Mi?rcoles, 08 de julio de 2009

DE LA INDIGNACIÓN A LA VICTORIA

 

Estupor, rabia y tristeza llenan el pecho de millones de hondureños y hondureñas. Los pensamientos son un enjambre de colosal desasosiego. Las teorías parecen caducar. La muerte anda en el aire y la necesidad de sobrevivir de un pueblo históricamente sometido, se enfrentan para crear experiencias inéditas, con causas repetitivas y conocidas ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por una nueva realidad, incluso incierta, pero deseada en toda su justicia? Ayer el precio fueron dos vidas segadas y muchas heridas recién inauguradas. La mancha de sangre y represión fue anunciada en cadena nacional ayer por el cardenal Andrés Rodríguez, como una visión del paraíso castrense que ahora habita y alaba y defiende -incluso dando cátedra de leyes y estrategia militar- en sus homilías. Pero esto no es nada nuevo para la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, acostumbrada a emprender cruzadas contra el conocimiento, la libertad y el irrespeto flagrante de los derechos humanos. Incluso en tiempos de Francisco Morazán, el obispo Cassaus adversó las causas justas declarándose a favor de las clases injustamente poderosas; y el poeta Medardo Mejía en su poema dedicado a Morazán retrata no sólo la posición de este prelado, sino de esa enorme facción de la iglesia coludida con los comerciantes, políticos y criminales, cuando escribe, hablando del canalla Cassaus:

 

"¿Quién respeta a un jerarca,

a un simple sacerdote, que rebajando el nombre

de Dios hasta el nivel de sus bajas pasiones,

azuza la discordia, provoca el fanatismo,

bendice al delincuente y santifica el crimen?"

 

Morazán y el pueblo libertario tuvieron que expulsar a este obispo, hijo espiritual del demonio e hijo putativo de las oligarquías, tal como deberá suceder con el actual cardenal hondureño, una vez papable y nunca más, que ha traicionado el ejemplo del Jesús que caminó por la Tierra no sólo entregando palabritas floridas, sino haciendo bienes reales al pueblo.

 

La publicitada paz que los golpistas y sus adláteres, sus cómplices ofrecen al pueblo indignado no es otra que la sumisión; callar y aguantar, permitirles que sigan saqueando nuestros recursos y nuestra esperanza, nuestro futuro, el de nuestros hijos. Colocan en nuestras mesas el pan de la mentira y nos envían a las oficinas y a las fábricas y al mercado y a las escuelas y universidades con toda la confianza de que tienen en su mano nuestra fuerza física, mental y espiritual. Pero se engañan, porque la resistencia popular se les ha opuesto y se les opondrá siempre hasta vencer, asumiendo la gesta heroica de los pueblos y sus símbolos, Entepica, Lempira, Morazán.

 

Los perfumados, los hediondos a golpe y tiranía, la mancha blanca pagada que ha querido secuestrar al pueblo hasta su derecho a llamarse pueblo, los que durante décadas nos han querido tener bajo su dominio, los que han conspirado contra nuestra esperanza y nuestra dignidad, hoy han podido darse cuenta que los que nos levantamos en reclamo de nuestros derechos más esenciales no claudicaremos y avanzaremos hasta arrebatarles lo que nos han robado.

 

Los hondureños y hondureñas de todo el país seguiremos pasando, de una o de otra forma, los retenes, soportando como dice nuestro Himno Nacional “Con honor” las balas, los rebenques, los toletes, el cerco mediático, las capturas, las tanquetas, las bombas lacrimógenas. El verdadero poder popular supera en número y razones y valentía y decisión a todos los cuarteles militares y a todos los señorones y señoronas de rabo comprometido con la CIA, mezquinos dueños de las empresas vampiras que han desangrado a este pueblo.

 

La juventud ha comenzado a reconocer que debe ser parte de este momento histórico en que no aceptaremos más la sumisión y el engaño Y ESTÁN JUGANDO UN PAPEL IMPORTANTÍSIMO que debe reconocerse; las humildes señoras de los barrios han cambiado sus cacerolas por consignas de insurrección; los maestros, sindicalistas y demás gremios han llegado al punto de entender que esto nos es una lucha de estatutos ni idearios particulares, sino el momento de la verdad y los motivos colectivos.

 

No debemos obediencia a un gobierno que mediante el uso de la fuerza quiere imponerse a la voluntad popular, y en eso basamos nuestra insurrección y nuestro reclamo y nuestra lucha y nuestra victoria. En nuestro caso, los artistas de todas las áreas nos hemos por fin elevado a la altura noble y magnífica y poderosa del pueblo como un sólo puño contra las oligarquías empresariales, religiosas y militares... Hemos comprendido que no somos más ni menos que los demás compatriotas que consumen kilómetro a kilómetro las calles fracturadas y militarizadas de la patria en avanzada pacífica pero potente e irrefrenable. Por eso vamos, hombro a hombro con el pueblo del cual formamos parte. Muchos de nosotros no están ahí, por razones de enfermedad y edad, pero los demás, las demás, los poetas y las poetas, los narradores, los teatristas, los músicos, los historiadores, las bailarinas, los cineastas, los fotógrafos, etc., somos parte de ese grito que se convertirá en canto de celebración y justicia:

 

“¡VENCEREMOS!”

 

Escribió: SET

6 de junio de 2009-06-06

Desde la zona cero de la resistencia e insurrección popular


Tags: INDIGNACIÓN, VICTORIA, samuel trigueros, hondureños, justicia, articulo, mancha de sangre

Publicado por ChemaRubioV @ 17:05  | ARTICULO
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios