Jueves, 11 de octubre de 2007
Cualquier joven habituado a escuchar la m?sica de su tiempo, se asombrar?a, se alucinar?a, s? claro, al o?r el texto de una de las canciones m?s vigorosas y rebeldes que ha dado el repertorio de lo que se conoce como cantautor. Ya no es precisa la alucinaci?n; Loquillo, el m?s l?cido y rebelde de los rockeros (?cantautor?) actuales pidi? prestada la inspiraci?n al mayor emblema de la canci?n francesa, Georges Brassens, para comunicar todo el desprecio que el hombre siente por aquellos que nos quieren sumisos y conformistas. Con seguridad, los seguidores de Loquillo desconocen que La mala reputaci?n naci? hace 45 a?os y que su autor es uno de los pilares de la cultura francesa.


El 6 de marzo de 1952, un Brassens desesperado se acercaba hasta el cabaret de la Patachou para mostrarle alguno de los temas que hab?an nacido de su guitarra. Eran canciones contracorriente, textos iconoclastas, ir?nicos, obscenos, divertidos, entonadas por un tipo desmesurado con pinta de oso adormecido. Patachou escuch? La mauvaise reputation y Le Gorille y qued? impresionada; le pidi? que volviese al d?a siguiente para entonar esas canciones. Brassens se neg?; nunca hab?a pensado que ?l deb?a ser el int?rprete de esos textos: "Las traigo para que las cante usted", le dijo. "No, no, estas canciones son tuyas, debes cantarlas t? mismo". Al d?a siguiente debut? y todo Par?s hablaba del "descubrimiento". Desde entonces, este hombre hosco, desgarbado, atractivo y despegado de las tentaciones mundanas, se convirti? en el ?dolo musical y personal que una Francia rendida por el cansancio de las guerras, necesitaba. Hoy d?a, todos los hogares galos poseen al menos un ejemplar discogr?fico de Brassens. Alguien deber?a contar a todos esos j?venes que alucinan con los textos underground del rap, que encontraron en la voz de Lou Reed la met?fora del derrotado, que se identifican con la sordidez de un Bukowski encarnado en Tom Waits, alguien deber?a decirles que esa est?tica del perdedor, que esa simbolog?a de la rebeld?a se encuentra desde hace m?s de 40 a?os en Georges Brassens. As? de claro. Brassens fue un anarquista declarado. Un hombre que alcanz? la gloria de ser distinguido con el Premio Nacional de Poes?a de la Academia Francesa de la Lengua, desde la constestaci?n de sus textos m?s viscerales. La anarqu?a, el amor, el sexo, la iron?a y la individualidad, fueron los ejes que marcaron no s?lo su obra musical y po?tica, si no el contorno de su propia vida. Aquellos franceses de postguerra, hacinados en las primeras cadenas de montaje de Citroen, y que sonre?an con las edulcoradas historias de Chevalier, fueron los primeros en compartir el esp?ritu corrosivo de los textos de Brassens. Alguien que dec?a "Al ver que los pobres gendarmes/ estaban a punto de sucumbir/ me alegr?, pues los adoro/ en forma de fiambre", estaba cantando en su mismo idioma, con sus mismas palabras. Ese desprecio feroz por toda forma de control, de dominaci?n, encontr? terreno abonado en el esp?ritu galo que no en vano esculpi? aquello de "Libertad, fraternidad, igualdad". Brassens se mofaba de todos los burgueses bienpensantes con los peores insultos que en abundancia posee la lengua francesa. Esa forma de rimar sus pensamientos, esa clarividencia para encontrar un lenguaje popular, directo, humano y divertido, le abrieron el coraz?n y los hogares de todos sus compatriotas. Brassens ha sido -y sigue siendo- un ?dolo, un pedazo del patrimonio tel?rico de los franceses. Alguien que siempre vivi? alejado del relumbr?n del "star system", encerrado en la soledad de Crepi?res y que una vez al a?o -por navidades- se acercaba hasta el Bobino a presentar sus canciones comprobando a?o tras a?o, c?mo las entradas se agotaban con meses de antelaci?n. Alguien le pregunt? en cierta ocasi?n por qu? sal?a a cantar siempre con la pipa en la boca. "Porque soy m?s fumador que cantante" respondi? con lucidez. No era cierto. Brassens fue un magn?fico compositor, un apasionado seguidor de jazz, de la tradici?n musical de tantos guitarristas franceses que han poblado los escenarios. El d?a que se le reproch? que sus canciones eran mon?tonas, simples y vulgares, Brassens reuni? a sus amigos al frente de Moustache y dej? para el recuerdo un doble album con la versi?n jazz?stica de sus ?xitos, que asombr? a todos los m?sicos. Georges Brassens muri? como quiso morir. Solo, sin ayuda, sin dar p?bulo a la piedad. Enfermo de gravedad, pidi? a sus familiares que no le atosigasen. Cuando el c?ncer de h?gado amenazaba con minar sus fuerzas, consinti? que le instalasen un timbre con el que pedir ayuda en caso de necesidad. La ma?ana del 29 de octubre de 1981, sus familiares se encontraron con el cadaver de Georges. Muri? a los 60 a?os sin tocar el timbre. Tal como hab?a vivido. Muri? solo, pero rodeado del fervor popular que ni a?n hoy le ha olvidado. Enterrado en el cementerio de los pobres de su natal S?te, cerca de donde yace su paisano Paul Val?ry ("Si sus versos son de m?s alto nivel/ mi cementerio es m?s marino que el de ?l/ Dej?monos de discusiones", Brassens deja un legado de 12 discos donde el franc?s medio encuentra la voz de su propio testimonio. La voz de un cantante que s?lo se consider? un juglar, un contador de historias: "Tengo verdadero talento para unir unas palabras con otras, pero no creo que se trate de verdadera poes?a. Es una especie de habilidad, una ternura que pongo en mis canciones". Qu? sab?a ?l...

Articulo escrito por Joaqu?n Carbonell
Publicado en la revista GHAITA-1995.

Tags: brassens, francia, anarquia, javier krahe, canciones, musica

Publicado por ChemaRubioV @ 20:01
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