Martes, 22 de abril de 2014

Pintor con un estilo muy personal basado, sobre todo,

en la luz limpia filtrada por el aire fresco del Guadarrama,

y uno de los activistas de la cultura segoviana

Noticia extraída del diario EL PAIS 

Escrito por Aurelio Martín .

El tejido cultural contemporáneo de Segovia se debe a un grupo bien definido de artistas e intelectuales entre los que se encuentra Ángel Cristóbal Higuera, fallecido el viernes pasado a los 66 años de cáncer. Pintor de larga trayectoria, con cientos de exposiciones, realizadas a lo largo de cuarenta años, practicaba un estilo muy personal en sus cuadros y dibujos, inteligible, como lo han definido algunos de sus próximos, cercano a veces al hiperrealismo y, sobre todo, basado en la luz limpia filtrada por el aire fresco del Guadarrama que le entraba por los ventanales de su estudio, en el barrio de Revenga, a los pies de la sierra. Sin duda le ayudaba a iluminar convenientemente su obra, marcada muchas veces por el paisaje, en ocasiones construido por las ramas de un árbol solitario de un campo castellano o por la personalidad que le marcaron lugares como el África occidental o las ciudades de Venecia y Nueva York, entre otras.

Practicaba menos el retrato, inclinado hacia los detalles o los bodegones, siempre guardando las proporciones de forma exquisita, aunque un buen exponente de este género es una figura del Rey Juan Carlos que preside el salón de plenos del Ayuntamiento de Segovia, inaugurado por los Reyes de España, en 1998, tras unas obras de restauración de la antigua Casa Consistorial.

Pero, independientemente de su completa y personal obra, Cristóbal Higuera, fue uno de los activistas de la cultura en la vieja ciudad del acueducto, tratando de construir en ella un futuro mejor, no solo a base de nuevas infraestructuras, sino manteniendo el patrimonio del pasado y formando en el arte a nuevas generaciones, impulsando actividades que dejaran en la gente un poso inmaterial, tan importante para el progreso del territorio o más que las grandes autopistas. Ejerció como jefe de estudios y director de la que fue Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos, ahora centro superior de Diseño, ubicada en el histórico edificio de la Casa de los Picos, en cuya implantación también trabajó junto a varios colegas, pintores y escultores, principalmente.

Otra de las actividades en las que dejó huella fue en la beca de paisaje del Curso de Pintores Pensionados, que nació en el Paular, con cerca de cien años de historia, por donde han pasado en torno a un millar de alumnos becados de la asignatura de paisaje de las facultades españolas de Bellas Artes, entre los que se encuentran figuras como Lucio Muñoz, Manuel Hernández Mompó, Juan Genovés, Cristóbal Toral, Manuel Alcorlo y Antonio Zarco, entre otros, actualmente promovida en el Palacio de Quintanar por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, heredera de la antigua Universidad Popular, en cuyos inicios intervinieron intelectuales de la talla de Antonio Machado, Blas Zambrano o Mariano Quintanilla. Al frente de la dirección varios años, Cristóbal trabajó por el intercambio de conocimiento y la convivencia de los alumnos, procedentes de diferentes comunidades autónomas, aunque, sobre todo, les enseñaba a observar el paisaje, el mismo que les abriría las puertas a su futuro como artistas.


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