Viernes, 21 de diciembre de 2007
Escribir sobre un amigo es siempre agradable, pero tiene su dificultad a?adida. Hay que ser inflexible como con el peor enemigo para ser cre?ble. Lo bueno es que yo no busco nada: solo cuento, y lo escribo para que frente a los doctos, no me venga el temor y olvide la raz?n.

La primera vez que le vi, fue al recoger un fornido micr?fono que se me resist?a a quedarse en la mu?eca izquierda, mientras los poemas parec?an una baraja de cartas en el desbarajuste de la mano-mantequilla: ?ser?a por los nervios de actuar en Am?rica por primera vez? No creo. ?Ser?a por la silla blanca de pl?stico que podr?a abrirse de patas hasta hacer de mi retaguardia musculada un asentamiento salvaje en el suelo con todas sus pertenencias? No, no creo. Quiz? pudiera ser por el hombre que entraba en el recinto, con sus ojos negros como dos tumbas abiertas, que saludaba m?s con un alzamiento de cejas que de voz y que, cerca de la salida, busc? su asiento solo, por si ten?a que desaparecer... ?Pudiera ser por este hombre con quien, al presentarse, su aura corporal tambi?n levantaba un rumor incontenible, un ca?tico haz de susurros llenando el aire de un elemento nuevo?

No, tampoco lo creo, pero as? fue como antes de que nos presentaran yo lo descubr? en mis ojos, como otro igual.

Alan Mills es guatemalteco por los cuatro costados de la vida. A?n tiene menos de treinta a?os y de joven s?lo tiene sus versos, si me permiten la osad?a. Sus poemas, se har?n viejos amigos en los cuerpos, que soportando la cruel lluvia de p?lvora y fuegos ignominiosos, se atrever?n a cantar a la vida sin miedo a perderse entre el dolor de las tardes ajenas; porque nada del mundo le es ajeno.

Alan, cuando mira de frente, as? es su forma de mirar, no le teme al vientre del cielo que baja su tormenta y empeque?ece el espacio. As?, el orador puede hablar de la muerte, como si por ella hubiese pasado su cuerpo y aun le saludara de vez en vez. Es por eso mismo que el poeta puede cantar al coraz?n humano desde la lengua misma del indio, del Otro, sin temor a no ser entendido o ser inoportuno a los intereses predominantes: Lenta es la luz/cuando quiere alumbrar/los pozos de lo olvidado.

As? comienza el excelente poema que da t?tulo a su fantasmal libro Marca de Agua, tomado del celebre tomo de Joseph Brodsky. Sabiendo Alan que lenta es la luz y que el olvido llega r?pido, no por ello deja de atreverse en cada b?squeda implacable de s? mismo, en ese camino donde la palabra es la herramienta del lenguaje y la religi?n el placebo (si lo le? bien). Porque se reconoce igual en el intenso placer de los abismos (vease el poema Alcohol) como en el delirio del alma febril. Adem?s que nunca deja de lado la idea de dios, y en sus Poemas Sensibles desfila siempre el ser m?s humano ante la triste miseria del hombre que va refundi?ndose en el oropel superfluo que oculta todos sus nombres.

Como otro igual, que no teme caminar por sendas minadas para averiguarse sin contemplaciones, con el poeta nada joven y sus ojos del asombro en la locura existencial, el lector puede sentirse a salvo del aburrimiento, de todo tedio, y acercarse con decisi?n a sus S?ncopes.

Texto le?do para la presentaci?n de Alan Mills en el ?ula de Poes?a del C?rculo de Bellas Artes de Madrid.

Escrito en la c/ de Caspe. 10 de enero .A 7 Km. del Circulo de Bellas Artes . 2007.

Tumbas abiertas en el C?rculo de Bellas Artes, Madrid


Por CHEMA RUBIO V.

Publicado por primera vez ; en el blog : REVOLVER
de Alan Mills a las 11:11 AM

Tags: CIRCULO, TUMBAS, PROSA, BELLAS, ARTES, MADRID, CHEMA

Publicado por ChemaRubioV @ 20:00  | ENSAYO
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