S?bado, 14 de marzo de 2009
Diario Tiempo, Honduras, 8 dic. 2008.
 
Roberto Quesada

El racismo negro
"Ojo por ojo y el mundo se quedará ciego "-Gandhi.

 
El ser humano es complejo, complejísimo y acomplejado también.
Durante la XIV celebración de la Asamblea de la ONECA, celebrada la
semana pasada en la ciudad de Nueva York, he podido observar ciertas
cosas que le dan a uno un mar de posibilidades de seguir pensando. Y
he llegado a la conclusión de que el problema del racismo no se
resuelve con otra raza (entendiéndose por raza grupo étnico o de
diferentes culturas) asumiendo el poder. La raza que no lo tenía, tal
parece, guarda resentimiento y lo que espera taimadamente es ese
momento oportuno para dar el zarpazo e iniciar venganza. Por
supuesto, no es la idea ésta de grandes pensadores y líderes de
diferentes razas (o grupos étnicos), pero sí la de muchos aspirantes
a inmortales.
 

Con el triunfo de Barack Obama existe la posibilidad de que los
afrodescendientes (no digo afroamericanos porque me refiero a la raza
negra, en donde quiera que se encuentre) que no sepan interpretar
este triunfo, radicalicen sus posturas hacia otras razas,
especialmente en contra de la blanca, y no se logre sino polarizar
las ya casi de por siempre tensas relaciones raciales. He visto que
muchos afrodescendientes no celebran el triunfo de Obama como una
conquista de ascenso humano sino de vendetta entre colores, y eso es
muy peligroso. Y no debería olvidar que Obama es producto de un
híbrido negro (padre) y blanca (madre).

Para la raza negra, incluyendo  a la de Honduras, no se trata del
triunfo de un ciudadano de los Estados Unidos sino de una raza, la
negra, contra la blanca, a nivel mundial. Si esto persiste las otras
razas, llámeseles chinos, mestizos, indios o como quiera, se ponen en
guardia, y no digamos la supuesta derrotada, la blanca, de ir por ese
camino las cosas no le queda sino reunificarse y cerrar filas para su
defensa y  supervivencia. Y esto lo digo porque durante la XlV
Asamblea de la ONECA, hubo no afrodescendientes (o "indios" como los
llaman algunos), como el director de Noticias de Honduras, Mario
Ramos, que se sintieron marginados e ignorados por la etnia garífuna.

Afortunadamente, no siempre es lo mismo el líder que sus seguidores o
sus imitadores, y en Barack Obama, hasta ahora, no se ha percibido
ningún indicio de sed de venganza ni de alucinaciones de supremacía
racial sino de una conquista común de una sola raza, la más grande
del planeta y en la que abanica un desfile de colores, que es la raza
empobrecida que, aunque cuesta creerlo, también existe en la hasta
ahora única superpotencia mundial. Ejemplo de ello es la conformación
de su gabinete que está siendo tan diversa.

Los aspirantes a líderes con esencia y que quieran ser como Gandhi,
Confucio, Martín Luther King, La Madre Teresa, J.F. Kennedy,
Rigoberta Menchú, Bill Clinton, y tantas y tantos más, deben comenzar
por  vencer y derrotar virus congénitos en el alma y corazón del
hombre común, ver por encima no del bien ni del mal sino del ser
humano que, como tal, y como inmenso monstruo posee virtudes y
defectos pero en el centro de ello la posibilidad de mejorar o
empeorar, la idea es o sería mejorar, sí, pero como raza humana. Como
dijo el abogado Carlos Eduardo Castelar: "El triunfo de Obama debe de
asumirse no como el triunfo de una raza sino de la humanidad".

Los líderes menores, sin que se sienta esto como ofensa porque aunque
no nos guste la vida y el mundo está diseñada (o la hemos diseñado)
en categorías, no deben de perder la perspectiva y evitar ese culto a
la persona en el que ellos mismos lideran autoproclamas,
autopostulaciones para reconocimientos mundiales -aún cuando en su
fuero interno sepan que no son merecedores ni siquiera de la
nominación- no pensando en el bien común sino en alimentar su
insaciable ego. Pues debe quedarles claro que pueden manipular a unos
cuantos incondicionales, y también engañarnos a algunos solidarios,
pero sólo por un rato, la verdad blanca o negra, pasando por amarilla
o cafecita, siempre se impondrá al final del camino. Y como bien dijo
el presidente de Honduras, Mel Zelaya, en entrevista concedida a Juan
Manuel Benítez de NY1: "A la historia no se le puede sobornar". Así
que los impostores deben tener permanentemente sus barbas en remojo.

  
Ozone Park NY  7 diciembre de 2008.
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* Roberto Quesada: Escritor y diplomático hondureño, autor de varios
libros, entre los que destacan El desertor (1985), Big Banana (Seix
Barral), Nunca entres por Miami (Mondadori) Los barcos (Baktún), La
novela del milenio pasado (Tropismos, Salamanca), y es Consejero de
la Misión de Honduras ante las Naciones Unidas.

Tags: El racismo negro, ojo por ojo, el mundo ciego, Gandhi, centroamerica, Nueva York, Martín Luther King

Publicado por ChemaRubioV @ 15:06  | ARTICULO
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