Martes, 18 de noviembre de 2014

POEMAS PARA DYLAN  ES UN LIBRO DE ROBERT GURNEY 

 

Ian Gibson dirigió su tesis doctoral. Juan Larrea le pago el Taxi el día que se conocieron. Robert Gurney es un poeta galés que escribe en español.

 

Además de señalar el camino de su tesis doctoral, sobre Juan Larrea (The Poetry of Juan Larrea, Universidad de Londres, 1975)  Gibson se encargó de la presentación en Madrid del libro de Gurney “La Libélula y otros poemas” “ The Dragonfly and Other Poems”.  Libro bilingüe. Lord Byron Ediciones, Colección Prometeo Desencadenado. 2013.

De aquella tarde , extraemos el decir del poeta Leo Zelada  

“Las palabras emocionadas de Ian Gibson al hablar de su amigo y ex-alumno en la Universidad de Londres, fue un momento verdaderamente entrañable”.

 Pero a falta de estas palabras que, es posible que se grabaran pero no las tengo a mano, si tenemos las del propio Zelada  hablando del libro

 “El Cuarto Oscuro  y otros poemas”  editados por lord Byron en el 2008 "La Poesía de Robert Gurney se desliza en la mejor tradición anglosajona, con una precisión en la palabra y un manejo diestro del lenguaje coloquial. Empero se nota el desborde de la poética, de la intensidad, propios de la mejor poesía latinoamericana. Tradición y modernidad atraviesan armónicamente este poemario”.

 

Así mismo escribe Marta Zabaleta en el diario Colatino del Salvador “Palabras cortas, precisas, que describen un escenario espeluznante, atrapado en el candor de un momento que impulsa a querer abrazar al niño atrapado aun en la agonía de su joven madre.”

 

Y para terminar con la voz de los otros que nos hablan de Robert Gurney damos paso al poeta argentino Andrés Bohoslavsky, quién escribe el prólogo y selección de su poesía para el libro “Poemas a la Patagonia” y entre otras sinceridades leemos:

 

“Robert Gurney, el hombre. Para ser sincero, escribo estas líneas para un amigo. Y suena fuerte al escribirlo. Casi tanto como al pronunciarlo. Entonces, prefiero, hablar primero de él. Y contarte algunas cosas. Fue Bob, entre unos pocos, quien me rescata de una etapa oscura en lo relativo a la poesía. Abandonado y descreído de los “salones”, las “capillas” y finalmente hasta del valor de lo literario, soy extraído de ese territorio tenebroso, por eso que diría Chejov, mejor que yo”.

 

Robert Gurney tiene tan metida en su cabeza la voz de Dylan Thomas, que parece que resucita y le habla.

Si somos lo que vivimos, Gurney es también Dylan , por galés y por poeta. Unidos por ese mismo aire donde la poesía se hace firme, contra los vientos que pregonan la colocación de la economía en los altares, contra las mareas que suben a los pies de faraónicas construcciones contaminando el mar   y las dunas, contra todo lo que es nocivo para los corazones educados en la música inmortal de nuestros ancestros, por eso, escribe, por quienes no pueden decir nada. 

 

En cada página resurge esa voz única del recogedor de vivencias de otros y suyas al mismo tiempo, y también a veces la voz de Dylan Tomás. Pero es un Dylan especial,  reconocible porque es el galés que todos sus lectores conocen, pero a la vez especial y único. Muchos especialistas pueden hablar de su poesía y de su historia pero nadie como Robert Gurney lo puede dar a conocer hoy  a través de buenos poemas originales.        

Nuestro poeta tiene metido a Dylan  en su cabeza desde que era un niño y lo oía en la BBC en la voz de  famosos actores como Anthony Hopkins,  Richard Burton, o por un gran amigo suyo, Philip Madoc, que le ha inspirado en más de un poema. 

Cuando escribe a menudo oye la voz de Dylan que se va haciendo eco en su  mente y, mientras se lo imagina, va creciendo el poema que está escribiendo con sus manos, como dictado por él.  Ese Dylan  a quién ve discutiendo con sus amigos en el Kardomah (La Sociedad de la Poesía) en Swansea, lo oye recitar, lo ve fumar  y también beber uno a uno los 18 wiskies que se bebió el día de su muerte . 

Robert Gurney es un poeta de obsesiones, de bellas obsesiones insobornables, donde los sueños del ser humano pueden ser alcanzados  o por lo menos cantados. Una es la que venimos comentando, la que da título al libro To Dylan y otra es la Patagonia.  Este es un poema que reúne dos de sus  mágicas obsesiones en su último libro. 

  

La Tierra de poetas

Era medianoche.

25 grados bajo cero.

El autobús se rompió

en la carretera entre

Trelew a Esquel

en un lugar que se llama Plumas.

Había perros salvajes

en todas partes.

Me pareció oír a Dylan

susurrarme al oído:

"Este es un país

donde toman a los poetas

muy en serio ". 

 

Yo pienso lo mismo que este poeta llamado Robert Gurney, que a los poetas nos toman muy en serio en tierra de nadie.  A veces somos como perros salvajes  poniendo micrófono a nuestro dolor que, a veces, coincide con el mismo dolor del mundo. En su caso coincide más a menudo, porque es un poeta puro y no hablo de su forma poética, hablo del canto de su sensibilidad.  Su canto es un  canto a lo perdido o a punto de perder, a  lo que aún está respirando porque hablamos de la vida.   

 Otra de sus obsesiones es la Patagonia, obsesión que comparto con él y con el escritor Osvaldo Bayer nacido en Esquel, quién escribió un libro maravilloso llamado “La Patagonia Rebelde” .

En la Cordillera de los Andes proliferan los bosques frondosos y a su derecha nos encontramos las tierras de la Pampa, donde la sequedad se hace desierto argentino.

 

La Patagonia es un lugar de lagos extraordinarios, de altas montañas, y en Ushuaia se encuentra el Tren del Fin del Mundo. Luego acaba la tierra y comienza el mar y al cruzarlo, unas horas más tarde,  nos deja en la Antártida. Así es la naturaleza de su poesía que nos lleva, lectura a lectura,  más allá del mundo conocido sin miedo.

 

Robert Gurney conoce bien Argentina, la primera vez que puso sus pies allí fue alrededor de 1970-71. En estos años la tensión ya era insoportable entre estudiantes y militares, comenzaron a caer bombas en algunas ciudades y aparecieron los primeros campos de concentración, pero secretos.   

 

En este difícil contexto Robert Gurney hace 36 entrevistas al padre del surrealismo español, Juan Larrea,  la tercera de sus obsesiones. 

 

Y este poema refleja la primera vez que fue a entrevistarle a Argentina como respuesta  a mi pregunta de cómo le conoció: 

 

 El taxi de Juan Larrea en Argentina

¿Conociste al poeta Roberto Alifano, cuando estuviste en Buenos Aires?

me preguntó el poeta Chema Rubio.

No lo conocí, le contesté …Pasé rápido por la capital.

El taxista que me recogió en Ezeiza,          

tenía un Ford Falcon Verde sin matrícula.

¿Por qué has venido a Argentina? me preguntó.

Para hablar con un poeta, le contesté gentilmente.

¿Para hablar con un poeta? repitió incrédulo.

Sí, para hablar con un poeta. No me creyó.

Al pasar por la zona roja me ofreció a su hermana.

La señaló en la puerta de un bar. Decliné gentilmente.

Le agradecí, al tiempo que rechacé su oferta.

Al parar en la terminal de autobuses que van el interior del país

me robó con el valor del viaje casi todo lo que llevaba.

Larrea tuvo que ayudarme.

No, no pasé mucho tiempo, Chema, en Buenos Aires.

 

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Al igual que la tierra de la Patagonia acaba para dar vida  al mar y a los hielos de la Antártida, el poeta Robert Gurney no hace caso al bandolerismo  y se hace más fuerte en cada viaje.    

Hablar con él es como oírlo leer esas pequeñas historias que le ha tocado vivir  y le ha tocado contarnos. Nos lleva en su último libro a recorrer las vías exteriores de la Patagonia,  a través las gentes que se cruzaron en su ruta  y a pensadores y poetas,  que ya están en otro mundo, como el excelente escritor Juan Larrea, que estará como faro alumbrando los mares en la noche, para cuidar de los posibles náufragos que deriven hacia sus costas.

Y a mí me queda la luz pausada de Gurney hablándonos en Madrid de Dylan Thomas  y de los viajes a la Argentina,  que es un lugar común en mi vida,  junto a los poetas Álvaro Guijarro, Silvia , Jose A. Pamies, y Leo Zelada. Esto fue en el año 2010, cuando la crisis económica comenzaba a arreciar y celebrábamos el Centenario de un poeta irreductible por honrado: Miguel Hernández      

Hablar con el inglés Robert Gurney es conversar con un hombre fieramente humano, como cantara el poeta, pero yo lo veo como un hombre bueno en el mejor sentido de la palabra bueno,  como sentenciara nuestro Antonio Machado.  

Hay poemas donde el lector encuentra un nuevo horizonte  y otros donde el corazón se queda quieto. La cuerda del pensamiento sin dejar de procesar va al compás de la sangre que se ha quedado en la desconocida nostalgia de un hombre que lee por primera vez  y ve al padre de Robert Gurney, como si estuviera allí, en las islas británicas, en silencio.

 

El poema se titula ‘Hospital’.

El hospital

Mi padre estaba

en el último piso

del hospital

de Luton y Dunstable.

Sufría

terriblemente.

Me susurró

que quería lanzarse

por la ventana.

Le pedí

que no lo hiciera

por si acaso

hubiera alguien abajo.

Creí ver una sonrisa

en sus labios.

 

Y apretando los labios para que no se nos fuera la alegría, rozando ya la nostalgia antes de tiempo, después de la despedida, nos alejamos.

Y yo les dejo con el poema “La mujer de blanco” que Robert Gurney  nos cedió para el volumen de Los Poetas de la Senda y está dedicado a su amiga Ketty Alejandrina Lis.

 

Adiós maestro, hasta muy pronto, le digo, mientras voy recordando ese poema a Dylan Thomas que nunca me cansaré de releer

 

La Mujer de Blanco

La noche era negra como una biblia.

Conducíamos

por una senda en Gales

cuando creí

vislumbrarla

con mis faros

a la mujer de blanco

sentada

en un portón.

No supe

quien era

ni lo que significaba.

Parecía estar de luto

por el robo

del círculo de piedras

de ese campo.

Luego creí ver

a Dylan

arrastrando los pies

hacia una aldea

donde había

un distribuidor automático de cigarrillos

roto.

Luego una lechuza

con alas blancas

y anchas como el coche

atraída por mis luces

se abatió

casi rompiendo

el parabrisas.

Paré.

No había nada.

No sé

lo que esto

quiere decir

pero lo intuyo.

Una amiga mía

en Rosario

dice que su mujer de blanco

es la poesía.

Recuerdo haberla visto

una vez

en un poema de Rimbaud                                                      

sobre una cascada.

Buscaré ese libro de Robert Graves

sobre el tema.

 

De repente recuerdo que estoy hablando con Thomas Graves en Deia, termina de comer y caminamos hacia la casa que fue de su padre Robert Graves. Me dice  “mira ahí está mi madre” y yo veo a la mujer de negro bajo el sol. La veo como la vida que es y se sufre. Y pienso en la mujer de blanco como lo que ha sido y siempre vuelve, visiones de un poeta descomunal llamado Robert Gurney.   

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http://verpress.com/to-dylan-2014/


Publicado por ChemaRubioV @ 10:22  | ARTICULO
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