Viernes, 30 de enero de 2009
Mi querido Chema;

He echado un vistazo a tu blog y he visto el llamamiento para llevar a cabo un recital simultáneo de “poesía contra la barbarie”. Contundente, pero redundante. ¿Acaso hay un poesía que no sea un grito contra la barbarie? La falta de justicia provoca la sed de justicia, cambian los motivos, pero siempre es el mismo fondo, la injusticia y sus actos. Pero al leer un poco más detenidamente, he llegado hasta la línea que dice “Israel fuera de Palestina YA”. He seguido leyendo hasta esa parte en la que concluye que esta vez la barbarie está en Oriente Medio y se llama Israel. Y que este recital nace “con la inquietud y el deseo de que acabe la barbarie israelí con el pueblo palestino, y concretamente con el genocidio que se está llevando a cabo en franja de Gaza”.

El nombre de Israel no fue algo dado. Abraham e Isaac no eran israelitas, eran hebreos, ibrit, los del otro lado del río. El tercer patriarca se llamaba Jacob y sólo tras una enigmática pelea con un ángel que le llevó una noche entera y en la que el ángel hizo trampas para poder empatar, le dijo que desde ese momento su nombre sería Israel. Así que Israel surge, en el territorio mítico, a partir de una lucha a brazo partido para ganarse el nombre. Cuando desapareció el Templo y los sabios comenzaron a compilar el Talmud, vieron que, como todo relato, la lectura de aquel estaba sujeta a varios niveles. Abraham representa la generosidad. Isaac la fuerza. Y Jacob es el punto medio, “emet”, la verdad, el equilibrio, equidistante de los extremos. Me cuesta mucho mantenerlo ante la lectura de este anuncio. ¿Ahora vamos a hablar de los mil y pico muertos? ¿De la desproporción y todo eso que se repite una y otra vez? Supongo que no, a nosotros lo que nos interesa es la literatura, donde la realidad se destila de otra manera. En “¿Qué es literatura?” Jean Paul Sartre habla de literatura pero se le cuela la realidad. Habla de compromisos, causas, de los judíos. Dice, por ejemplo, que un judío es aquel que los demás ven como tal y tiene que comportarse de acuerdo a esa categoría. Hoy, ser judío es ser “genocida”, “racista”, “fascista”. ¿Me dejo algo?

Por seguir con Sartre, decía que nunca podría hacerse una buena novela alabando el anti-semitismo; o, al menos, eso nunca había sucedido. Yo, tampoco lo creo. No por el anti-semitismo en sí, sino por la actitud que eso implica; no se puede escribir desde el odio otra cosa que propaganda. De pronto he sentido una punzada de esperanza al pensar que se iban a cantar a todas las barbaries y leer poemas, de israelíes, de palestinos, de judíos que no viven en Israel, de palestinos que no viven en Palestina; de hombres que cantan. Como Judah Amijai, el que dice “Nosotros hemos izado muchas banderas/ellos han izado muchas banderas/para hacernos pensar que son felices/para hacerles pensar que somos felices”. Amijai fue soldado en todas las guerras desde la creación del Estado de Israel. Pero no quiero hablar de eso, ya está Wikipedia y todo el mundo se ha convertido en un experto en Oriente Medio de la noche a la mañana en proporción inversa a la ceguera ante la situación nacional. Pero eso es lo que ha tenido el Pueblo Judío en todas las épocas, ha servido de desahogo para las propias frustraciones. ¿Acaso crees que en la Edad Media la gente creía estar maltratando judíos sin razones? En las épocas de peste, se iba a por ellos porque su nivel de mortalidad era más bajo que el de sus vecinos, luego ellos tenían que ser la causa. ¿Un milagro? El de la higiene. Al cambiar de camisa una vez a la semana y llevar una limpieza profunda de la casa una vez el año, para la fiesta de Pesaj, era todo lo que hacía falta para no ser contagiado. “No estamos hablando del pasado, sino del presente, cuando los judíos han masacrado a la población indefensa y desarmada… etc, etc, etc”. De todas las guerras abiertas, ninguna causa la sensación de esta. Israel es el Estado Demonio y traidor; traidor porque hace “lo mismo que le hicieron”. ¿No es esta la retórica? Creo que la mejor forma de mantener esto es que ninguno de vosotros cambie de costumbre; es decir, que no vaya a Israel. El contraste con la realidad podría ser tan brutal que esta causa mítica de raices milenarias ya no sirviera de vehículo para articular unas ideas y sentimientos, dejara de ser un buen mito.



Por seguir con Sartre, dice que el lenguaje es una estructura del mundo exterior. Cómo me gustaría acudir a todos y cada uno de esos recitales simultáneos, para ver el mundo exterior a través de sus poetas. Para ver Israel a través de sus ojos. Si alguien puede, por favor, que apunte todas las ocasiones en las que se hace un paralelismo en la que entra en juego la palabra “alemán”. O la palabra “guetto”. El otro día me reía mucho con eso. No tuve la oportunidad de ver la manifestación a favor de Palestina en Madrid; ví la de Tel-Aviv. No fue tan multitudinaria, pero hay que tener en cuenta que Tel-Aviv es una ciudad pequeña. La mayor manifestación que se recuerda (400.000) fue hace años, con ocasión de la matanza de Shabra y Chatila. La sociedad israelí salió en masa a la calle para pedir el cese inmediato de Ariel Sharon, y el hecho de que sea uno de los casos más vergonzantes de lo sucedido nunca entre israelíes y palestinos se debe, precisamente, al informe kahan, llevado a cabo por el congreso. La mayoría de los datos que corren por ahí, son parte de ese informe israelí. Pero en esta ocasión no había tanta gente; abarrotaban la calle con banderas palestinas hasta donde llegaba la vista, pero no llegaban a 400.000. Al día siguiente fui a Jerusalén y es cuando te digo que me reí con ganas, con un árabe. Hacíamos bromas sobre la cantidad de palabras por minuto que esto iba a generar por ahí afuera. Él se reía del bla bla bla de los países árabes, de todo la cantidad de veces que iban a decir la palabras “hermanos”… y no hacer nada. El riesgo de extensión del conflicto ha sido nulo porque si en algo estaba todo el mundo árabe de acuerdo ha sido en decir: “jódete, Hamas, os lo habéis buscados”. Ellos se han rodeado de todo lo que tenían a mano; mujeres, niños, lo que haga falta para intentar seguir aparentado estar al mando. No han parado hasta lograr la respuesta. Yo, por mi parte, me reía con él, y él conmigo, de todo el asunto de tediosas y repetidas comparaciones entre Alemania e Israel, ayer, y hoy. Si el destino de los palestinos dependiera de las manifestaciones solidarias, de los recitales de poemas simultaneos cuanto bla bla bla y cuanta nada. Como los árabes. Lo mismo. Nos reíamos por no llorar porque iba a morir gente, con posibilidades de que fuera gente que alguno de los dos conociéramos. Reír por no llorar, cantar por no gritar. Poesía contra la barbarie. El destino de los palestinos depende de los israelíes porque no tienen nadie más con quien hablar, perdonar, exigir o esperar. Israel desde los días de Jacob sabe que depende de sí mismo, tiene experiencia.

Pero nosotros sólo hablamos de literatura, del viejo Sartre: “Yo digo que la literatura de una época determinada está enajenada cuando no ha llegado a la conciencia explícita de su autonomía y se somete a los poderes temporales o a una ideología; en pocas palabras, cuando se considera un medio y no un fin incondicionado”. Creo que la mayoría de lo que se producirá ahí será bastante malo. Eso sí, de una forma simultánea. Por eso, porque la literatura es una espejo de la realidad, “en un camino”, decía Stendhal, y estáis destilando propaganda. Que es renunciar a la sutileza y los matices. Que es renunciar a la inteligencia y al más acabado e indefinible de sus productos: la poesía.

Hubiera querido ponerte esto en tu blog, pero no me ha permitido por la extensión.

           Tuyo;

           A

Tags: israel palestina, guerra, barbarie y politica, hablando de sartre, ensayo de literatura, filosofia en guerra, recital de poesia españa

Publicado por ChemaRubioV @ 2:48  | INFORMES -- CARTAS...
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