S?bado, 18 de julio de 2009


A LAS BARRICADAS

Tengo dos buenos amigos poetas hondureños, Waldina Mejías y Alberto Desthépen, y me consta que lo están pasando mal con la situación creada en Honduras a raíz del reciente golpe de estado que los señores del dinero y las metralletas han dado en ese país. A Waldina, después de haber coincidido con ella en los tres viajes a México que realicé, la considero casi como una hermana; de Alberto, aunque no lo traté mucho, acabo de leer el libro de poemas que me regaló y dedicó en Zamora, Michoacán, y eso me ha permitido, además de apreciar su poesía, conocerlo un poco más. Son gente comprometida con la libertad. No esa libertad que muchas personas invocan con la boca grande para ocultar su miseria espiritual personal, o cuya palabra intentan registrar en la oficina de patentes como propia cuando escriben, sino la verdadera libertad, la que engrandece la cualidad humana.
Y me imagino que como ellos, miles de hondureños, padecen también la angustia y el dolor de ver cómo todos los logros conquistados a lo largo de estos años en esa dirección se ven truncados por el afán de poder de algunos a los que el coche oficial, la avaricia y un desmedido ego los ha convertido en bestias inmundas y criminales de la peor calaña.
Desconozco bastante la situación política y económica de centroamérica. En los sitios que he estado he visto cómo unos pocos viven muy bien mientras el ochenta por ciento de la población las pasa canutas sometidos a la peor de las dietas que existen: el hambre, gente cuya preocupación cotidiana es la de encontrar algo que llevarse al estómago, incluída el agua, lo que ha hecho que me sienta un ser privilegiado.
En ocasiones, como hace poco en mi viaje Belize, la antigua Honduras britántica, se me caía el alma a los pies al ver cómo vivía la gente. Y , sin embargo, me pareció un país rico, lleno de posibilidades, de futuro, si sus gobernantes entendieran realmente la tarea de gobernar como el ejercicio de la justicia y la solidaridad. Claro que no es de extrañar si a uno le cuentan que el anterior primer ministro está siendo juzgado por corrupción. Esperemos que los que han entrado hace poco más de un año lo hagan con el espíritu que me pareció apreciar en la primera dama del país cuando me entrevisté con ella en el centro Tourist Village de Belize City, aunque eso todavía tienen que demostrarlo.
Esa misma o una parecida visión tuve de México, país del que estoy enamorado, pero en el que las diferencias sociales representan un abismo de los más profundos. Y solamente pensar que casi todo el resto de centroamérica está peor me da escalofríos, eso sin mencionar las otras tantas partes del mundo donde las condiciones de vida son iguales o todavía más dramáticas.
La verdad es que me pregunto ¿qué podemos hacer los que no somos partidarios de la violencia? ¿quedarnos con los brazos cruzados mientras los golpistas ordenan que los soldados frían a balazos a nuestros amigos y poetas y al resto del pueblo hondureño? ¿mirar hacia otro lado y hacer como si no pasara nada?
Creo que no. Eso mismo se hizo por parte de la comunidad internacional cuando Franco prendió la mecha de la guerra civil española, o cuando en Argentina se armó la orgía de desaparecidos, o Pinochet se cargó al gobierno de Salvador Allende, y ya vemos las consecuencias. Dejar que todos los responsables de tantas muertes se fueran de rositas para el otro mundo o, incluso, sigan enredados en las instancias de poder que controlan esos países, es lo que les da alas a todos estos superegos que se comportan como si fueran faraones del antiguo Egipto, dueños de la vida y de la muerte de sus esclavos.
Somos seres humanos, con nuestras virtudes y nuestros defectos. Nadie es más que nadie, por mucho que la naturaleza lo haya dotado de una cualidad o de unas condiciones o una situación privilegiada y a los que coman la manzana del árbol de la avaricia o se crean más que los otros hay que afeitarles el ego. Se necesita un Tribunal Internacional que no sea una mera comparsa de intereses de las grandes potencias, que juzgue y meta en la cárcel a los responsables de corrupción y de tanto acto criminal. Y cuando hablo de criminales me refiero no sólo a aquellos que dan golpes de estado o ejercen el genocidio como deporte habitual, sino también a aquellos que estando ahora en el poder, incluso al frente de países llamados "democráticos" permiten este tipo de actos o que miles de niños y personas se mueran de hambre en el mundo sin hacer nada para evitarlo, cuando en este planeta sobran alimentos para todos los que vivimos en él.
Estamos sumergidos en una crisis económica internacional grave. Los países desarrollados incrementan por millares cada día el número de parados. Hay incluso ingenieros, médicos, arquitectos, etc. que están sin trabajo. ¿Es que a ninguno de nuestros dirigentes se le ha ocurrido que se puede aprovechar todo ese potencial para erradicar estos males?
Mucho se habla de los derechos humanos. ¿Alguien sabe cuáles son esos derechos? ¿No debería ser un derecho de todo ser humano el disponer de comida, un lugar digno donde vivir y una atención sanitaria adecuada?
El golpe de estado en Honduras representa un retroceso, un regreso al siglo XX, y eso no lo podemos permitir de ninguna manera. La insurrección a la que ha llamado el presidente Zelaya, estemos de acuerdo o no con su política, no debe limitarse al territorio hondureño. Debe ser una insurrección internacional, una insurrección por la libertad que conduzca también a que todos los seres humanos disfruten de comida, un lugar digno donde vivir y la atención médica adecuada, máxime en la situación actual de pandemia por gripe A que nos amenaza.
Si lo entendemos así, entenderemos también que los momentos por los que atraviesan Waldina, Alberto y el resto del pueblo hondureño nos afectan mucho más de lo que creemos. Estamos en el siglo XXI, la sociedad no puede permitirse el lujo de volver a padecer los mismos males que el siglo XX.

Pontevedra, 28 de junio de 2009
©Fernando Luis Pérez Poza
Con el permiso y el ruego de la mayor difusión posible.






Fernando, querido amigo, es un gesto muy noble el tuyo de acompañar a las víctimas del golpe de Estado en Honduras; por supuesto que no me voy a sumar a la sordera general, dentro y fuera de las listas, y al zapping mental y mediático sobre el tema, y te acompaño en esta iniciativa, aunque lo que podamos hacer no sea mucho mas que eso. Porque los responsables de poner la situación en su justo punto, i.e. la OEA y la ONU, ya podemos intuir lo poco que van a hacer para poner coto a esta banda de delincuentes que han tomado el poder por asalto en Honduras. Tal y como no actuaron antes cuando USA invadió Panamá, y encima se dio el lujo de imponer  aun presidente electo en una base militar; u otras tropelías recientes, siempre con los mismos actores estelares.

Queda al menos la voz que hagamos escuchar para expresar nuestro rechazo terminante a este golpe militar y  a una democracia; el testimonio, y la solidaridad que podamos acercar; el mantener contacto con  estos escritores e intelectuales, y difundir por este medio lo que la TV y las radios escandalosamente siguen tapando.

 

Mi abrazo siempre

 

Alejandro Drewes


Tags: poetas por honduras, escritores, ciudadanos, mujeres, hombres, humanistas, ONU

Publicado por ChemaRubioV @ 14:47  | ARTICULO
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