Jueves, 04 de octubre de 2012


Artículo de Rosina Cazali

 

Uno de los grandes mitos de la época revolucionaria sigue siendo la presencia de Eugenio Fernández Granell en Guatemala. Nacido en La Coruña (1912) fue músico, escritor, escultor, político y ante todo pintor. Su círculo de amistades –como Benjamín Péret o Wifredo Lam– lo acercaron a la órbita del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y más adelante, a través de la amistad con André Bretón, se definió como surrealista. Al estallar la guerra civil española se unió al frente republicano y al finalizar esta fue víctima de la persecución. Así, Granell comenzó un largo periplo que lo llevó a Francia, Chile, República Dominicana y en 1946 a Guatemala. A partir de los pocos datos que hay sobre su estancia en nuestro país da la impresión que el episodio guatemalteco fue poco célebre para su vida. Pero, considerando esa característica tan guatemalteca, que se aplica al extranjero, entre el rencor y el silencio, siempre hay que considerar la existencia de un lado humano. Bajo el título Arte y artistas en Guatemala, publicado por la Fundación Granell en el año del centenario de su nacimiento, nos encontramos con ese libro “que hacía falta”. 

 

El libro compila una serie de ensayos e ideas que  dan cuenta de la rica nómina de artistas, intelectuales, poetas, críticos, políticos y músicos que integraron las líneas revolucionarias. También emerge un lado poco común y políticamente incorrecto frente a las narraciones de tinte épico a las que estamos acostumbrados cuando se trata de la época revolucionaria. Me refiero al sentido del humor, un humor a veces ingenuo pero entrañable, que aporta otras posibilidades para entender el período. Granell habla de las excentricidades de Eunice Odio o de anécdotas que involucran a cuatro poetas que se metieron una noche en un jeep y acabaron en el lago de Amatitlán. Cuando llegó la madrugada, uno se despierta y grita, señalando hacia el lago: ¿quién trajo esto aquí? También relata lo dicho durante una reunión de la Asociación Guatemalteca de Escritores y Artistas Revolucionarios. Cuando intentaban reunir medios para traer a Guatemala una compañía de teatro moderno se alegraban gritando: ¡Ya nos dio los aviones el coronel Arana!, ¡el coronel Arbenz nos prometió el dinero! Y Mario Alvarado, levantándose enardecido, gritó: ¡Bravo, compañeros! ¿Cuándo invadimos?

 

El libro fue impreso originalmente en 1949 y los ejemplares nunca fueron distribuidos. Según sus biógrafos, estos fueron destruidos. Granell dejó el país en 1950 por temor a la persecución estalinista.

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 Max Araujo


Publicado por ChemaRubioV @ 16:45  | ARTICULO
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