Martes, 04 de agosto de 2009



Long-Ohni

No hay duda de que la obra de Benn es, centralmente, heredera y deudora del
pensamiento nietzschiano y, de facto, se puede decir que es Benn quien lleva
a la materializació n, a través de la creación poética, el pensamiento de
Nietzsche. Es precisamente Benn quien retoma de la obra nietzschiana todos
los elementos dionisíacos y quien desarrolla una obra en la que la
"eclosión" ha de ser su principal característica, uno de sus más destacados
logros y el que marcará toda su obra. Es en este sentido del "Übermensch",
el llamado súper hombre nietzschiano, en el que Benn se reflejará y
posibilitará la generación de paradigmas nuevos mediante una obra que ya no
se sustentará en la inspiración característica del romanticismo sino en el
sentido nietzschiano de la producción. Desde luego, este dionisismo del que
hablamos no proviene de Nietzsche en forma directa ni de la larga tradición
germana hacia Grecia sino de las propias experiencias juveniles de Benn y
que retoma en Nietzsche.

Pero hay otro aspecto que nos lleva a relacionar la poesía de Benn con la
idea, tal vez más revolucionaria, de Nietzsche: la declaración de la muerte
de Dios. Desde luego, no fue Nietzsche ni el primero ni el único que anunció
tal cosa, pero sí quien llevó tal proposición a sus mayores consecuencias.
Al desaparecer el más allá, al negarse toda trascendencia ultra mundana,
queda al desnudo una única posibilidad: la desolación del mundo mortal.
Necesariamente, entonces, toda trascendencia habrá de estar ligada con el
mundo mortal y todo aquél que busque esa trascendencia fuera del mundo
terrenal no estará sino persiguiendo una quimera, un imposible.

Es de esta concepción desgarrante que proviene su famosa frase de la
"justificació n de la existencia a través del arte" y es tomado de este
concepto nietzschiano que Benn construye su obra y lo convierte en un eje
central de su poética.

Tal determinación puede verse claramente en sus poemas tempranos, poemas en
los que desnuda al hombre quitándole todo ropaje de idealización pero
dotándolo de una particular nobleza: la capacidad de la creación lírica,
acción que ya no es producto de una inspiración divina, tal como pretendía
el romanticismo, sino fruto de un proceso creativo consciente. En este
aspecto, sería lícito dibujar una línea de enlace entre Edgar Allan Poe y
Benn, pasando por Baudelaire.

Tal postura no es, en forma alguna, anacrónica, sino, más claramente,
correspondiente a los avatares de su época. No habrá que olvidar que Benn
comienza a escribir en plena Revolución Industrial y que, para la época, los
valores el positivismo ya habían sentado firmemente sus bases en Europa.

Benn concuerda con Max Weber en aquello de la "desmagizació n del mundo"
(Entzäuberung der Welt), pero lleva este concepto más lejos que sus
predecesores. Si Poe había declarado que el poema es fruto de un cálculo y
de un trabajo preciso ("El cuervo"), Benn proclama que el poeta no es otra
cosa más que un trabajador, un productor, pero no un trabajador cualquiera
sino un ser que produce, trabaja y genera obras de arte. Benn descarta la
cuestión del auto análisis lírico planteada por Poe, en la que se hace
evidente la idealización del proceso creativo porque su punto de partida no
es una mistificación sino una justificación estética de la existencia, tal
como lo planteaba Nietzsche.

Es así que en su poema Der junge Hebbel, obra temprana, el artista no
aparece como un iluminado o poseído por extrañas potencias sino como un
trabajador del material estético. A partir de este momento, en toda su obra
se verá reflejada la cuestión del proceso creativo. Por ello, no deja de
resultar contradictorio que, al mismo tiempo, escriba un ensayo como "El
problema del genio", aunque es posible interpretar este texto como un
elogio, en dirección a Eurípides, de lo irracional en tanto aquello que
escapa al control del positivismo reinante o como un elogio de pura cepa
dionisíaca en el sentido de un ataque al mundo racional que puede
recordarnos la escena de Penteo negando a Dioniso, en "Las Bacantes". Esta
escena de la obra de Eurípides se reitera, transfigurada, en la obra más
bacántica de Benn: Ithaka. De la misma forma que Penteo, Benn, el científico
que sólo reconoce la verdad científica mensurable y tangible, el que niega
todo valor a lo irracional, es, al final, destrozado por la furia
menádico-bacántica de los entregados a ese oscuro mundo. Entonces, no son
los científicos, los hombres razonables, positivos, normales, los capaces de
transformar el mundo, sino los irracionles, los que se encuentran fuera de
la norma.

Es sin duda con Benn con quien, por primera vez y tal vez, única vez en
Occidente, desaparece por completo el concepto de inspiración. Benn
proclama, además, la absoluta independencia de la obra de arte y su validez
por encima del creador y así le otorga un valor absoluto, como resultado, le
entrega al lector una responsabilidad que ningún otro poeta le había
entregado hasta el momento.



Dime dónde



Si tuvieras anhelos todavía

(dime cuándo, dime dónde),

si aún con besos te encadenas

(amour -bel oiseau),

si con rumor de alas todavía

sobre los Andes planeas

cambiándote en dos mares

sin saber a quién vives,

si hablan aún las penas,

lágrimas por bel oiseau

te derriban y destruyen -

dime cuándo -dime ¿dónde?


Versión de Eustaquio Barjau

 



Es que son humanos



"Tener las ideas confusas y no saber escribir

no es surrealismo" .

Es que son humanos, se piensa

cuando el camarero choca con una mesa,

una mesa invisible,

una mesa de clientes habituales, o algo parecido, en un rincón,

es que son gente sensible, sibaritas,

que seguro tienen también sus sentimientos y sus penas.

Tan solo no estás

en tu confusión, inquietud, en tus temblores,

también aquí habrá duda, vacilación, inseguridad,

si bien en la conclusión de los negocios,

lo humano universal,

en formas de economía,

¡también allí!

Infinita es la pena de los corazones

y general,

pero, ¿han amado alguna vez

(fuera de la cama)

ardiendo, consumidos, sedientos de desierto,

después de un zumo de melocotón

que viene de una boca lejana,

sucumbiendo, ahogándose

en la incompatibilidad de las almas ? -

no se sabe, tampoco

se puede preguntar al camarero

que junto a la caja registradora

teclea la nueva cerveza,

ansioso de tickets,

para apagar una sed de otro tipo,

pero que viene de muy hondo.



Versión de Eustaquio Barjau


Tags: BENN, NIETZSCHE, camareros, poesia, arte, germanos, dunia

Publicado por ChemaRubioV @ 9:46  | ARTICULO
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