S?bado, 14 de marzo de 2009
 


Roberto Quesada

La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. --Amos
Bronson Alcott. Filósofo estadounidense.

No voy a referirme a los que se sienten valientes porque portan un
arma o guardan una en casa, o tienen otro tipo de armas, como las del
poder, para desde allí si no se dispara se puede amenazar,
amedrentar, y eso a veces equivale a disparar. Tampoco al otro tipo
de armas como la tinta hiriente de un `plumígrafo´ o periodista que
pueda poner en jaque a cualquiera que no comulgue con sus ideales.
No, puede que en lo mencionado existan valientes, pero sin duda que,
en ese caso, más valientes son quienes andan desarmados y sin embargo
andan. Pero no es a este tipo de valientes que quiero destacar hoy
sino a otros que, aunque no parezca, son más valientes aún.

¿Díganme si no serán valientes aquellas y aquellos que en nuestro
país se dedican al arte, letras, ciencias y cualquier derivado que
implique usar el pensamiento? No es que el cerebro esté en desuso
pero muchos lo usan y abusan para confabularse y conspirar, para
afianzar la maldad, hacer daño y creerse más listos que todos los
demás. Un delincuente cualquiera usa el cerebro para asaltar: sabe
por dónde huirá, qué esquina o lugar es más apropiado, la hora
adecuada y también tiene plan `b´ por si las cosas no le van del todo
bien como apuñalear o dispararle a la víctima. Claro, pero aquí no
estamos hablando del uso elemental del cerebro, esto lo explico por
si cualquier descerebrado pretende tergiversar y hacer creer que he
querido decir que los hondureños tenemos el cerebro en desuso total.
No, generalizar no es cosa de gente con cerebro.

Uno de estos valientes es el historiador Miguel Cálix Suazo, quien
viene en una batalla casi solitaria por hacerle justicia histórica al
valiente más grande que ha tenido Honduras, a Francisco Morazán
Quesada. Allí hemos visto en la prensa escrita y a través de las
redes de comunicación internáutica los enfrentamientos que ha tenido
don Cálix Suazo, sus frustraciones por algunas veces ser
incomprendido y otras, intencionalmente, mal entendido. Incluso creo
que su tenaz lucha por reivindicar a Morazán Quesada la ha llevado
hasta los tribunales. Y allí en ese vaivén de dardos envenenados don
Cálix ha tenido, en fiel imitación al prócer Morazán, la espada en
ristre sin dar tregua al enemigo.

Por todo su trabajo y persistencia este año el historiador Miguel
Cálix Suazo ha sido merecedor del Premio Nacional de Ciencia "José
Cecilio del Valle". No creo que exista quien dude que la
investigación histórica no es una ciencia, pero lo digo por si acaso.
Indudablemente que este reconocimiento a Cálix Suazo oficializa sus
posturas frente a sus luchas moralistas y siendo parte de la entrega
de preseas el ministro de la Presidencia Enrique Flores Lanza y el
ministro de Educación, Marlon Brevé, como se diría en el argot
popular: al concederle el premio le han dado toda la razón.

Esta lucha de Cálix me lleva a pensar en muchas otras, de solitarios
espadachines en pro de la cultura hondureña, como el escultor
hondureño residente en Nueva York, Arnaldo Ugarte, quien ha viajado
una y otra vez a Honduras con propuestas escultóricas sobre Morazán y
casi siempre son citas estériles. Otro, que lo acompañan unos cuantos
no menos valientes, es el periodista Mario Hernán Ramírez, en su
inclaudicable afán de potenciar al gran poeta Juan Ramón Molina al
sitial que le corresponde en la sociedad hondureña.

Por todo ello es bueno también que se haya reconocido la labor de
este excelente escultor hondureño Jesús Zelaya. Es justo que a sus 40
años y días de su carrera artística, se le conceda el Premio Nacional
de Arte "Pablo Zelaya Sierra". Ojalá que el mismo contribuya a hacer
más visible la hermosa obra de este escultor que con su trabajo nos
fortalece el orgullo de ser hondureños.

Y, por supuesto, no puede estar mejor calificado para recibir el
Premio Nacional de Literatura, el poeta paceño, el de los eternos
blue jeans y botas de agricultor, José González. Autor de una sólida
obra poética, impulsor de las casas de la cultura a nivel nacional e
investigador literario. José, hombre de paz y de La Paz, es
irremediablemente otro de esos valientes que no porta más arma de
defensa (nunca de ataque) que los ensueños de la hermosura de la
palabra escrita.

A estos pocos valientes hay que agregarle otras y otros que de
poquito en poquito van sumando ya montón y así desde sus respectivas
soledades, enfrentados no sólo al quehacer cultural que ya es una
grande batalla sino muchas veces a la indiferencia, hija de la
ignorancia, en que desgraciadamente vive gran parte de nuestra
hondureñidad. Aclarando que haber pisado una universidad, colegio o
`School´ no necesariamente libera de esa terrible telaraña. Pero no
todo está perdido, leía por allí que en los últimos tiempos ha
crecido el índice de lectura, lo que conlleva a la apreciación de la
cultura en general, en Honduras.

Bien por los premiados, bien por el reconocimiento a lo nuestro,
muestra irrefutable que no es necesario andar importando si lo
producimos en casa. Mis más entrañables felicitaciones.

Ozone Park NY 24 noviembre de 2008.
[email protected]

Tags: Honduras, tierra de valientes, filosofo estadounidense, Francisco Morazán, educacion, premio nacional

Publicado por ChemaRubioV @ 15:43  | ARTICULO
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