Domingo, 28 de abril de 2013

El bajista Edgar Solis entrevistado por Jorge Godinez .

Partiendo del contrabajo de Bill Johnson y pasando
por Jimmy Blanton, Pops Foster, Scott LaFaro, hasta
desembocar en bajistas eléctricos como Jack Bruce, Jeff
Berlín, Tony Levin y su Chapman Stick de 10 cuerdas,
mezcla entre bajo y guitarra, que se toca con técnica de
tapping, el bajo en la música popular moderna, ha
evolucionado de tal forma, que atrás quedó el instrumento
subordinado que un día fuera el patito feo, de ineludible
acompañamiento en grupos y orquestas.
Cautivado por las cuerdas gordas
Eran los tempranos 60, cuando la música popular bailable
lo sedujo y ya miembro de un grupo musical, pasó de
los escenarios de teatros de barrio, a las pistas de salones
de baile, tanto de la ciudad de Guatemala como del
interior del país. En esta agrupación de género tropical,
fueron las cumbias, merengues y boleros, su principal
repertorio, pero como tenían instrumentos de viento,
montaron algunas piezas de Herb Alpert, que por aquel
entonces estaba de moda.
El haber escuchado por la radio canciones a ritmo de
rock, fue lo que hizo que su gusto por la guitarra creciera
y es así como en 1968, deja la batería y se une al elenco
del grupo Módulo 5, como guitarra rítmica. Pero siempre
Edgar Solís
El ejecutor de un bajo
emancipado
Edgar Solís, tuvo su primer acercamiento a la percusión siendo un niño, practicaba con la base
de un cenicero que había en su casa, al que colgaba unas latas de leche en polvo Rosemary, marca
popular por aquel entonces, a las que les ponía cartón para poder afinarlas. Ya de adolescente y
junto a sus amigos del barrio del Cerrito del Carmen, armaron el conjunto Los Incógnitos, donde
se inició como baterista. Hubo de pasar algunos años tocando en dicho conjunto, al tiempo que
de manera autodidacta aprendía sus primeros acordes en la guitarra.
atento a otras posibilidades, le fue tomando gusto al
bajo, al descubrir que ya no desempeñaba en la música
popular, el rol pasivo que algún día tuviera en el repertorio
que había tocado anteriormente, ahora la participación
del bajo era mucho más dinámica, figuras y riffs, algunos
con cierto grado de dificultad, lo hicieron voltear la
mirada hacia manos y dedos del bajista del Módulo y
el oído, hacia ese sonido grave de un bajo Hofner a
través del amplificador Bassman, de cuyas bocinas
emanaba el sonido que delineaba contornos de melodías
de Deep Purple, Black Sabbath, Led Zeppelin, Santana,
Iron Butterfly, etcétera. Su oportunidad llegó cuando la
plaza de bajista quedó vacante y de pronto se vio con
la responsabilidad de darle cuerpo a la música. Fue
como una colisión natural con su verdadera vocación,
no más batería, no más guitarra, Edgar había descubierto
su destino: el bajo.
Descubriendo su destino
Luego de su experiencia como bajista en el Módulo 5,
pasó a formar parte de Rolando Ortega y su Grupo
Almendra, que se presentaba en un night club, donde
también tuvo la oportunidad de tocar con Oscar Salazar
famoso pianista guatemalteco. Su estancia con Rolando
Ortega le dejaría un LP, grabado en Costa Rica y una
serie de presentaciones en night clubs, alternando con
artistas internacionales. Fue fundador del Grupo Caoba,
con el cual grabará un LP, en DIDECA. El siguiente
escalón sería la Orquesta de Bob Porter, con la que hizo
siete giras a los Estados Unidos y Canadá, tocando un
híbrido entre el dixieland y lo tropical, adaptando piezas
de marimba como guarachas y foxtrot al dixieland, en
un intento de crear una propuesta novedosa, cuyo estilo
se prestó para hacer de las líneas del bajo un corredor
experimental en donde tanto la improvisación, como la
melodía elaborada a partir de las cuerdas gordas, le dio
la oportunidad de convertirse en el ejecutor de un bajo
emancipado.
Anticipo (enviado por Max Araujo) de la entrevista que se publicará en El Periódico , Guatemala.  


Publicado por ChemaRubioV @ 12:00  | MUSICA
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