Mi?rcoles, 12 de septiembre de 2012

Me levanto de la cama , cansado de querer dormir , y negárseme todo.

Una rebanada de pan untada de mantequila y mermelada mojada en un tazón de leche fría solo consigue quitar la sensación de hambre, pero no aparcar el tren de la muerte lejos del cerebro.

Hace dos dias que debía haber escrito sobre el hombre que durante tantos años había leído ,y solo en el último había logrado saludar , y por circustancias casuales. Lo había leido en infinidad de artículos para mentes sesudas en El País , cuando de adolescente y provinciano iba llegando a Madrid durante la Transición .

Un día pasados los años , encontré en el Rincón de San Ginés un librito a precio de saldo. “Historia del Triste” firmado por Horacio Vázquez Rial . Me identifique de inmediato. No sé si era por el poeta que sin saberlo iba a declararme alguna vez( al comienzo de cada capítulo  había un poemita) o por el viaje que iba a dar en la Argentina cuando el Corralito se hizo más fuerte, y yo pegaba carteles por un político tan honrado como quijote( Paz Zamora) y la pólvora y los secuestros expres creaban el pánico en las calles.

Hay que sacarse la muerte de encima rápido, siempre, antes de que la idea se apodere de nuestro cuerpo. Llenarte de alcohol ,o con una carrera sin ningún miedo a la madrugada O escribir. Escribir lleno de odio contra la vida que no te deja respirar, contra la prima de riesgo que no es otra cosa que la familia del poder que nos mete el miedo entre las tripas. O ante Dios que todo lo sabe pero no hace nada por evitarlo. Escribir es hoy el único arma que tengo entre las manos , y no quiero ninguna otra jamás.

Hablando con el guionista Ángel Pariente Berenguer  de la vida de Horacio y de sus libros, presumiendo de los libros que ya le había consumido  como “Frontera Sur”, me dice : Calla calla, la mejor está por salir, apúntate el Soldado de Porcelana. 1200 páginas de la mejor prosa.El libro en cuestión salió en unos meses, tuvo un éxito apoteósico, pero aun hoy mis manos no lo han sopesado y no sé porqué.

Cuando llegué de mi primer viaje a la Argentina , traje conmigo dos maletas y una mochila llenas de libros ( dos agentes de la Guardía Civil son testigos , pero esta anécdota hoy no viene al caso)  pero al ir solo me llevé tres , “Mortal y Rosa” de Francisco Umbral para relerlo por enésima vez, “Madrid ha Muerto” de Luis Antonio de Villena como regalo a una mujer judia -argentina Strauss Rosenberg, y “Las dos Muertes de Carlos Gardel “ del propio Horacio , un libro que compré , ya no tanto por el autor al que había abandonado en los últimos años , sino más bien como conocimiento de la vida en los boliches de  la calle Corrientes , donde se junta lo más pendenciero con lo lírico. Y siempre al son del tango se vive y se muere  en las noches del hambre.

Ahora, mientras vuelvo a fumar después de creerlo alejado ,solo puedo pensar en la muerte del niño que mi prima llevaba dentro.Y no puedo creer que en una clínica de pago, se tenga dos dias esperando a un médico para abrir la piel  de la niña, apenas 25 años, y extraer lo que ya no tiene sentido , y era hace 48 horas una vida.

Pasaron los años y llegó el Facebook, y llegué a Horacio, lo saludé en un lenguaje  porteño-cervantino,  y me contestó una larga carta. No lo podía creer, y le contesté  otra igual. Hablamos de mil cosas durante semanas , y me insinuó que le gustaría ir a mi pueblo a visitar la tumba de Jaime Gil de Biedma , cuando quiera le dije, bueno bueno mejor que pase el invierno contesto él.

En la fiesta-aniversario  de Unidad Editorial , entre las idas de unos y otros, nos cruzamos, nos quedamos de frente como preguntándonos , nos conocemos pero de qué. Y enseguida caí en la cuenta, era más viejo que en las fotos, pero …usted es Horacio Vázquez  … sí ,y tú Chema Rubio.

 Esa fue la primera y única vez  que conversamos , a la luz del wisqui por la salud de la aventura .luego vino la enfermedad , y el adios. Y ya nunca podrá acompañarme a mi tierra hacía los restos del poeta JGB.

La muerte no existe ,como tampoco la vida , solo son dos puntos de polvo en el largo camino de las estrellas.  Y los restos de los unos con los otros hacen la materia en el Espacio.

Nada más puedo decir hoy . La novela que fondea adentro de este artículo me dice que la muerte del niño de mi prima, me recuerda demasiado a la muerte del único niño que di a nacer.

Chema Rubio Velasco .


Publicado por ChemaRubioV @ 3:21  | RELATO .
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