Lunes, 05 de julio de 2010

??Por ?EMILIO PORTA.

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Leopoldo de Luis y Miguel Hern?ndez llegaron a conocerse durante la guerra civil en tierras levantinas. De Luis lo ha narrado en el art?culo "C?mo conoc? a Miguel Hern?ndez (notas para el recuerdo)", publicado en la revista madrile?a "Valor de Palabra" (1991) y en las Actas del I Congreso Internacional "Miguel Hern?ndez" (1992).

Adem?s coincidieron en una rara publicaci?n de guerra junto con Gabriel Baldrich. Esta publicaci?n fue "Versos en la guerra. Miguel Hern?ndez, Gabriel Baldrich, Leopoldo Urrutia", editada en Alicante en 1938.
En el pr?logo de dicha publicaci?n, Schneider, presidente del Comit? Provincial del Socorro Rojo Internacional de Alicante, apela al compromiso de los artistas para defender el pa?s y su cultura. Presenta a los tres poetas y destaca que la mayor?a de las composiciones reunidas en este librito son romances, pues esta forma estr?fica recoge los ideales y aspiraciones de los pueblos. Los autores donan sus derechos al Comit? Provincial. La edici?n la cuid? Alejandro Urrutia (padre de Leopoldo de Luis), tanto en la parte literaria como en las ilustraciones.
Desde muy temprano, Leopoldo de Luis utiliz? los versos para homenajear de forma ?ntima al poeta oriolano, como lo hicieron otros muchos amigos de Miguel Hern?ndez, burlando la censura imperante.
De ?l, dijo Leopoldo de Luis: "La poes?a de Miguel Hern?ndez procede como por deslumbramientos. Deslumbrado por la met?fora gongorina, cre? la gracia barroca de "Perito en lunas". Deslumbrado por los conceptos de Calder?n, crea el Auto sacramental. Deslumbrado por Garcilaso y Quevedo, nace "El rayo que no cesa". Deslumbrado por el surrealismo, escribe un importante grupo de poemas como "Vecino de la muerte", "Sino sangriento" o las Odas a Neruda y Aleixandre. Deslumbrado por el hero?smo popular, surge "Viento del pueblo". A todos estos deslumbramientos les insufla su acento personal, su manera de sentir la naturaleza, su apasionado entusiasmo, partiendo siempre de la realidad circundante. Ya cerca de los treinta a?os, el poeta se da de manos a boca con la decepci?n: El hombre acecha al hombre. Y aparece una poes?a herida y heridora, llena de amargura y de desencanto, pero hermosa y human?sima, que, a pesar de todo, no pierde la fe en el hombre y en la libertad. El "Cancionero y romancero de ausencias" emerge como una joya de la poes?a amorosa de todos los tiempos. La obra de Miguel Hern?ndez es una de las m?s entra?ables, humanas y sinceras de la poes?a espa?ola".
Su primer poema dedicado coincide con su estreno como cr?tico hernandiano. ?ste fue "Eleg?a Tercera a Miguel Hern?ndez", incluida en su poemario Los Horizontes (1951)
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ELEGIA TERCERA
A Miguel Hern?ndez
Quiero aprender lecciones de la fuente;
la pena de vivir tornar en canto,
en manar suficiente.
fecundo ser sobre el in?til llanto.

El tiempo triste, en turbia lejan?a
vuelve su oscura y rechinante noria.
No es un est?ril cielo la eleg?a;
s? la patria mejor de la memoria.

Tu eleg?a, Miguel, son los sembrados,
el agrio yermo, el olivar hirsuto.
los llevaban tus ojos reflejados
en su cielo absoluto.

Esta tierra de Espa?a, dolorida
como un vientre parido de tristeza,
hermosamente canta por su herida
tu hombr?a de los pies a la cabeza.

Resoles, moreneces de aceituna,
riscos cabrales, encendido huerto,
en silencioso llanto, luna a luna,
madurando fec?ndanse de muerto.

Fec?ndanse de ti, que fuiste un d?a
queriendo levantar hombres y montes,
queriendo dar a luz la poes?a,
la fe, los horizontes.

Levantabas los ojos con un peso
de heroico sol. Mirabas hondamente.
Llevabas el destino como un beso
fatal sobre la frente.

Se pudo presentir, porque ten?as
el coraz?n como desnudas rosas
bajo escarcha de ajenas cobard?as
volcado como amor sobre las cosas.

Naciste de la tierra y la cantabas
tal la canta el olivo, tal el sauce;
como la canta por las sierras bravas
el r?o en el sonar hondo del cauce.

Tu verso est? en la encina y en el agua,
en el crujir del pegujal reseco.
Arde en la sangre como oculta fragua.
le responde la vida como un eco.

Le responde la vida y la muerte lo embebe
hasta la sed m?s honda de los huesos.
Sobre la patria que pisaste llueve
tu voz como agua en hontanares presos.

Y cae con un destino de paloma
herida, sobre el campo, y lo enaltece.
Lo dora como el sol de loma en loma.
tu voz que crece y crece.

Tu voz de par en par, igual que el alba
inaugurando soles y verdades;
encendido el temblor, la palabra que salva;
levantando ciudades.

Desde la ?sea ra?z de tus talones
al imborrable cielo de tu frente
de hombr?a y dignidad dando lecciones
era tu vida como heroico puente.

Tu coraz?n al verso le pon?a
una sangre tan clara y luminosa
que quema en ascua y sol tu poes?a
y alumbra generosa.

Ya no quiero llorar frente a las olas
que mojaron tu infancia de cabrero
que arrullan, cerca de tus huesos, solas,
tu muerte de poeta verdadero.

Vamos a ser, Miguel, igual que el trigo
que el llanto y el sudor sazona y grana,
y aquel que de tu gloria fue testigo
multiplique su fe cada ma?ana.

?l mismo ha comentado en varias ocasiones alguna an?cdota sobre su relaci?n con Miguel Hern?ndez, como la que se public? en el suplemento "Miguel Hern?ndez en el 35 aniversario de su muerte en ABC (1977)": "Conservo un recuerdo personal que revela el hondo sentido de la amistad que ten?a Miguel. En el verano de 1937 acudi? a m? para que, entre ambos, gestion?semos el expediente de inutilidad para Justino Mar?n Guti?rrez, el hermano de "Ram?n Sij?" - el amigo muerto, el de la famosa eleg?a -, muchacho enfermizo. Miguel lo proteg?a como a un hermano menor, y procuraba librarlo de los sufrimientos del frente. Hablaba de ?l con un afecto entra?able. El chico de salud precaria, no tard? muchos a?os en morir, aunque sobrevivi? a Miguel. Todav?a lleg? a publicar, firmando con el nombre de Gabriel Sij?".
Leopoldo de Luis es uno de los hernandianos m?s conocidos y respetados, no s?lo por el amplio eco de las ediciones en la que ha tomado parte sino tambi?n por los numerosos rotativos en los que ha publicado art?culos en la prensa diaria.
Tu verso est? en la encina y en el agua,
en el crujir del pegujal reseco.
Arde en la sangre como oculta fragua.
le responde la vida como un eco.

Le responde la vida y la muerte lo embebe
hasta la sed m?s honda de los huesos.
Sobre la patria que pisaste llueve
tu voz como agua en hontanares presos.

Y cae con un destino de paloma
herida, sobre el campo, y lo enaltece.
Lo dora como el sol de loma en loma.
tu voz que crece y crece.

Tu voz de par en par, igual que el alba
inaugurando soles y verdades;
encendido el temblor, la palabra que salva;
levantando ciudades.

Desde la ?sea ra?z de tus talones
al imborrable cielo de tu frente
de hombr?a y dignidad dando lecciones
era tu vida como heroico puente.

Tu coraz?n al verso le pon?a
una sangre tan clara y luminosa
que quema en ascua y sol tu poes?a
y alumbra generosa.

Ya no quiero llorar frente a las olas
que mojaron tu infancia de cabrero
que arrullan, cerca de tus huesos, solas,
tu muerte de poeta verdadero.

Vamos a ser, Miguel, igual que el trigo
que el llanto y el sudor sazona y grana,
y aquel que de tu gloria fue testigo
multiplique su fe cada ma?ana.

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Publicado por ChemaRubioV @ 19:50  | ARTICULO
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