Viernes, 22 de enero de 2010

 

Prólogo y selección
de Andrés Bohoslavsky

Robert Gurney, el hombre

Para ser sincero, escribo estas líneas para un amigo.

Y suena fuerte al escribirlo. Casi tanto como al pronunciarlo.

Entonces, prefiero, hablar primero de él. Y contarte algunas cosas.

Fue Bob, entre unos pocos, quien me rescata de una etapa oscura en lo relativo a la poesía. Abandonado y descreído de los “salones”, las “capillas” y finalmente hasta del valor de lo literario, soy extraído de ese territorio tenebroso, por eso que diría Chejov, mejor que yo.

Un alma generosa.

Y escribir sobre Bob, es hacerlo sobre esas almas que no piden nada, no quieren nada, sobre una persona que no “mercadea” con la vida ni con la poesía.

Y esto no es poco.

Creo, al fin, que estamos frente a un soñador, un utopista. Alguien que usa las palabras como herramientas, para transformar el mundo:

el visible y el otro
el que podemos aprehender y el que no
el que se palpa y el que soñamos.
O deberíamos hacerlo.

Bob, significa para mí, la mano extendida.

Una “travesura” del Señor. Si es que Él existe.

Entonces, creo que el poeta toma otra forma, otras formas.

El punto donde las palabras ceden a las imágenes.

Ahí es donde puedo ubicarlo:

en las imágenes oníricas de Chagall
en la inversión de lo real de Dalí
entre los mineros de Van Gogh
en la otra orilla del Río Negro.

Claro, estas visiones destiladas en mi cabeza, tal vez se tornen confusas, estimado lector.

Mejor hacé una cosa:
leé sus poemas
viajá con él
luego cierra los ojos.

Robert Gurney, el poeta

La voz de Robert Gurney en Poemas a la Patagonia es un viaje. Mejor dicho, varios viajes, varias voces.

Gurney te llevará a un viaje por la Patagonia, a un viaje por los ríos, valles, montañas, desiertos, bosques, parajes...una voz toma la forma de la naturaleza, utilizada para referirse al estado permanente de las cosas.

Sin aditamentos.

Pero Gurney no se limita a ser lo que es.

El espíritu (otra voz) del poeta construye un desafío: el riesgo de escaparse de uno mismo.

Y nos propone un enigma nada sencillo:

Si la naturaleza es lo real, lo contrario a espíritu, ¿de qué hablamos cuando decimos?:

“La naturaleza del espíritu” y el “espíritu de la naturaleza”.

¿O son lo mismo?

Y dobla la apuesta cuando observa.

Pero no observa sólo con los ojos. Eso está claro. Mirar, no da poesía a quien no la tiene.

Gurney, idealista al fin, nos dice que la realidad es el mundo de las ideas, y no la realidad perceptible.

Luego, algo hace que nos preguntemos ciertas cosas.

¿Cómo sé, de pronto, lo que no sabía?

¿Contemplaba hace tiempo cosas eternas?

Al poeta, los sentidos no le molestan al observar. El no filosofa, ni lo quiere hacer.

Gurney eligió la poesía.

Y está bien que así sea. Lo que necesita el mundo no son filósofos, ni hombres de ciencia ni contadores. Ya hay suficientes.

Su territorio es el poema. El poema que vive en el río, en las hormigas, en los indígenas, en los mitos, en su universo imaginario.

Su poesía, al igual que la naturaleza, no se excede. No pone más plantas que las que están, ni más ríos que el que corre.

Y creo, debo ser yo también mínimo.

Los poetas como Gurney no se explican.

Se leen.

 

Huidobro

Bajo su tumba

se ve el mar.

(Adaptado de las palabras en su tumba)

 

Larrea

No conoció

a Darío

pero se daba por sabido

que entre su pecho

y el horizonte

apenas cabía

el canto

de un pájaro.

(Adaptado del manifiesto "Presupuesto Vital"
de Juan Larrea, Favorables París Poema, 1926)

 

Postmodernismo

Anuncio.

Veo a Cenicienta

robar la tarjeta de crédito

de un rico,

y comprarse

cualquier cosa

que desee.

 

Cambio el canal.

 

 

Dieciocho poemas

a María Teresa Andruetto y Ketty Alejandrina Lis

Quería atravesar

el río Negro

pero no había puente.

 

Vi a un barquero

con una capucha negra.

 

Le pedí que me llevara

al otro lado.

"Dieciocho pesos,"

susurró.

 

"No tengo dinero,"

le contesté.

 

"Acepto poesía,"

graznó.

 

"Dieciocho poemas,

entonces,"

le dije.

 

"No está mal",

me dijo

con un rictus extraño

y entré

en la barca.

St Albans, 11.11.04

 

 

Hablar con Robert  Gurney, es como oírlo leer sus poemas, pequeñas historias que nos ha tocado vivir , y que a él le ha tocado contarnos. Nos lleva en este su último libro a recorrer  las vías exteriores de la Patagonia a través las gentes que se cruzaron en su ruta, y a gente que ya está en otro mundo , en otro lado, como el excelente escritor Juan  Larrea, desaparecido muy a pesar de quienes lo leimos , y mucho más de quienes llegaron a ser sus amigos, como Robert Gurney, pero siempre estará como faro alumbrando los mares en la noche, Y a mí me queda la luz pausada hablándonos en Madrid de Dylan Thomas , junto a los poetas Álvaro Guijarro , Silvia , y su editor en España, y poeta Leo Zelada.     
Chemarubiov


Tags: POEMAS, PATAGONIA, ROBERT GURNEY, Andrés Bohoslavsky, JUAN LARREA, VICENTE HUIDOBRO, EDICIONES LORD BYRON

Publicado por ChemaRubioV @ 2:32  | POESIA
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