Mi?rcoles, 23 de julio de 2008
 
Centro Cultural Hibueras
Casi dos décadas de soñar, caminar y hacerse acompañar

Finalizaba la obscura década de los años ochentas, tres
hondureños se encuentran en Costa Rica, entre trago y trago, el tema
es el mismo: el dolor de un país que no acaba de nacer y el
desasosiego de regresar sin un proyecto de vida debajo del brazo,
para justificar sus existencias.

En Honduras, las aguas políticas retornaban su cauce, la
inseguridad aún se percibía en el aire, de hecho aún lo hace. Un 12
de julio de 1989, en una de esas reuniones, en tres corazones
hondureños exilados en tierras costarricenses, surge una aspiración
denominada Centro Cultural Hibueras, las convicciones no se podían
tirar a la basura, era preciso comenzar a recorrer un camino hacia la
búsqueda de la justicia, la paz y solidaridad.

Juan Moreno decide quedarse en Costa Rica. Candelario Reyes y
su esposa Elena Guadalupe Pérez regresan a Honduras e inician un
trabajo de promoción humana con la niñez abandonada del municipio de
Santa Bárbara. Sin ningún financiamiento más que la aportación del
salario de maestro de Candelario, comienzan ha desarrollar
actividades educativas y artísticas generadoras de cultura en las
márgenes del río Cececapa. Poco a poco la gente se acerca, por
convicción o por curiosidad, muchos se incorporan como voluntarios,
pese a ello, el camino cuesta arriba es arduo, pero acompañados, las
penas son más ligeras.

Aparecen organizaciones solidarias interesadas en los procesos
de acompañamiento, la metodología se construye con la gente y
aparecen actividades educativas lúdicas donde las personas comienzan
a identificarse individualmente en lo colectivo, a creer en la unidad
y ha comprometerse con su participación acompañando procesos
comunitarios. Se impulsa las madres artesanas, la niñez comienza a
recibir formación en teatro, danza, música, literatura,
cooperativismo infantil, comunicación y los padres comienzan a
organizarse en torno a proyectos productivos. Otras organizaciones se
suman con su apoyo técnico y financiero y la senda se avizora
esperanzadora, las personas se forman y en ese proceso construyen
sueños.

Alguien dijo que el placer del caminante está en el camino y no
en el lugar donde se ha propuesto llegar, diversos artistas han
enunciado lo mismo, pero pocos versos son tan hermosos como los de
Antonio Machado evocando las percepciones y visiones de libertad y
melancolía de ese peregrino que todos llevamos dentro y, que nos hace
encarnar cuando manifiesta: oeCaminante, son tus huellas/ el camino, y
nada más;/ caminante, no hay camino,/ se hace camino al andar./ Al
andar se hace camino, / y al volver la vista atrás/ se ve la senda
que nunca/ se ha de volver pisar?.

Hoy, diecinueve años después de aquel comenzar a andar, se
puede ver atrás el camino recorrido. Si guardamos silencio, aún se
escucha el suave murmurar de las aguas del río Cececapa en la risa de
felicidad de un niño, desde lejos se atisban las frondosas ceibas,
los elevados liquidámbar, el duro granadillo que ha crecido a la vera
de aquel camino que hace casi dos décadas, tres hondureños comenzaron
a plantar con ilusión.


*Alex Darío Rivera M: Educador, Promotor Cultural
santabarbarense, editor de la revista histórica-cultural y de la
serie documental de televisión "Raíces" y estudiante de Ciencias
Sociales en la Universidad Pedagógica Nacional "Francisco Morazán"
(CUED) sede de Comayagua.

 

Tags: centro cultural, honduras, 19aniversario, hibueras, costa rica

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