Viernes, 31 de agosto de 2007
Asistir a una conferencia suele ser edificante pero tambi?n conlleva sus riesgos. Recuerdo el provechoso a?o en el que trabaj? en el habanero Instituto de Literatura y Ling??stica. El mi?rcoles era el d?a en que todos los investigadores deb?amos estar all?, ocho horas de cuerpo presente, para intercambiar, reunirnos y evaluar la marcha de nuestras b?squedas. Pues bien, ese d?a al centro de la semana sol?an programarse conferencias y charlas en el elegante y solemne sal?n del Instituto. Disfrut? all? de formidables disertaciones y amenos intercambios; pero tambi?n ca?a de vez en cuando algo aburrido o repetitivo, y nosotros p?blico disciplinado y profesional deb?amos procurar una mirada de atenci?n lo m?s noble posible. Cira, Zayda o Jorge Domingo, brillantes y entra?ables compa?eros de faena literaria, acumulan an?cdotas de mi inquietud en esas ma?anas de la escuelita. Como los 40 y otras bondades del doloroso aprendizaje marcan y hasta enrumban, ahora tal vez hubiese sacado partido a varias de aquellas charlas escasas de erudici?n o brillantez.

En este 2007 en Murcia y sin estar citado por nadie he asistido a varias conferencias. La primera estuvo a cargo del prestigioso escritor Caballero Bonald. Hab?a le?do algunos de sus poemas y, sobre todo, entrevistas que me daban la impresi?n de un hombre sabio y talentoso pero algo pedante. De frente a su voz, aquella superficial percepci?n se trastoc? por completo. Estaba ante un escritor de una muy bien llevada vejez; l?cido, di?fano, agradable. Despu?s de leer algunos de sus poemas, trat? de complacer al auditorio con remembranzas ligadas a celebridades art?sticas, pero confes? que no se le da bien el arte de la oralidad narrativa y supimos que para disfrutar el semillero de an?cdotas deb?amos buscar ese libro suyo de t?tulo a la vez sobrio y rotundo: La costumbre de vivir.

Antes de leer uno de sus textos po?ticos, Caballero Bonald evoc? la foto de su padre en Camagu?y y explic? la gran influencia de Cuba en su sustrato cultural y afectivo. Despu?s hablamos de que nac? lejos de la llamada Ciudad de los Tinajones, pero que mi Tamarindo pertenec?a a la llana y legendaria provincia. El poeta no encontr? por nuestra Isla actualizaciones familiares, pero sigue pensando en la luz del Caribe, evocando un r?o colombiano, abierto al cruce de culturas, a la variedad del pensamiento. Al despedirme le record? que en el b?isbol simpatizo con el equipo camag?eyano y que en la colonial y hermosa ciudad se celebra cada dos a?os el mejor de nuestros festivales de teatro. El poeta sonri?, fugazmente complacido, como agregando una m?nima nota al pie del archivo de la ciudad que alimenta esa zona en que la memoria comienza a confundirse con la leyenda.



Amado del Pino ( La Habana )


LA JIRIBILLA ( revista de Cultura Cubana)

Tags: caballero bonald, amado del pino, cuba, habana, murcia, poeta

Publicado por ChemaRubioV @ 19:11
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