me hubiera gustado quedarme para ver lo que hacía Don Bernardo con su muñeca al despertar, pero la noche era fría y yo tenía mucho sueño así que me fui a dormir, tendría que conformarme con imaginar lo que era obvio

 

A la mañana siguiente con los primeros cantos de los gallos sonreía y me regocijaba entre las cobijas de mi cama pensando como Don Bernardo con el vigor matutino encendido le estaría poniendo el ombligo en la frente a su muñeca para que le hiciera un servicio oral con esa boquita puñetera a la que sólo le faltaba hablar, sin duda la pobre muñeca tendría que devorar algo semejante a lo que vi en las paredes de su baño … “Mmh… ¿que tal saben muñeca?”

 

Durante ese día lo vi muy tranquilo haciendo sus arreglos florales en uno de los jardines, me pasee por ahí para que él me viera, quería hacerlo sufrir un poco por haberse tomado el atrevimiento de copiar mi imagen, para ese fin llevaba puestos unos sexy short pants de los que usaba para mis recorridos en bicicleta a los cuales les había hecho algunos recortes y arreglos para que ajustaran apretando mi forma para darle un aspecto mas provocativo, una escotada blusa anudada bajo las costillas, un femenino sombrero de ala ancha y lentes para tomar el sol, todo lo había escogido cuidadosamente para hacerme lucir tal y como a ellos les gusta, escogí un lugar cercano a donde él estaba trabajando para ejercitarme arqueando mi espalda para resaltar mi forma, y mientras me lucía como pavo real sabía que él tenía su mirada clavada en mi cuerpo con ese morboso y especial interés en mi, fue divertido que durante todo el tiempo que pase ahí él no se movió del mismo lugar desde el que me podía ver, finalmente pretendiendo estar cansada me senté en el borde de un estanque cercano en el cual mojé mis manos para masajear y refrescar mis piernas luciendo unos zapatos con cintillas de amarre parecidos a los de su muñeca para luego acostarme bocabajo dejando expuesta por completo la forma de mi cuerpo que tan especial interés tenía para él, cuando me cansé de jugar a eso salí de ese jardín para continuar con mis “ejercicios” en otra parte pasando junto a él pero no sin antes haberle obsequiado una sonrisa con la que le hacía saber que no era tan tonta como para no saber que me había estado devorando con la mirada

 

Pero continuando con lo que dejé pendiente a la noche siguiente lo volví a espiar pero esta vez Don Bernardo dormía tranquilamente y en paz, la muñeca seguramente estaba guardada, y así sucedió noche tras noche en las cuales lo espié hasta que me di cuenta de que esa actividad sólo la llevaba a cabo una vez al mes cuando regresaba del festejo popular, entonces comprendí que este hombre soportaba un mes de abstinencia para unirse a su adorada muñeca con la misma pasión y ansiedad con la que un sediento bebe agua

 

Así que durante la noche del siguiente festejo vi que él había dejado a su muñeca preparada para su regreso y observé con atención todos los detalles, la escena fue la misma que la vez anterior pero esta vez al verlo enfundado en su imponente atuendo de cuero montarse sobre su muñeca para penetrarla tuve una extraña sensación de cosquillas en el vientre y en la región o conducto por el que Don Bernardo estaba usando a su muñeca y como llevaba puesta una delgada playera sin sostén palpé mi pecho y sentí con horror que las puntas de mis senos estaban endurecidas y bien resaltadas por una presión interna, casi sin pensar decidí salir huyendo de ese lugar, al llegar a mi cuarto pude ver que los pezones habían adquirido una forma que me recordaba los chuponcitos que usan los bebes, tal y como los tenía la muñeca de Don Bernardo y que en ese momento supuse que era una exageración, pretendiendo librarme de eso recé durante horas prometiendo al cielo jamás volver a espiar a nadie, pero la implacable y rebelde sensación en todo mi cuerpo no desaparecía hasta que bien entrada la noche y tras haberme duchado con agua tan fría como podía soportarla finalmente me quedé dormida

 

A partir de aquella noche algo pasó con mi cuerpo, yo sabía lo que era la excitación pero la fuerza con que la había sentido esa noche produjo ese cambio que había llegado para quedarse, como consecuencia ya no pude seguir usando esas simpáticas playeras sin sostén, pues bastaba con que algún hombre mayor me tocara afectuosamente para que casi de inmediato esos botones se hicieran notar sobre la ropa, no soy supersticiosa ni creo en vudus pero poco a poco se fue incrementando en mi el deseo de ocupar el lugar de esa muñeca, estaba segura de que Don Bernardo aceptaría fácilmente y lo único que me frenaba era recordar el tamaño de esa cosa que tenía Don Bernardo, pero si la muñeca podía ¿por que yo no?, después de todo éramos idénticas, sólo necesitaría un poco de práctica

 

No tuve mas remedio que conseguir uno de esos Juguetes de hule como los que le llevaba a mi hermana su novio como broma, compré uno en una tienda especializada de la ciudad, de entre una amplia colección escogí el que mas se parecía a lo que yo buscaba y según me dijo la vendedora de esa tienda lo que había escogido era la réplica exacta creada en molde del jerarca de cierta tribu de cazadores salvajes de África del sur, era casi tan grande como la de Don Ber y coincidía exactamente con las características de la hinchada forma de su estado de erección incluido ese color negro azabache que la hacía lucir como las de los burros, era tan parecida en tamaño forma y color que sin duda me serviría como si fuera la pieza real, así que al llegar la noche en la tranquila soledad de mi cuarto y tras haber tomado un baño ungí mi cuerpo con una crema suavizante que me proporcionó un intenso relax pero mientras lo hacía no podía apartar de mi vista ese largo y anchuroso cuello africano cuyas brincadas venas parecían las hinchadas varices de un potente músculo en tensión cuya sola visión me hacia sentir palpitaciones y cosquillas en el lugar que pronto ocuparía

 

Finalmente me decidí y acostada en la cama como había visto a la muñeca y empuñando con ambas manos esa endurecida y negra longitud de hule la clavé cuanto pude y a pesar de que la lubricación previa facilitaba el avance el dolor que iba en aumento desalentaba mi laborioso esfuerzo pero no quería rendirme y cuando estuvo lo suficientemente adentro pude empuñar con ambas manos los dos soportes parecidos a mangos de desarmador que tenía en los costados del peludo extremo raíz donde colgaban dos bolas iguales a las del dardo que tenía la muñeca en su tatuaje y mientras luchaba conmigo misma imaginaba que era la presa del salvaje cazador que sirvió para hacer el molde de esa pieza, y tras una larga lucha en la que no aguanté ni la mitad de esa cosa sentí por primera vez ese extraño calambre mezcla de dolor y placer que me dejó tan quieta como una estatua, luego de un rato levanté la frente de la cama y pude ver en el espejo de la pared que tenía la misma cara de tormento que Don Bernardo le había dado a su muñeca de hule, clavé de nuevo la cara en la cama y no me atreví a continuar con eso, a pesar del placer que ese delicioso calambre me había provocado el dolor me había paralizado por completo, y desalentada por no haber soportado “lo fácil” pensé que si no podía con eso menos podría con todo el asno completo, y ni siquiera me atrevía a pensar en los movimientos que había visto aquella noche, así que arrepentida decidí que eso no era para mi, no creí que algo de semejante tamaño pudiera jamás entrar en mi cuerpo, tal vez por eso Don Bernardo usaba una muñeca … o una reclusa, pero al paso de los días el deseo seguía insistiendo cada vez con mas fuerza y por mas esfuerzos que hacía no lograba meter mas de la mitad de aquella cosa de hule cuyo tamaño era ligeramente menor que la tosca velluda y negra pieza orgullo de burro monarca que tenía Don Bernardo, además yo quería que fuera él quien lo hiciera, quería que fuera ese calvo mal rasurado prieto velludo y obeso hombre de fiera y dominante mirada quien cobrara la virginidad de ese orificio y no una fina y bien acabada imitación de hule sin sabor ni olor hecha para las bromas de las señoritas en las fiestas de solteras

 

En vano visite innumerables veces la bodega de vinos con la esperanza de encontrarlo ahí, ansiaba estar a solas con él en ese seductor ambiente, confesarle que “accidentalmente” me había enterado de su admiración por mi … y que … y que … y que quería sentir de nuevo uno de esos abusivos abrazos … bueno tal vez algo mas

 

Durante una fría y lluviosa noche de Octubre que coincidía con el famoso festejo mensual miraba por la ventana de mi habitación hacia la casa de Don Bernardo y veía las cortinas de su dormitorio cerradas y no dejaba de imaginarme lo que estaba haciendo con su muñeca, esa noche tuve un sueño por demás extraño: soñé que se repetía la escena en la que yo bajaba a la bodega de vinos en busca de un condimento y lo encontraba ahí avanzando hacia mi con esa mirada que me desnudaba mientras yo retrocedía lentamente hasta tocar con mi espalda la pared del oscuro final de la bodega donde él me tomaba con ambas manos por la nuca con la misma suavidad con la que él trataba a sus flores inclinándome para acercarme a su rostro, e inclinada como estaba y con mi trasero apoyado en la pared escuché como con su dominante y grave voz me decía muy cerca de mi rostro:

 

“MI ESTIMADA SEÑORITA, desde hace tiempo He seguido sus pasos con la mirada sin que usted se de cuenta, su exquisito Y SENSUAL MODO DE caminar me provoca la mas deliciosa de las sensaciones pues como usted sabe los hombres a diferencia de ustedes las mujeres estamos programados por la madre naturaleza para sentir con solo ver, Así que quiero que sepa que desde que la conozco no he tenido un solo momento de paz mental, PUES CON SOLO RECORDAR EL MOVIMIENTO DE ESE MARAVILLOSO CULO DE FANTASIA QUE USTED TIENE la verga SE ME para a reventar y por mas que trato de olvidarla ese esfuerzo ES ALGO QUE siempre termina en tremenda puñeta que deja embarradas de semen las paredes de mi baño

 

No quiero que su evasiva naturaleza femenina mal interprete mis sinceras palabras, pues son los pensamientos de un hombre maduro vigoroso y mal hablado pero desesperado por ganarse su atención, me ha costado mucho trabajo ENCONTRAR EL mejor MOMENTO para ACERCARME a USTED Y DECIRLE ESTAS PALABRAS y no quiero que esta oportunidad se desperdicie por un mal entendido, mis intenciones con usted son de lo mejor

 

Sabedor de la discreción y reserva que usted amerita y de que no quiere arriesgar su virginidad en una aventura, le propongo atravesarle el culo con una verga de nueve pulgadas para la cual difícilmente consigo condones cómodos, AMEN DE QUE LAS VENIDAS DE ASNO con las que yo termino NO ADMITEN FRENO ALGUNO, pero esa es otra historia que en su momento usted PROBARA en carne propia, POR MI PARTE, PUEDO ASEGURARLE QUE nada impedirá que nos acoplemos con un buen lubricante Y PODAMOS CONSUMAR EL ACTO VENEREO QUE LE DARA ALIVIO A ese DESEO QUE ATORMENTA SUS ENTRAÑAS

 

Como es obvio y no pretendo engañarla, la penetración forzada de nuestro primer encuentro la hará sufrir, pero no DEBE TEMER, PUES YO tengo experiencia y estoy acostumbrado a domar chiquillas por el culo hasta hacerlas gozar como lo haré con usted en una cama matrimonial en la cual PODREMOS disfrutar como macho y hembra en una de esas frías y lluviosas noches que se avecinan”

 

En ese momento desperté sudando como si tuviera fiebre el corazón me latía como tambor y sentía unas intensas ganas de masturbarme debido a ese cosquilleo que me había atrapado desde la segunda noche que lo vi con su muñeca, por la hora que era sabía bien que en ese momento la muñeca estaba recibiendo su segunda o tercera dosis de amor, me incorporé para arrodillarme en la cama y al quitarme la ropa que me cubría vi que tenía otra vez las puntas de los pezones brincadas a reventar y sin atreverme a tocar nada crucé los dedos de ambas manos tras la nuca y apoyada en mis rodillas clavé la cabeza en la cama, gimiendo y casi gruñendo trataba en vano de apartar de mi mente las imágenes de lo que sabía bien estaba sucediéndole a la muñeca a manos de ese asno sin ley, la excitación era terrible pero masturbar de nuevo mi cuerpo con el doloroso calambre africano solo aliviaría una fracción del tremendo deseo que estaba sintiendo, ahora si empezaba a arrepentirme en serio de haber espiado a Don Bernardo y pensé que ese era el castigo vudu que me había ganado por ser una niña traviesa que anda viendo lo que no debe, sin embargo otra parte de mi se resistía a aceptar que lo que estaba incendiando mi cuerpo fuera el tonto hechizo con el que Don Bernardo creía estar enviándome el placer que su muñeca no podía sentir, pero coincidencia o no, deseo natural o amor brujo el resultado era el mismo y ya me tenía atrapada

 

Finalmente un baño con agua fría me salvó del tormento africano y un somnífero ligero me dio la paz del sueño, sin embargo al paso de los días los sueños con Don Bernardo se volvían a repetir, las escenas eran cada vez mas reales, ahora él aparecía en la bodega con su imponente atuendo de cuero, de pronto me daba cuenta de que yo estaba vestida tan solo con la corta falda roja y los zapatos de tacón alto de su muñeca, las puertas de la bodega habían desaparecido y solo había paredes, yo trataba de correr pero con esos zapatos él me daba alcance fácilmente colocándome contra una pared donde me mostraba el instrumento de hule que yo había usado y apuntándome con ese objeto me decía que sabía muy bien lo que yo había hecho con eso y que ahora me daría mi merecido por haber masturbado ese orificio que solo le pertenecía a él, a continuación y cual tormento psicológico me daba unos golpecitos simbólicos en la cabeza y la cara con ese objeto de hule como cuando se juega a castigar a una niña traviesa mientras avergonzada trataba de apartar la cara de ese objeto, luego tiraba el objeto al suelo y me tomaba de los brazos y la nuca con una suavidad que me hacía su cautiva voluntaria y una vez sin resistencia me repetía al oído sus obscenas proposiciones diciendo cosas cada vez mas excitantes y atrevidas con esa voz que me derretía el cuerpo:

 

“ahora guerita, le voy a dar el tratamiento de una muñeca reina, y usted sabe ya muy bien de lo que se trata, le espera una muy larga noche en la cárcel del amor donde este asno tendrá a su cargo darle la bienvenida, yo haré lo que se hacer y le aseguro que va a sufrir, mas no por eso dejar de gozar”

 

Luego me abrazaba levantándome del suelo y casi de inmediato sentía con horror que realmente me había convertido en una muñeca de hule, por mas esfuerzos que hiciera ningún músculo de mi cuerpo me obedecía, y mientras mis piernas y bra

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Publicado por ChemaRubioV @ 1:02  | RELATO .
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