
Por Carlos Ernesto García
BARCELONA - El poeta salvadoreño Carlos Ernesto García (1960), presenta para los lectores de ContraPunto un fragmento de su obra “La maleta en el desván”, poemario que permanece inédito y que pronto será publicado en Nueva York.
10 poemas del libro La Maleta en el Desván Carlos Ernesto García
PROHIBIDO AMOR
El neón golpea un cuerpo desnudo que armonioso gira alrededor de una barra.
Lascivas las miradas la persiguen queriéndola alcanzar y devorarla.
Corren el ron y la cerveza. Suenan Luis Miguel y Ricky Martin. El liguero de la bailarina se inunda en dólares.
Ella sonríe y piensa: en la leche de sus hijos en el alquiler que no ha pagado en que ya es muy tarde en que tiene sueño. EL CAZADOR
A Vasili Záitsev
Agazapado en la maleza. Uno tras otro día sin comer ni dormir. El ojo pegado al punto de mira en busca permanente de su presa.
El frío que lacera. El calor que funde. En el rígido silencio de la más completa soledad se tensan los nervios que agudizan los sentidos.
Una bandada de pájaros que de pronto alzan el vuelo. Una piedra rodando en la vereda. Una rama que se quiebra. Suenan alarmantes como una sirena en la cabeza.
Entre el verdor de los maizales relumbran bajo el sol un puñado de cascos.
En las quebradas las botas chapotean sobre el río.
La tropa se aproxima sigilosa hasta acampar en las cercanías.
Por la mañana con estrépito tres cabezas caen a la vez sobre unos platos de comida que descansan en la mesa.
Cabezas alcanzadas a un tiempo por un sólo proyectil y porque la munición también algunas veces escasea.
DESENCUENTRO
Viajamos en el tren. Los asientos frente a frente. Cuantos años de ausencia y decidimos en secreto hacernos los desentendidos.
Que derroche la verdad. Todo un mundo de pasión para que al final entre los dos juntemos tanta muerte.
PRIMER AMOR
Para Yanira L. Martínez
Me conformaba con acompañarte. Con caminar a tu lado. Ni siquiera esperaba una sonrisa. Una mirada tuya habría bastado.
Supe que mi nombre sonaba bien la primera vez que lo pronunciaste tú. Pero sólo éramos dos estudiantes de primaria regresando de la escuela por una calle polvorienta.
Desapareciste un verano dejándome solitario en el camino. Tu futuro era Ilobasco y no yo. Lo comprendí con los años. Fue aquella tarde en que bailé contigo - para ser más exactos - y porque cuando pronunciaste mi nombre ya no sonaba tan bien. MARCHA DE LA UNIDAD
A los que cayeron en San Salvador el 22 de enero de 1980.
Todo estaba bien. Hasta que llegaron ellos con sus bombas lacrimógenas los disparos del G-3 las capturas indiscriminadas las avionetas fumigando los cadáveres contra las cunetas y las mujeres en desespero que entre la multitud buscaban la mirada combativa de sus hijos.
Todo estaba bien. Salvo usted General. Salvo usted que dio la orden todo estaba bien General.
MI PEQUEÑO BURGUÉS Se levanta temprano. Revisa las noticias en la prensa extranjera. Bebe su café. Procura que el traje haga juego con los zapatos la camisa los calcetines.
Visita librerías. Por encima de Kokoschka o Kandinski aprecia de Hopper los cuadros en que eternizó los bares las mujeres desnudas en habitaciones solitarias y las ciudades en las que todo es silencio.
En las madrugadas se deja llevar por el clavicordio en que se ejecuta la Toccatta y fuga de Bach mientras el Bushmill quema la garganta.
Prefiere las salas de cine alternativo donde una noche se dejó atrapar por la grandeza de Aléxander Nevsky y los incombustibles besos de Bogart a la Bergman en Casablanca.
Lee con verdadera pasión a Grossman. Se desvela con la poesía en la que tarde o temprano siempre aparece el campesino que llevo dentro. EL SASTRE DE XIANGTAN
Acerca hasta mí un banco de madera en que se alza. Luego pasea con delicadeza una cinta de medir a lo largo de mis brazos a lo ancho de mi espalda.
De los millares que en otro tiempo hizo aquél será - según confiesa - el último traje Mao que fabrique.
Alguna vez cuando en Europa cae el invierno me coloco la chaqueta gris en la que aún siento las manos del viejo Liu que suavemente señalan el camino hacia un profundo pozo de soledad.
CIUDAD DE HIERRO
Ahora sé que eres vulnerable. Que pueden tocar tu corazón y derrumbarte.
Sé que no sólo es abatible el verde en la montaña el árbol en la sierra.
Sino también tú ciudad de hierro donde apenas sí germinan las hojas de la hierba.
Aeropuerto de Hong Kong. 3 de diciembre de 2008.
LA EMBOSCADA Un puñado de hombres se dirigen sin saberlo hacia la nada.
El acelerado palpitar. La gota de sudor en la frente. La mirada fija en los cronometrados relojes que silenciosos anuncian el sorpresivo punto de partida.
LOS BARCOS Arrecia la tormenta. Los barcos chocan entre sí y se hunden.
Ya no tengo más hojas en el cuaderno. Retiro los pies de la cuneta. Me levanto empapado por el agua.
Se acabó la guerra.
|