Lunes, 23 de febrero de 2009
 
Guatemala, Domingo 22 de Febrero 2009  
   
  cuadrito COLABORACIÓN
 
PREMIO NACIONAL
   

 
 
Édgar A. Marroquín M.*
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El Ministerio de Cultura ha premiado a gente que no quiere nada con Guatemala

En 2006 otorgaron el Premio Nacional de Literatura a Marco Antonio Flores, en 2007 a Mario Roberto Morales y el último de la serie fue para Arturo Arias. La cultura de las últimas décadas ha sido cincelada en torno a los derechos civiles, o a los derechos indígenas, concretamente. Otro de los temas de la cultura es el derecho al “disenso” o el derecho a disentir, como diría Erasmo de Rotterdam.
En todo el mundo se entregan miles de premios a los literatos; sin embargo, el incentivo de poco sirve porque en la actualidad los buenos escritores se cuentan con los dedos de una mano. El Ministerio de Cultura ha premiado a gente que no quiere nada con Guatemala; fuera de esa realidad, lo mejor de ese ritual fue el incidente que se recordará más adelante.
En el siglo pasado, la Revolución Bolchevique y la II Guerra Mundial golpearon con fuerza a la literatura profunda, duradera, conceptual, y la izquierda le dio el tiro de gracia, posteriormente, hasta nuestros banales días. Lo bueno de esa cultura es que el bodevil alcanzó cierto nivel. No todo está perdido. Cualquier época sirve de fertilizante a las tradiciones.
Hablando de tradiciones, a principios de la década dos viejos amigos se batieron en una polémica. Siglo Veintiuno y El Periódico eran los diarios a los que el pueblo debía acudir para asistir al duelo, donde uno de los contrincantes, al final de la ruda pelea (como diría el Himno) desempolvó (o desenvainóGui?o unos correos que en tiempos de paz había recibido del literato convertido en su peor enemigo, y, para documentar su tesis, utilizó las cartas en su contra. Estamos hablando de los laureados Mario Roberto Morales y Arturo Arias. Quizá los del Comité del Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias estuvieron al tanto del debate y por eso premiaron a los púgiles.
Por esas fechas, los últimos Premio Nacional y los que estaban en agenda o nómina criolla, con uso de intolerancia, se lanzaron como plumíferos de presa sobre Humberto Ak’abal, por su decisión de rechazar el Premio Nacional de Literatura, edición 2003. A escala, esa acción es similar a la de Jean-Paul Sartre, con respecto al Premio Nobel. Hagamos memoria: A sabiendas de que el poeta momosteco había exteriorizado su rechazo al Premio Nacional, la Academia de las Lenguas Mayas propuso al escritor indígena, y la propuesta estratégica fue aceptada. Cuando el fallo fue emitido, todos recibieron un balde de agua fría al conocerse la noticia de que Humberto no lo había aceptado, por rechazar de esa forma a la Tesis del 23, de Miguel Ángel Asturias, tesis de la cual el Nobel nunca rectificó una línea. Por ironía del destino, el Ministerio de Cultura ha sido parte del botín electoral con el que premian al rostro indígena de la ex guerrilla.
Uno de los gladiadores en la contienda mencionada, herido por la merecida escupida que habían vertido a bocajarro sobre san Miguel Ángel, escribió que las nupcias, las publicaciones, los viajes, los premios y las ceremonias montadas en honor de Humberto, eran producto de la Affirmative Action. Eso no es cierto. Sartre fue respetado por su decisión. El silencio de Ak’abal en los últimos años va en la dirección de quienes querían llevarlo a la hoguera. Humberto debería dejarse escuchar con frecuencia, él es esencial en una sociedad en donde a la heterodoxia se le castiga con ostracismo


*Escritor
 
 
Opinión del lector






 

Tags: premio nacional, edgar marroquin, ministerio cultura, sartre, revolucion bolchevique, II guerra mundial, humberto akabal

Publicado por ChemaRubioV @ 1:26  | ARTICULO
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