S?bado, 26 de julio de 2008

 

 pero Txema en el 2000 si vivió en Washington, y convivió repetidas veces  el espacio donde estuvo el Príncipe de todas las Asturias. Txema llegó allí por lo que había leído en la prensa y demás medios de probada desinformación. En todos se repetía la misma cantata, El Infante Felipe logra plaza en la más importante universidad  americana. No por su ascendencia ni por la supuesta Sangre Azul, (decía la prensa rosa e indicaban los informativos amarillos) no, no que va , era por su sólida formación y por su preclara tesis en el descorrer del cortinaje a la hora de los " inaugura-cines".  


La primera vez que Txema se encontró de repente con las piedras de aquella universidad, hizo una fotografía al ojo del viejo cañón, en cuyo tubo brillaban los botes de coca-cola y restos de sándwich que sobresalían por la boca. Luego se fue derecho al departamento de literatura. No encontró nada más que a una alumna que escribía una carta a su novio, hay que decir que no era del primer mundo, sino de Guatemala. La indígena y Txema hicieron buenas migas y de vez en cuando se encontraban en los aledaños de la Gloriosa Universidad donde el Borboncito hizo furor entre las juvenillas, pero se vino a casa sin casar como siempre. 

 

La segunda vez subió raudo las escaleras de dos en dos hasta el cuarto piso, no porque tuviese fobia a los ascensores, Txema comenzó a correr hasta la cumbre porque tenia prisa y los ascensoristas estaban de vacaciones.

Tampoco halló esta vez nada de importancia, ni siquiera a su amiga guatemalteca.

Se encontró más solo que la una, y sintió que no valía la pena haber salido huyendo de la Navidad Ibérica para alunizar en la terrible verdad del consumo: christmas por aquí, laureles rojos ¡de plástico! por allá, y la alegría solo encontrada y no por casualidad, en casa de  su querida amiga Bárbara Cristy y de Rei Berroa, su confesor literario y mental. George Town quedaba cada vez mas lejos y Txema pensaba en el cochinillo segoviano y en su familia toda.

E.E.U.U. se estaba convirtiendo en el gusto invisible, en un poder mucho más centralizado del que era capaz de instaurar el aznarin de las españas.

 

 Txema se iba diluyendo cada vez más en el Don del quijote cervantino. Omitiremos las andanzas previas  pero la tercera vez  que vistió la universidad, le comunicaron en un ingles de puro-Búfalo norteño, que los profes aun tardarían en ser vistos, pues solo tenían una clase semanal durante todo el mes de Enero.

¿Ustedes habrían vuelto después recibir dos soberbias bofetadas como si sus rostros fueran ajenos a todo dolor?

 

(silencio 10 segundos)

La cuarta y última vez, encontró un despacho abierto. Como si hubiese entrado mil veces antes, abrió la puerta sin llamar, un señor ni joven ni viejo ni mudo ni ciego, levantó la cabeza  como si se hubiese colado un fantasma  de otro tiempo

-¿Quiere algo? -sí,  usted me comprenderá, como español que es no tendremos problemas con el idioma. -¡No creo! ¿ De donde vienes?

 -De Segovia. Me llamo Txema. Y solo quiero poder ganarme la vida dignamente.

-¿ A que te dedicas? -Escribo versos. Aunque estoy abierto a todo. Soy hijo de resinero, huí del pueblo el mismo día en que unos veraneantes me contaron la maravilla de viajar. -¡Y aquí estoy! Esperando poder echarme un mendrugo de pan con que poder sustentar mi maltrecho estómago.

 

 

 

 

 

Alejandro de Soria, que así se llamaba el profesor, ordenó traer unos canapés y un par de cafés pero no americanos, apenas contenían el agua justa, dos auténticos cafés al  puro estilo italiano. Perdió 40 minutos de su apreciado tiempo, le buscó la dirección del Instituto Cervantes en NY. ciudad a la que Txema fue, pero al no encontrar las torres gemelas tampoco le apeteció visitar el instituto cervantino. Alejandro de Soria, también le hizo entrega del teléfono del más gay que poeta, Francisco Moran el que ganó dos premios y publicó sendos libros. Dos concursos con llamativos nombres de los consagrados. Luisito Cernuda y Federico Loca. Perdón, Lorca. A veces me traiciona el subconsciente, y se me ve la envidia. Este poeta que había vivido en Cuba  para más señas, había dejado dicho que de ninguna manera se mostrara a nadie su teléfono. Pero Alejandro pensó por sí mismo: los poetas son todos iguales, se abrazaran en cuanto se conozcan. 

El  quijote español llama al profesor estirado, y este pletórico le responde: -mañana en el despacho 14.

Luego de dar mas de mil doscientas vueltas sobre 160 metros cuadrados, exhausto preguntó a un señor de uniforme que estaba sentado en una silla de niño se podría decir y leyendo el periódico sobre sus rodillas.  -¿Podría decirme señor, si es tan amable,  donde queda el despacho 14? ( todo en un imperfecto ingles )

Antes de responder el señor de la silla de niño, responde Otro que parecía un clonw del primero,  pero sin uniforme.

-¿ Es usted Txema Velasco? Por aquí hágame el favor.

 El despacho consistía en una mampara de medio metro de alto por medio de altura. A  la mampara se le había colocado una tabla clavada en el mismo centro. Y dos sillas, no vamos a decir que de niños, pero si para cuerpos que  adolecen de estatura media-baja.

-Claro, como demonios iba  a encontrar el despacho 14, si además de no poner ni despacho  ni nombre  tampoco es un despacho... - No me hable de España, que allí todavía están en la edad de bronce.- Vale, perdóneme, este es mi último libro.- yo le he traído una antología que he publicado de la mejor poesía cubana desde José Martí hasta nuestros días. Además he incluido un poema mío.-Pero hombre como se le ocurre editar 725 páginas de la mejor historia poética y además de ser juez ser también parte. No, ¡ hombre de dios! No busque el protagonismo de esa manera, usted siga presentándose a los premios, concurse hombre que lo tiene todo ganado. Adiós nos vemos cuando sepa algo de la presentación de mi libro. Ah y no se olvide, en George Town nada es gratis. Y mi trabajo más apreciado por el sensible pueblo inteligente que por los becarios que aspiran a docentes.

 

Querido público, aunque todavía no comprendo como son capaces de resistir esta historia  petarda, prosigo y espero que después de aplaudir, se cansen de bailar con los quijotes de George Town, pero eso vendrá después de que se cansen de comprar las PoeRisas del Amor. Ese libro que los amigos de Miguel Hernández. les venderán.

 

Pues si señores y caballeros , perdón no quisiera olvidarme de los hombres y tampoco de las damas de distintas edades, pues a todas miro por igual y con el mismo interés me dirijo a Ellas solo. Como les decía ahora les dejamos con un bello canto.

 chemarubiov
www.chemarubio.com

 


Tags: miguelhernandez, georgetown, principefelipe, teatro, universidad, prensa

Publicado por ChemaRubioV @ 19:55  | TEATRO
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