Isla Negra
no se vende ni se compra ni se alquila, es publicación de poesía y literaturas. Isla Negra es territorio de amantes, porque el amor es poesía. Isla Negra también es arma cargada de futuro, herramienta de auroras repartidas. Breviario periódico de la cultura universal. Estante virtual de biblioteca en Casa de Poesía.
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Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; Mèxico - 1926 - 1999
Tu cuerpo está a mi lado
Tu cuerpo está a mi lado
fácil, dulce, callado.
Tu cabeza en mi pecho se arrepiente
con los ojos cerrados
y yo te miro y fumo
y acaricio tu pelo enamorado.
Esta mortal ternura con que callo
te está abrazando a ti mientras yo tengo
inmóviles mis brazos.
Miro mi cuerpo, el muslo
en que descansa tu cansancio,
tu blando seno oculto y apretado
y el bajo y suave respirar de tu vientre
sin mis labios.
Te digo a media voz
cosas que invento a cada rato
y me pongo de veras triste y solo
y te beso como si fueras tu retrato.
Tú, sin hablar, me miras
y te aprietas a mí y haces tu llanto
sin lágrimas, sin ojos, sin espanto.
Y yo vuelvo a fumar, mientras las cosas
se ponen a escuchar lo que no hablamos.
Marlene Pasini
Toluca, México -1970
La Dama
A Remedios Varo
"Je te retrouve dans la fleur tropicale
qui sòuvre à minuit
un seul cristal de neige qui dèborderait
la coupe de tes deux mains" *
Andrè Bretòn
I
¿Qué mundos, Remedios, navegaste sobre tu arca de cristales?
Tus entresueños fueron pájaros en fuga, la inmensidad sepultada en tus pupilas,
mantras del alba tejidos en la nube oscura de tu cabellera.
Al interior de carruajes fantasiosos por extraviadas calles andaste y desandaste,
en mármoles de aire tus pasos derribaron gravedades,
vuelos de espumas rojas donde los búhos solitarios del adiós te rondan,
extranjera cautiva en la niebla falaz de la distancia.
Cuántas veces a deshoras oías al viento y a la lluvia pasar entre las sombras
de tus apariciones,
el galope de tu corazón perdido entre la selva anochecida.
Cuántas veces ardían hogueras en el pozo de tus sueños,
jaurías de tempestades que guardaron su sed bajo el humo de un arcángel,
la humedad del relámpago para tu voz de fuego.
¿Y qué son esos sonidos, esos silencios que se escuchan desde las cúpulas insomnes de tus torres estelares?
Tu música de alientos, tu música solar de cuerdas, harpas del tiempo que pulsaron su acorde catedral sobre las montañas de tu alma, manantiales de sol palpitando en las fisuras del abismo.
Ríos de vértigo desbordaste sobre el cegador espacio de los lienzos
donde paraísos vegetales fueron llamas que crecían bajo el misterioso pulso de tus manos.
Pintaste los espejismos de algún cirio enterrado en las vértebras de ajenos mundos,
el sueño que te soñó niña luz, la hada encantadora de Pèret, cazadora de la revelación,
un torbellino azul de las alquimias.
De “El silencio es otra noche”
Andrè Cruchaga
El Salvador
La bestia en llamas
Cementerios pétreos vegetan en las carnicerías
De la noche —entre ellos un mundo indeseable.
Pastos gastados, excepto la brizna de ciertas
Municiones en el espejo, frente a la fiebre o al
Espejismo de tanta proximidad siniestra…
Los insectos duermen el horror de las criptas,
Los sueños contados de uno en uno con los dedos,
Las heridas que no curan centímetros de muletas,
El reino de este mundo en siluetas expandido.
El papel no alcanza para tanta caligrafía
En desuso, ni se pueden hacer confetis,
Ni barquitos para vaciar en sus aleros toda
El agua de los mares, las cantinas o el sollozo.
Para qué vivirse entre ciertas funerarias:
Las grandes Bolsas de Valores y sus efectos
Obscenos, el sol negro de las inmobiliarias,
Madoff o Stanford, hundida sal en la metrópoli
Del planeta. La luz es triste sin jardines.
O los jardines desfallecen entre aguas oscuras:
—el tiempo se enciende con la nitroglicerina
De los lirios aparcados en los cementerios:
—ahora, desde luego, ciudades fortificadas,
Amuralladas otra vez, enloquecidas,
Por el vértigo de las estaciones. El amor
Será condenado a vivir entre túneles y cloacas.
¿Quién inventa otro mundo fuera del sistema
Financiero mundial? Hombre y mujer se pierden
En kilómetros de llanto, en la noche de dolor:
—pizarra donde Nasdaq, NYSEC, escriben
Sus estados financieros y convierten todo en maligno
Hartazgo, gula y avaricia…
Huelen a ceniza las cartas de los esperanzadores;
Caen las remesas como la hojarasca
O los pájaros muertos en esos incendios
De Los Ángeles o Australia. Vitrales sin arco iris,
Frente a la hierba sin colores del horizonte.
La fealdad eleva su figura en diapositivas
Convertida en lluvia; las sienes tienen astros
Lacerados a causa de un cielo irreal en los oídos.
¿Quién ofrece peinetas y diademas y brillantina
Para darle un retoque menos artificial
A este mundo vestido de especulaciones?
¿Quién dejará de construir relojes coléricos?
¿Quién aislará los cementerios de los sabuesos?
¿Quién dejará de tiranizar a los sordomudos
En la lengua colgante del Libre Mercado?
Aquí con vos me doy cuenta que poco vale
El alfabeto entre el dócil suspiro del que vive
O muere a pausas en la zozobra de Dios.
¿Quién dona una lectura de los Evangelios
O de la Cartas de Pablo a los francotiradores
Que hacen de la violencia un bosque de deseos?
También los niños preguntan, en el llanto,
Cuando vomitan la leche rancia de esta pesadilla
Que baja a los sueños como un carbón de pecados.
También ellos, aquí, en este santuario de la noche.
Barataria, 20.II.2009
Diana Vallejo
Honduras
Huellas
Se va deshaciendo el amor entre los dos
Como polvorín,
vaho de cigarro
amor de algodón.
La esquina de tus palabras se inclinan en mi pecho
Como una góndola de luz, cruces y embarcaderos.
El amor se queda a expensas
del amo de la tertulia
la caótica bruma de tanta gente
De los dedos capulín
Y las celosías temblorosas.
Y te repito
que como las uvas desgajadas
Se va deshaciendo este amor.
Y crece uno de paraderos
Fértil en tus manos
Como Dios que se tapa los ojos con el techo
Como nosotros dos...
Que vamos aglutinando nuestras iras
los colmos
la pericia de la paz en una casa
Emprender una odisea
y soñar en horas laborables
cincelar, en el balaustro
una seña de tu huella.
Sabes, noto
Que me llamas y todo se atolondra
En ese sinfín de recovecos
y los dedos que se mezclan con ternura,
Dudas y un dejo de soledad.
Y me amas,
Después de entender
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