Viernes, 20 de febrero de 2009
La maleta en el desván PDF Imprimir E-Mail

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Por Carlos Ernesto García

 

BARCELONA - El poeta salvadoreño Carlos Ernesto García (1960), presenta para los lectores de ContraPunto un fragmento de su obra “La maleta en el desván”, poemario que permanece inédito y que pronto será publicado en Nueva York.


10 poemas del libro
La Maleta en el Desván
Carlos Ernesto García
 

PROHIBIDO AMOR

El neón golpea un cuerpo desnudo
que armonioso gira
alrededor de una barra.

Lascivas las miradas
la persiguen
queriéndola alcanzar
y devorarla.

Corren el ron y la cerveza.
Suenan Luis Miguel y Ricky Martin.
El liguero de la bailarina
se inunda en dólares.

Ella sonríe y piensa:
en la leche de sus hijos
en el alquiler que no ha pagado
en que ya es muy tarde
en que tiene sueño.
 
EL CAZADOR

                  A Vasili Záitsev

 

Agazapado en la maleza.
Uno tras otro día sin comer ni dormir.
El ojo pegado al punto de mira
en busca permanente de su presa.

El frío que lacera.
El calor que funde.
En el rígido silencio
de la más completa soledad
se tensan los nervios
que agudizan los sentidos.

Una bandada de pájaros
que de pronto alzan el vuelo.
Una piedra rodando en la vereda.
Una rama que se quiebra.
Suenan alarmantes
como una sirena en la cabeza.

Entre el verdor de los maizales
relumbran bajo el sol
un puñado de cascos.

En las quebradas
las botas chapotean
sobre el río.

La tropa se aproxima sigilosa
hasta acampar en las cercanías.

Por la mañana
con estrépito
tres cabezas caen a la vez
sobre unos platos de comida
que descansan en la mesa.

Cabezas alcanzadas a un tiempo
por un sólo proyectil
y porque la munición también
algunas veces
escasea.

 
DESENCUENTRO

Viajamos en el tren.
Los asientos frente a frente.
Cuantos años de ausencia
y decidimos en secreto
hacernos los desentendidos.


Que derroche la verdad.
Todo un mundo de pasión
para que al final
entre los dos
juntemos tanta muerte.

 

 


PRIMER AMOR

                Para Yanira L. Martínez


Me conformaba
con acompañarte.
Con caminar a tu lado.
Ni siquiera
esperaba una sonrisa.
Una mirada tuya
habría bastado.

Supe que mi nombre sonaba bien
la primera vez que lo pronunciaste tú.
Pero sólo éramos
dos estudiantes de primaria
regresando de la escuela
por una calle polvorienta.

Desapareciste un verano
dejándome solitario en el camino.
Tu futuro era Ilobasco y no yo.
Lo comprendí con los años.
Fue aquella tarde en que bailé contigo
- para ser más exactos - y porque 
cuando pronunciaste mi nombre
    ya no sonaba tan bien.
 
MARCHA DE LA UNIDAD

                        A los que cayeron en San Salvador
                          el 22  de enero de 1980.


Todo estaba bien.
Hasta que llegaron ellos
con sus bombas lacrimógenas
los disparos del G-3
las capturas indiscriminadas
las avionetas fumigando
los cadáveres contra las cunetas
y las mujeres en desespero
que entre la multitud
buscaban la mirada combativa
de sus hijos.

Todo estaba bien.
Salvo usted General.
Salvo usted que dio la orden
todo estaba bien
General.

 
MI PEQUEÑO BURGUÉS

Se levanta temprano.
Revisa las noticias en la prensa extranjera.
Bebe su café.
Procura que el traje
haga juego con los zapatos
la camisa
los calcetines.

Visita librerías.
Por encima de Kokoschka o Kandinski
aprecia de Hopper
los cuadros en que eternizó los bares
las mujeres desnudas en habitaciones solitarias
y las ciudades en las que todo es silencio.

En las madrugadas
se deja llevar por el clavicordio
en que se ejecuta la Toccatta y fuga de Bach
mientras el Bushmill quema la garganta.

Prefiere las salas de cine alternativo
donde una noche
se dejó atrapar por la grandeza
de Aléxander  Nevsky
y los incombustibles besos
de Bogart a la Bergman
en Casablanca.

Lee con verdadera pasión a Grossman.
Se desvela con la poesía
en la que tarde o temprano
siempre aparece el campesino
que llevo dentro.
 
EL SASTRE DE XIANGTAN

Acerca hasta mí
un banco de madera en que se alza.
Luego pasea con delicadeza
una cinta de medir
a lo largo de mis brazos
a lo ancho de mi espalda.

De los millares
que en otro tiempo hizo
aquél será - según confiesa -
el último traje Mao
que fabrique.

Alguna vez
cuando en Europa cae el invierno
me coloco la chaqueta gris
en la que aún siento
las manos del viejo Liu
que suavemente
señalan el camino
hacia un profundo pozo de  soledad.

 
CIUDAD DE HIERRO

Ahora sé que eres vulnerable.
Que pueden tocar tu corazón
y derrumbarte.

Sé que no sólo es abatible
el verde en la montaña
el árbol en la sierra.

Sino también tú
ciudad de hierro
donde apenas sí germinan
las hojas de la hierba.


                                     Aeropuerto de Hong Kong.
                                        3 de diciembre de 2008.

 


     LA EMBOSCADA

Un puñado de hombres
se dirigen sin saberlo
hacia la nada.

El acelerado palpitar.
La gota de sudor en la frente.
La mirada fija
en los cronometrados relojes
que silenciosos anuncian
el sorpresivo punto de partida.
 

LOS BARCOS
Arrecia la tormenta.
Los barcos chocan entre sí y se hunden.

Ya no tengo más hojas en el cuaderno.
Retiro los pies de la cuneta.
Me levanto empapado por el agua.

Se acabó la guerra.


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Publicado por ChemaRubioV @ 14:18  | POESIA
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