Viernes, 25 de julio de 2008

IDIOMA DE LOS ESPEJOS

(POESÍA)

 

 

Carlos Garrido Chalén  me llama a prologar su poemario Idioma de los Espejos, creyendo, en su  nobleza fraternal, que soy capaz de retribuir su  halago con alguna gema  comparable con la suya sin nombre, porque ninguno  conocido puede describir está obra que brilla por si sola.

 

      Es por eso que llego, temeroso de no merecer su abrigo, al umbral del templo donde prende la llama olímpica de la justa librada por el Poeta guerrero—antes de la siega, cuando el fruto sea perfecto, y pasada la flor se maduren los frutos, entonces, podará con podaderas las ramitas, y cortará y quitará las ramas” (Isaías 18Avergonzado — el epígrafe que señala su poema: Cuando Maduren los Cerezos.

 

Encuentro difícil el desafío, más no imposible. Lo permite el sentimiento que causa este árbol nacido en el frondoso bosque del hombre que “no es gemido de palomas/ni soplo de fuego/en la fontana”, de su primer poemaCon sus huellas digitales la Palabra.

 

Bastaría detenerme aquí en mi ejercicio de prologar este poemario, que no necesita de serlo porque en el asoman  en perfecto estado natural todas las ramas y sus hojas. Así brotaron  del formidable tronco madre que las alimenta. No logro descubrir  una sola de ellas, seca, tronchada, efímera, aletargada, decadente, mucho menos fenecida que me diga que el árbol  está sembrado en mala tierra. No puedo ni quitar ni agregar— solo puedo navegar el  nutrido ramaje de inquietudes oníricas de éste lúdico nido  zurcido con exquisita  maña de tejedor de mundos nuevos  por El,  Carlos Garrido Chalén, confidente del viento. A El  lo  “encargaron de lo alto/de cubrirla de celosías/con farolas/encantadas/por el celo/ de la brisa.”— Allí, El—se estremece/en la casa/de castores/de la nada/como palo/de ciego/que se agita/cuando llora/el enebro/en la montaña. El—“Tiene nombre… y sin embargo, “no conoce/ si es que ahora/lo pronuncian/las cigarras”. El, no sabe  que sabemos,  que Dios le ha dado permiso para “inventar a la alegría”.

 

El—es dueño de una llave mágica capaz de abrir las entrañas de la Fiera humana para sembrar allí el sueño, su sueño de: “crear una sonrisa para los niños/que se quedaron sin navidad/en lontananza....Inventar un mensaje inédito de amor/para que millones de palomas/lo lleven por el mundo jubilosas.”

 

A El, le “gustaría/ inventar un planeta, / sin abismos ni alimañas/para los que nacerán mañana”—El, ya lo ha puesto en órbita. Su inquieta pluma andariega cruza desde mucho tiempo las fronteras de la tierra trazando banderas blancas en la cima de las cumbres azotadas por la belicosidad, para que “las guerras se peleen/de hoy en adelante, / con las mismas  armas pero de juguete/con las que de niños/solíamos derrotar/al enemigo imaginario”— (Del Poemario “Confesiones de un Árbol&rdquoGui?o.

 

...”Convertido en águila/emplumada/a las alturas, y aunque rujan/y turben/las aguas/de los mares,/ siempre seré tú,/ los otros,/ los que llegan— declara  en su poema: Porque aún en la risa se entristece el corazón, el noble raciocinio  de promover la  poesía de quienes acuden a su benevolente crítica—El convierte en realidad el anhelo de quienes presumimos ser poetas, cuando publica con el mote de “Poema del Gran Poeta Tal”,  las letras que desbordan su esquina de Tumbes, de autores esperanzados en recibir  su aliento moral, siempre acompañado de  generosos augurios.

 

El, es un Poeta universal. En, Mirando a dónde van las mariposas cundo brizna, se nombra “…lugarteniente  del viento... desde comienzo de los siglos/ hablo un lenguaje/sin parentesco, / con el que suelo entenderme también/con los albatros”. Así tildado, El lidera las batallas que a veces rehuímos los menos atrevidos de nosotros, y arremete contra la injusticia humana, el desacato a la verdad, el concubinato de la ley con la impunidad— luchas que en más de una  ocasión— escribe Julio Lupo Chaparro Hidalgo, escritor ecuatoriano, en su ensayo biográfico  sobre  Carlos Garrido Chalén, Artista de su Propia Obra: “Después de vivir en la capital del eterno verano una juventud liberal y alegre signada por la bohemia cultural de una  época en la cual no se concebía de otro modo al artista, sentó cabeza ...cuando se casó. En los últimos años lleva una vida tranquila después de tener una gran decepción política, que le sirvió para robustecer el  alma y el espíritu. Hoy vive en el retiro de su sombra cultural, recogiendo los pasos de su propia experiencia, regando pétalos de rosas en un jardín esplendoroso junto a la jardinera de su propia vida, recordando al viejo Montaigne: "En todo lo que escribo, digo mi verdad y me basta”.

 

Hoy, escribo al comienzo de este humilde intento de prólogo de su poemario  Idioma de los Espejos: “no puedo ni quitar ni agregar nada a lo dicho”—solo  puedo extraer la riqueza del  dinamismo lingüístico que utiliza Carlos Garrido Chalén para atrapar el regio panorama de sus profundas platitudes filosóficas “espiritual más que viril”, como define su pensamiento el ya citado escritor Chaparro Hidalgo.

 

Así, extrayendo joyas, su poema Bogando por el cielo en mi barcaza“Marino del Universo/ veo el mundo/desde arriba/como lo hacen/los satélites/y de cara al mar/o apuntando a la montaña/levanto murallas de reserva/para convencerme/de que existo…”—trasciende las fronteras terrenales que El pretende habitar felizmente, para observar como solo los Dioses pueden hacerlo, con  truenos y rayos, el sombrío escenario de la tierra sepultada en su abismo de miserias incontables.

 

El, en su jardín paradisíaco, con sus flores de sangre  prendidas a su  majestuoso tronco de  esperanzas, las entrega al mundo pulsando la  lira de su pluma  y  traza para quienes no saben hacerlo, el camino a la bonanza de los años de cabeza  blanca, Como cascada que se precipita majestuosa, otro de sus poemas, que  sabe “diferenciar/el rugido de un león/del grito/del mapache,/ el trino de un canario/del suspiro del pinzón/cuando se muere. Por ello, concluye: — “…soy cardo/y soy retama. /Y aunque/de vez en cuando/me escondo en los cardales/tengo el hábito de triunfar… /soy ahora un perspicaz/detector de riachuelos.”

Indeleble huella la de Carlos Garrido Chalén en los anales de la literatura. Su destino literario está trazado por una línea recta hacia el nuevo Parnaso americano. El sendero, más que abonado y sembrado cuidadosamente, cruza un bosque sin talar, ¡Que jamás suceda ¡— quedaría estéril la campiña, se secarían los ríos y toda  fuente de existencia espiritual — sin la sombra de sus árboles de letras. El lo dice en: Me siento más un puerto que una rada“Soy cardumen/que de lejos/parece un solo pez/y con mi pebetero de incienso/como un flamenco alegre/me muevo/en los barbechos…../soy guerrero de oración, / sifón y tetraedro/y tengo en consecuencia otros caminos…/viajo por los niveles del Cielo…y me regreso.”

 

Largo trecho éste que pretendo recorrer, verso a  verso por El Idioma de los Espejos. Lo haré  en pausa de edad,  mientras pueda posar mis ojos en la huella escrita aquí y en mi vida personal enriquecida  por la suerte de conocer al Poeta —increíble pero cierto— en retrato y solamente a través de incontables intercambios virtuales. Ello, no ha mermado un ápice el entrañable afecto que nos profesamos. Hermanos somos en el viento de la inspiración viajera por el terreno de la sinceridad  y de la hidalguía. ¡Ah ¡— y por el suntuoso escenario de una América  recorrida toda por las libertades poéticas  que  van y vienen inspiradas en la pluma de Carlos Garrido Chalén.  Él”— escribe una de sus más fervientes admiradoras cuyo nombre me reservo  porque así lo quiere ella, “Desde su humildad, su porte incomparable, y su voz y sus versos, es un todo que nos toca el alma…”

 

Hermanos lectores. “Cuando el sol se canse de abanderar el cielo”“iré con mi martillo/y mi cincel/a buscar anclas hundidas/ en la niebla—“Como porción de mar entrando a tierra  firme” , “Vivo con la proa al Cielo/y con el ancla/clavada en tierra firme…”—“ Llenando de esplendor litúrgico el camino” — “Conozco la cara oculta de la Gloria/ y sé que la guerra/ del Gran Día/está muy cerca/…Y como toda brizna de hierba/ tiene su Ángel/instándola a crecer/seremos multitud/para desalentar al adversario.

 

Premonitorio esquema poético. Apocalíptico. Nace a  saltos de mi  imaginación apurada por su reclamo del poeta,  no para reducir a líneas sueltas la magnitud de este poemario sino para exaltar el poder subliminal  que tienen, aún cortados, todos y cada uno de los poemas que lo componen— un poder que “no es más que adosar los dioses del silencio para que beban de la madre tierra y busquen en el cielo el significado de la existencia” , según describe la  obra general de Carlos Garrido Chalén, otro grande de la literatura, el escritor boliviano Jaime Martínez Salguero, agregando:  “porque Carlos sabe enlazar esos mundos donde el hombre ancestralmente buscaba su referencia; él  la resalta para que no se pierda ese sabor de lo nuestro, de su Perú amada que mama la cultura de los incas y españoles con un dote ancestral gritando lo bueno que es hacer de esto muy dentro nuestro al abanico de culturas para entregarla al mundo, a todas las fronteras vírgenes  para que se oiga que en el cielo hay un Dios escuchando la voz de un pueblo a través de él,  hecho poesía de alta magnitud…”.

 

En cuanto a mi se refiere, éste prólogo es, en inconcluso análisis, un paso dado con enorme anhelo de medir afectuosamente el prodigioso escenario del Idioma de los Espejos, un astro más en el espacio sideral de la prodigiosa imaginación de Carlos Garrido Chalén.  

 

Su último escalón, el poema  titulado, Llenando de relámpagos la Vida, El escribe: ‘“es difícil ser Ángel de un poeta” — y como si hubiese sabido que ésta humilde Ave Viajera encontraría imposible poner punto final a su disertación de prologuista de su obra, escribió lo que nadie hubiese podido escribir con tanta certeza: “Por eso,/ como lobo indio/o chacal dorado,/ perro aullador/ o zorro de la estepa,/retozo enternecido/en sus dominios/y me lleno/de polvo de estrellas/cuando otea….” Así concluye El, no Yo, el trámite natural de pasar a la historia en carroza de letras triunfales. “Venturosa jornada, Maestro.

 

Joseph Berolo

Ave Viajera

Colombia

 


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