A José Antonio Funes, lo conocí en Guatemala .Se fallaba un premio de poesía , si no recuerdo mal se trataba del Luis Cardoza y Aragón que le fue concedido al poeta , guerrillero , y editor Gerardo Guinea.
En la mesa estaban el Doctor en economía y académico de renombre como poeta, David Galindo del Salvador, El poeta , y Director de la Editorial Cultura Francisco Morales Santos junto al poeta hondureño y viceministro de cultura.
Recuerdo que hubo un poema que estimuló mi emoción. El emigrante. Al saludarlo, y dándonos las respectivas gracias, no sé cómo le pregunté. Hace poco habéis tenido a un gran poeta español allá …lo llevó País Poesible al igual que a mí. A lo que me contestó que sí, había ido el poeta, pero desde su ministerio se fraguó gran parte del viaje. Además me dijo, yo he vivido en Salamanca, y prefiero a Antonio Colinas al que conozco. Más o menos fue así , aunque la memoria a veces juega malas pasadas.
Hace unos días se falló el premio nacional de Guatemala. Se lo concedieron a un viejo conocido, Gerardo Guinea. Y desde aquí saludo a la familia, especialmente a Paolo, y sus tres peques. ¿Será por esto por lo que he recordado a Funes? Las primeras impresiones se agarran a las líneas de la mano y para que nunca se olvide la primer vez , hay que soltar los dedos como impresiones voladoras , y en el aire , vendrán con otro olor menos corrupto.
La segunda vez que lo vi, fue en Madrid. Junto a los guatemaltecos Humberto Akabal, y Margarita Carrera, y Jorge el licenciado en letras cubanas, y la salvadoreña y narradora Claudia Hernández y el hispano-argentino Andrés Neuman. Allí pudimos hablar más días, y no quedarnos en la superficialidad de los gustos sociales, los nombres propios, las máscaras de la política, o la redención de los muertos. Si hoy recuerdo a J. A. Funes puede que sea por el día en que Max Araujo me llevó a ese acto donde un conocido se llevó un premio en Guatemala.
Puede que sea porque al pensar en poesía centro-americana, siempre pienso en el Cantor de Pájaros Maya. Pero, también puede ser…porque ahora Honduras, está en un momento difícil de su historia. Y yo no puedo olvidar que los corazones no tienen color a la hora de elegir reinos. Y más allá de todas las diferencias poelíticas, siempre queda la memoria de los amables . Y eso afortunadamente lo comprendimos pronto.
Una memoria que estoy escribiendo desde la Segovia española. Y desde aquí saludo a todos los hondureños, y al pensar en la reconciliación en un malentendido, ellos pasen pronto este tremendo trance que les ha tocado vivir, y recuerden la memoria amable que llevan entre sus huesos antes de que la guerra civil sea algo más que un pensamiento indeseable.
Y a los segovianos de allá. Pues hay una pequeña Villa que fundaron mis antepasados, y yo siempre había dicho que no. Que mis “abuelos” nunca habían llegado hasta allí.
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