Domingo, 31 de mayo de 2009

Por Roberto Quesada

"En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto vacío o lleno".-
Joaquín Pasos, poeta nicaragüense.

Hace algunos años conversábamos en Nueva York con el general Daniel
López Carballo y un capitán cuyo nombre, por ahora, no recuerdo.
Ambos, entre sonrisas, me preguntaban acerca de las andanzas del
general Discua Elvir en las Naciones Unidas y en Nueva York. Les
respondí que no era ético hablar sobre compañeros de oficina.
"Además", agregué, "mi relación con él es distante puesto que yo soy
antimilitarista".

Allí estábamos cuando alguien le comunicó al general que lo llamaba
el entonces presidente Carlos Flores. Nos levantamos y no fue sino
hasta dos días después, en una cena que la Misión de Honduras ante la
ONU ofreció al presidente Flores, que nos reencontramos con el
general López Carballo y por esas cosas de la vida nos tocó estar uno
a la par del otro en la mesa. Inmediatamente el general reanudó la
conversación que antes habíamos dejado a medias pero para entonces ya
no importaba Discua Elvir sino lo que yo había dicho.

Tan pronto como pudo el general López Carballo, me preguntó: "¿Por
qué dijo usted que es antimilitarista o por qué es antimilitarista?".
Mi respuesta fue contundente al decirle que hasta donde yo sabía los
fusiles de las Fuerzas Armadas de Honduras tenían como principal
objetivo apuntar contra su propio pueblo. Hice memoria de los tiempos
del tristemente célebre Alvarez Martínez y le recordé los
desaparecidos, los torturados y el terror que los ciudadanos comunes
sentíamos con sólo ver un uniformado. No obstante, las Fuerzas
Armadas de Honduras, aparte de Alvarez Martínez y de uno que otro
fascista, fue muy diferente a los ejércitos centroamericanos de la
época de la Guerra Fría. Las Fuerzas Armadas de Honduras no se
volcaron en contra de su pueblo como sucediera en otros países de
Centro América y Sudamérica, esto indica que, de alguna manera, las
Fuerzas Armadas ha tenido vocación democrática.

El general López Carballo admitió que era cierto pero que también los
tiempos habían cambiado y que las Fuerzas Armadas se habían
democratizado y se habían convertido en lo que deberían ser:
obedientes y no deliberantes. Y que su propósito fundamental es
salvaguardar la soberanía nacional, cuidar las fronteras patrias. En
esas circunstancias democráticas llegamos al acuerdo de que una cosa
había sido aquel ejército fascista hondureño y otra las nuevas
Fuerzas Armadas, por tanto yo no podía ser antimilitarista sino
respaldar a un ejército que está listo a defender con su vida a
Honduras en caso de que nuestra soberanía se vea amenazada. Y así
quedamos, además, él ya había leído mi libro El desertor, que nace de
mis experiencias en el ejército.

Estábamos cipotes, sí, porque era a montón de cipotes que reclutaban
para prestar el servicio militar obligatorio. Tan cipotes que los
fusiles que nos asignaron FAL (Fusil, Automático, Ligero) nos
quedaban grandes y parecía que pesaban como la muerte. Mucho después
fue sustituido por el M-16, que en verdad era ligero. Ese día no hubo
física ni trole sino los clases (cabos y sargentos) nos ordenaron
pulir nuestros uniformes porque llegaba el todopoderoso general
Alvarez Martínez a visitar el Cuarto Batallón de Infantería.

Allí alrededor del campo de entrenamiento, posesión de Los Diablos
Rojos (indiferentes al dolor) esperamos a que descendiera el
helicóptero que transportaba al indestructible. Después los soldados
nos sentamos en el piso en un gran salón, los clases y oficiales en
sillas y comenzó el discurso Alvarez Martínez. Y allí lo dijo a
título personal prepararnos para invadir a la comunista Nicaragua.
Era evidente, andaba de batallón en batallón porque él ya había
decidido la guerra contra Nicaragua.

Así eran las Fuerzas Armadas que yo conocí y que nadie me venga con
cuentos, porque esto lo viví, lo vi desde adentro. Alvarez Martínez
fue a dar la orden de estar preparados para invadir a Nicaragua, no
consultó a nadie, no preguntó a ese pueblo convertido en soldados a
la fuerza si estábamos de acuerdo con la futura-inmediata guerra, de
si estábamos de acuerdo con la ocupación militar estadounidense, de
si estábamos de acuerdo con que Honduras se hubiese convertido en un
inmenso campamento de contras nicaragüenses, mismos que incendiaron
aldeas, destruyeron nuestros bosques, violaron nuestras compatriotas
y aterrorizaron y desplazaron poblados enteros a lo largo de nuestra
frontera con Nicaragua. En ese entonces nadie tenía idea de que
pudiese existir una cuarta urna que diera cobijo a los deseos del
pueblo. Eso sí, como siempre, existía el cuarto poder pero no la
cuarta urna, que debería ser el primer poder.

Esa era las Fuerzas Armadas como institución pero, ¿quiénes eran (y
son) individualmente los soldados? Pues gente del pueblo, pobre,
muchos analfabetas o semi, gente que viene de los campos, de las
etnias, que desconocen la malidecencia criolla en términos de
política, que adiestrados por el miedo y formados para detestar al
civil recibían órdenes como sordos para cumplirlas a ciegas contra su
propio pueblo.

He leído y oído por allí que hay quienes tratan de azuzar a las
Fuerzas Armadas para que el ayer sea hoy, que desobedezcan a su
Comandante en Jefe que no es sino el presidente en funciones, en este
caso Manuel Zelaya Rosales (así lo estipula la Constitución de la
República en su artículo 277), con tal de evitar lo de la cuarta
urna. Vi que unos ancianos, no ancianos sabios como aquellos de las
culturas milenarias o los chamanes, no, solamente ancianos
ordeñadores de la patria llamada Honduras, arguyendo en contra de la
cuarta urna, cuando muchos de ellos han sido violadores de la
Constitución de la República, otros seniles donjuanescos acosadores
de muchachas que trabajaban en sus oficinas, existen también abogados
de re-puta-acción dudosa, como me contaban en Washington sobre uno de
ellos que despojó de su casa a una madre con hijos para complacer a
su representado riquito, ¿es a esta gentuza que va a creerle el
pueblo hondureño? ¿Habrá que creerle a estos enemigos de todas las
hondureñas y hondureños? Estos son los verdaderos enemigos de la
cuarta urna, los sinvergüenzas, los que explotan a Honduras y
desprecian a su vez a los hondureños. Pero el momento de darles, como
dice La Odisea, una coz en la frente a estos malvivientes ha llegado,
y las Fuerzas Armadas a estas alturas de la vida ya saben que también
ellos son el pueblo y no pueden jamás volverse a dejar engañar por
este comité de ancianos viciosos, que sueñan con que la Sodoma y
Gomorra jamás sean destruidas por el voto soberano del pueblo.

La nueva Honduras va y nadie la detiene, ni las Fuerzas Armadas
porque a estas alturas esta institución tiene que haber comprendido
que ella también es parte de ese gran pueblo hondureño y que debería
de ejercer su derecho pleno a opinar y ejercer el sufragio
depositando sus sueños y deseos en el tragaluz novedoso de la cuarta
urna. Sin duda, al asumir la cuarta, Honduras se vuelve de primera.

Ozone Park NY, 18 de Mayo, 2009.
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Tags: Militares, honduras, poeta centroamericano, fuerzas armadas, politica, ONU, N YORK

Publicado por ChemaRubioV @ 19:51  | ARTICULO
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