Y esta palabra que aún
es un temblor en el aire
en su tiempo inestable
la senda una vez caminada
con otros, un país cuyos gritos
silencia la nieve. Qué historia
han de contar estos árboles
después, muchos siglos después
de las grandes devastaciones.
Presiento el hurgar de manos sin rostro
en el secreto del amplio corazón
de madera quemada, sin piedad
ni otros gestos. Pero habrá volado entonces
loca la carrera de los siglos sin edad
como un rumor de alas en la tumba
de los dioses del olvido y la cizaña,
vuelo de luna en el negro espejo
roto de los viejos magos
Alejandro Drewes
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