Martes, 23 de junio de 2009
 

Por Leo Zelada

 

Al final las ventas estuvieron un poco mejor que el año pasado.Pero lo que más se vende es mala literatura. Eso me confesó un amigo que atendía en uno de los puestos de la feria. El autor que más éxito tuvo fue Stieg Larsson con las dos primeras partes de su trilogía “Millenium”. A Larsson le siguió la novela Amanecer de Stephenie Meyer y La Mano de Fátima de Ildefonso Falcones. Los demás… mejor ni comentarlos.

Los días que estuve en la feria observe a diversos autores firmando sus libros. Pero solo eran dos los que me interesaba conocer. Uno de ellos era Leopoldo María Panero. Con Juanc fuimos el viernes al Retiro y oímos por altavoz que firmaba Panero en el stand de Huerga y Fierro. Al acercarme a un poeta al cual considero un genio, me asalto la idea que quizás podía decepcionarme el conocerlo. Pero Juanc insistió y preguntó si Leopoldo firmaba.

Apareció Panero diciéndome como me llamaba y me firmó un libro. Yo tengo una política y es no comprar ningún poemario a un poeta vivo. Sin embargo, al ver que no había ninguna otra persona en la cola, me dio un poco de pena y le compre el libro por solidaridad. Pero también porque considero que es un gran poeta. A veces las reglas están para romperlas. Me pregunto de donde era y yo le dije que de Perú. Me dijo si lo podía invitar a mi país. Yo le dije que sí. Luego se acercó Antonio Huerga y me expreso que para aceptar invitaciones al exterior tenía que pagarle el pasaje en avión, el hotel, una cantidad al número de cuenta de Panero y contratar a alguien que lo cuidara. Bueno, parecía que estuviera invitando a una estrella de rock y no a un poeta. Leopoldo de pronto me empezó a leer unos versos de Vallejo y luego ante su sorpresa terminé yo el poema de memoria. Antonio Huerga aplaudió y dijo: “Muy buena improvisación de ambos”. Panero encendía un cigarrillo le daba dos pitadas y luego los arrobaba al piso. Tenía 7 cajetillas de cigarros cerca. Había un ambiente denso y pesado. Se le veía desamparado, fragmentario y oscuro. Yo dentro de mí pensé: “Yo jamás acabaré como él”. Pasaron más cosas, pero prefiero guardármelas. Me dijo Leopoldo antes de irse: “Mallarmé es el asesino de la belleza”.

El viernes conocí a Ian Gibson. Mientras me firmaba su libro “Ligero de equipaje” -que trata sobre la vida de Antonio Machado- me preguntó como me llamaba y yo le dije mi seudónimo. Yo te conozco me dice. Resulta que teníamos un amigo en común: el poeta ingles Robert Gurney. Hablamos de la presentación que haríamos juntos del libro de poemas de Bob . Ian es un reconocido hispanista de origen irlandés, especialista en la vida de Lorca, Dalí y Machado. Ha sido profesor de Robert. Hablamos muchas cosas. Me dió su mail privado. Quedamos para hablar pronto. Con estos encuentros con Panero y Gibson la feria acabó para mí.

Este fin de semana pasado ha sido el mejor que he tenido este año. Y es porque me reencontré con La Dama del Lago. El tiempo se abolió a su lado. De la mano de ella recorrí la feria. La belleza reside en su mirada. Si el amor es real es porque en estos días he estado en su reino mágico del agua. Nunca he conocido una mujer tan impregnada de poesía. Y tan serena. De este encuentro ha quedado un pacto y estos versos:

“La noche ingresa en el mar
Los sauces en el lago”.

La esencia de los libros la hallo en su voz.

 

Blog de Leo Zelada:  http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/


Tags: Leopoldo María Panero, Ian Gibson, La Dama del Lago, feria del libro, tertulia antonio machado, mallarme

Publicado por ChemaRubioV @ 15:35  | ARTICULO
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