S?bado, 15 de enero de 2011

Tus manos y mis manos deshacen la frontera

(Nueva conversaci?n con Jos? Coronel Urtecho)?

Otra vez la primera pareja en el nuevo Para?so del primer hombre y la primera mujer. As? lo insinu?s selva adentro mientras cae vegetal el vestido de Pollita Lorimer en la lente del agua. Y nos zambullimos. As? tus manos se dibujan en las m?as pero con otro lazo. Ahora es el encuentro de labio a labio prometido por una vendedora de cachivaches en Granada. O una estudiante de secundaria en Ciudad Quesada. As? el para?so es un ojo de agua, l?nea delgada que angosta y ensancha nuevamente el r?o. ?Es la l?nea de tus manos y de mis manos? Es la frontera donde se asoman rostros como la multitud, rostros invisibles como el nagual, para saltar y cruzar al otro lado donde espera ninguna Tierra Prometida. Un pajarito canta entre las hojas de una rama y su canto un silbido, tal vez una llamada, me saca de la historia.

Vuelvo a la otra orilla y comienzo como siempre. La Oda a Rub?n es el gran queso de luna, llena siempre, centelleante por el r?o. Comienzo como finalizan las l?neas de tus manos en las m?as. Como cascabaleo de palabras en el agua. L?neas delgadas que de todas maneras nos dividen. Se corren o descorren. Se difuminan entre caser?os y pulper?as, gasolinas y canoas, playones y bocanas. L?neas colindantemente ambiguas en la espina colonial. L?neas tramadas para la Ruta del Tr?nsito en un estrecho ciertamente dudoso para la furia dolarizada de un canal. L?neas parpadeantes. L?neas de fuego. Los robles est?n cuajados de crespas flores nacaradas. Hay un enorme silencio. Todo el ruido del lago lo repite el silencio. ?Podemos estrecharnos las manos? No has venido y te esperaba. Y la paloma penadora que da un quejido leve, profundo y espaciado que no se sabe de d?nde viene, cambia de sitio? Abren las alas las garzas y los pavones. No las detienen las aduanas. Has dicho mucho, y sin embargo, nada.

Alzan el vuelo como en cinemascope. Y un leopardo salta la ca?ada. No es el tigre de Blake o de Borges, sino un rayo en la ni?a de los ojos. ?Nos queda su h?lito multitudinario en la imagen! H?lito del flash al atardecer. La paloma Cantora nos mira ahora. No hace falta bajarla del ?rbol. Frente a frente la penadora. Es el tiempo de los nidos y de los huevos de colores. He regresado del silencio, lo ves. La m?sica de las aves no se interrumpe. Pero hay un mutismo exagerado que se desliza bajo la sombra del viento y el viento se ve en el agua. ?Si nos encontr?ramos se enturbiar?an las palabras? ?Y qu? dir?a la paloma?? Paloma tora. Paloma posolera. Paloma azul. Paloma patacona. ?Entre el tumulto desbocado nos escuchar?a el silencio, el resplandor, el movimiento, el lago abierto??

Porque m?s all? del silencio est? la caravana en llamas de los que ya no regresan. No es la ruta de la seda el camino m?s corto para encontrar el barro rojo entre la palma de estas manos. Hay sangre y agua. Lluvia de l?grimas y no de perlas. Marcas profundas en la piedra. Encuentro una piedra como una perla, ?dec?s? S?, el hallazgo ha sido nuestra fortuna. Pero tambi?n la horma de los zapatos. Todo lo que se apunta con la lengua del l?piz da hacia nuestros sue?os. Pero tambi?n va a nuestros pijamas como tu Dar?o General. O a nuestras pesadillas como las de Sandino, Carlos Fonseca Amador, Juanito Mora o Calufa. Somos de abismos entre sue?os. Por eso los cad?veres por el r?o. Cad?veres y no palabras o trinos. Cad?veres. Tal vez por ello cambian los cauces y las revoluciones, aunque uno se adhiera de ?ltimo. Porque primero fue Somoza. Callan los poetas y alzan su voz los militares. Danzan las pandillas de chacales y al hermano le remueven las entra?as. As? el paso por estas manos, tus manos que no son las m?as, sino las de todos. Las nuestras, densas y ajenas como niebla de r?os y lagos, como la espesa l?nea volc?nica del reencuentro en muros que caen con el polvo de las fronteras. ?No vendr?s? Ll?vame de las pesta?as a las monta?as? Monte. Mont?n. Unidad global. Enciclopedia Universal.

As? este sitio de tumbas y fantasmas, de trasiegos y calmas: idas y venidas, vueltas y revueltas. As? este tiempo de encrucijadas donde la noche ha sido apu?aleada. La poes?a es un perro desdentado en una cantina deshabitada. Pero pasaremos m?s all? del azogue de los veranos y volveremos con la luz en estas manos entrelazadas pues la muerte no interrumpe nada. Y nada concluye concluyentemente porque la historia no nos pertenece. Y si no ven?s no importa, tu silueta se queda en un parque de mi antigua Granada, en el patio de los limoneros de tu Ciudad Quesada. Tr?mula. Sofocada por el stablishment. Subastada por los cardenales.

La muerte no interrumpe nada. Es cierto. Nadie se ha ido. Nadie llega. Todos pasan. Todos quedan.

?

San Jos?, octubre 2004-febrero 2006.

(Todas las citas en cursiva pertenecen al maestro Jos? Coronel Urtecho).

Adriano Corrales Arias??Del libro Kabanga (2008).


Publicado por ChemaRubioV @ 13:40  | ENSAYO
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios