Domingo, 08 de marzo de 2009

 
"Detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a
decirlo"-Voltaire.
 
Ayer, domingo, el pre-prekinder, guardería, day care o como se le
llame, en donde asiste mi hijo menor, Roberto Carlos, tuvo su función
en donde esos hermosos enanos, como los llama Joan Manuel Serrat,
dieron a conocer sus habilidades artísticas en un musical navideño.
Allí estábamos madres y padres emocionados, aplaudiendo al nuestro
pero también a los de los otros.

Previo al ingreso al teatro veía como los niños, que no alcanzan los
cuatro años aún, jugaban con esa emoción que sólo tiene la inocencia.
Pensaba en mi artículo del lunes que dedicaría al sesenta aniversario
de la declaración universal de los derechos humanos, y algo me dijo
que los niños nacen derechos y humanos pero la adultez, muchas veces,
se encarga de torcerlos y deshumanizarlos.

Me preguntaba cómo era posible que esos mismos niños que hoy jugaban
sin distinción de clase social, color, sexo, edad, podrían ellos
mismos pasado el tiempo llegar a ser enemigos (muchas veces a
muerte), convertirse en criminales o defensores de causas criminales
que para el caso es lo mismo. Otros, quizá, serán defensores de los
derechos humanos que otros desconocen, algunos se encaminarán por
causas muy humanas y otros no tendrán esa suerte, pero, como quiera
que sea, algo o mucho para que su futuro sea de bien o  mal influyen
los ya adultos con su niñez abandonada y ahora viciada por el hecho
de crecer. ¡Qué triste es crecer!

Esas reflexiones me llevaron a recordar un anuncio televisivo que
dice: Hay dos veces en la vida que no nos importa quién es nuestro
vecino. En la primera presentan una sala de maternidad, los bebés en
sus cunas, durmiendo unos, bostezando otros, de colores, como dice la
canción, y esa escena es la paz en esencia. En la otra vez que no nos
importa quién es nuestro vecino, se muestra un cementerio. Y, por
supuesto, el anuncio no necesita más palabras, pero te deja pensativo
y con cierto escalofrío.
La declaración universal de los derechos humanos, emitida en 1948,
claro que ha tenido sus éxitos, pero, desde luego, siempre están
quienes piensan que no suficientes como debiera ser. La cartilla,
como la Biblia y la democracia, es interpretada según las necesidades
del que va a usarla, y ese es el riesgo de que se le dé utilidad
contraria a las razones por las que fue concebida. O simplemente no
sea cuestión de interpretación sino cinismo interpretativo. Ese es el
caso de prisioneros a quienes se les viola sus derechos humanos y sus
carcelarios alegan que lo que hacen al apresarlos es prevenir que
éstos violen a ellos sus derechos al dejarlos en libertad.

Lo mismo pienso cuando veo a estos niñitos de la escuela llamada VIP,
ellos entre sí no necesitan derechos, pero sí los requieren para lo
que hay más allá de su entorno ¿Y qué hay más allá? Adultos, el ser
humano. No hay nada que más se le tema cuando uno está solo o en un
lugar desconocido que a otro ser humano que se aproxima. Aunque
dependiendo las circunstancias puede provocar alegría de ver
acercarse a otro ser humano, pero siempre está el recelo, la
desconfianza. En cambio veo cómo estos niños se identifican sin
saberse sus respectivos nombres siquiera y sin preaviso y sin temor
se mezclan unos y otros con una algarabía envidiable, que para
aplicarse en la humanidad total sólo puede navegar en la mente de los
ilusos. Y es eso lo que puede pensarse de que los derechos humanos
algún día puedan ser si no una realidad total pues casi mundial,
bueno, a lo mejor vale la pena que existan algunos ilusos y que cada
vez sean (¿seamos?) más.

Es de suponer que alguien dirá, y con toda razón, que es fácil pensar
así en la posibilidad de un mundo mejor si los niños de uno estudian
en buenas escuelas, están bien comidos y tienen ciertas comodidades.
Pero que los niños no tengan esas cosas básicas debe de considerarse,
y de hecho lo es, la violación o falta de aplicación de los derechos
humanos. Y cuando se tiene conciencia es emocionante ver a estos
niños pero también es triste saber que en otras partes, cercanas y
lejanas, existe una niñez hambrienta del pan que alimente el cuerpo y
no digamos de la letra que alimenta el cerebro y el alma. Quizá el
énfasis en que se conozca la importancia de los derechos humanos
debamos hacerlo en la niñez, y nos resignemos a considerar al resto
como generaciones perdidas.

Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas, dice: "Es
nuestro deber garantizar que esos derechos se hagan efectivos en la
realidad - que sean conocidos, comprendidos y disfrutados por todos,
en todos los lugares del mundo. Con frecuencia, los que más necesitan
que se protejan sus derechos humanos son los que también necesitan
estar informados de la existencia de la Declaración - y de que existe
para todos".

Por su parte el premio Nobel de Literatura, José Saramago, dice que
la Declaración de los Derechos Humanos es " letra muerta" y quiere
que la declaración firmada por la ONU en 1948, deje de ser ignorada,
de ahí las acciones de su fundación. "Esta declaración es letra
muerta. Es una cosa que está ahí y que nadie quiere aplicar, ni los
gobiernos ni las poblaciones, que son bastante difíciles de movilizar
por la defensa de los derechos humanos".

Y es muy cierto, muchos defensores de los derechos humanos terminan
unas veces torturados y otras muertos, pero, lo peor de todo quizá no
sea ni eso sino que satanizados por los mismos pueblos de quienes
defienden sus derechos. Es una triste realidad que muchas de las
personas que tienen el valor de enarbolar el banderín de defender los
derechos de sus pueblos sean condenados por sus mismos pueblos,
utilizados por unos cuantos que sí saben de qué va la cosa, entonces
podríamos traducir lo expresado por Ban Ki-moon, coincidiendo con
Saramago o viceversa, como que el peor de los derechos humanos
violados es mantener los pueblos en la ignorancia, pues esa
ignorancia termina devorando a quienes pretenden defenderlos. ¿Me
entiendes Engels, o me explico Federico?
 
Ozone Park NY 13 diciembre de 2008.


Roberto Quesada

Tags: Derechos y humanos, Me entiendes Engels, Voltaire, teatro, Joan Manuel Serrat, naciones unidas, honduras

Publicado por ChemaRubioV @ 15:16  | ARTICULO
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