Viernes, 08 de agosto de 2008

«La industria de los medios de comunicación de masas,
dedicados constantemente al lavado de cerebro del Hombre»:
Allen Gingsberg

«El misterio me gusta», habría dicho
a todos ellos, beatíficos Beats de los '50.
Lo profundo que no tiene etiquetas.
Lo que todavía no ha sido rotulado en el mercado
por la razón del precio y mimetismos
motivadores de advinientes sabandijas.

¡Ese misterio de la fe que a mi razón
lleva a cuestas como un chamaco bobolongo y jipucho!
Ese misterio de vivir y reventarse desgranando
un mejor sueño al aceptar la vida.

Sin embargo, hoy hiede demasiado
y estorba mi camino. La cultura de masas
me traiciona y tanto que me entretuvo.
(¿Qué pasa que el misterio se ha pudrido?)

De texturas de consciencia hizo sus embelecos
y tiró las perlas a la cloaca y de los cerdos
nacieron los demonios. «El misterio me gusta»,
le dije a un editor de viejos beatniks.

«No importa. Yo lo compro».
«No, no se compra algo así. Eso se vive.
Es lo que yo hubiera querido compartir
en rigor al conocerlos».

¡Ese misterio de liberación era un dolor
de mi espíritu; era un mandala mío,
era un profundo canto y dolor de crecimiento!

Hoy es el pretexto de los clasemedieros y escapistas,
toleradores intolerantes de sus propias consciencias,
simios con lenguaje precautorio, alabanzas
para catar sus alcoholes y darse pisto
como frívolos neo-fascistas,
buscadores de putos, masificadores de poses.

2.

Mas éstos no se sientan a mi lado.
Ninguno será digno. Estos venden sus madres
y sus manuales del puñeteo a solas.
No están interesados en tu 'beat', Ging...
sí en cómo hablar a una 'wahine'
y hacerla revolcarse de ardor durante el coito.

Yo rememoré otras cosas en planos argumentativos.
¡Ese misterio cósmico, oloroso a hierba,
a vegetal monismo, a húmedo prado!
me ata todavía. Y, sin embargo, se perdió
en el camino; en evento lleno de parafernalias
y 'press realeses' y películas y pancartas
y festivales y jugueterías.

Whitman, el lenguaje noteísta, la abundancia
de providencia justa y fe profunda, agonía,
ante el porvenir humanitario,
se perdió en el camino, Jack Kerouac.

¡Ya sólo se tiene fe en la discoteca,
en la mota, en sicodelia, en sexo, en el ruido
y la sonaja de unos mundos oscuros,
subterráneos y logreros!

Para que los valores comerciales tengan
una irrupción al nuevo paraíso, hágase
el odio mercancía. Cuáquera la tradición
del paganismo; cómase la rebeldía del mismo plato
que esta gusanera ad hoc, parangonada,
para fungir como nuevos exorcistas puritanos.

3.

Con un bongó se acercan. Son las cigarras
del culturalismo. Herejes instrumentales del mercado.
Doctos en compraventas, oidores de utopías.
Y, desde tu tiempo, Kerouac,
lo examinaron todo.

Deificaron el 'marketing' desde tu librería, Ferlinghetti;
se amanecieron con el fondo de jazz en tus congales
mientras Gingsberg desprotricando, seleccionó
a un amante, ¿y Timothy Leary?
como Neal Cassady, Burroughs, Huncke
y Ferlinghetti observando la horrorosa
decadencia de ese ritmo beatífico,
la idea, la desnombrada idea
que fue mi fe, mi principio de habla
y esencia de sus portentos generacionales.

4.

La disolución fue la anunciada apocalípsis.
Muérase con la teología autoritaria, el misterio
de tu fe y tu canto, Walt. Quede sólo la boina,
lo híbrido de esos seres reunidos
en tu nombre. Quédese la cultura popular,
la desconfianza y el descentramiento.

Abajo los Grandes Relatos, la Ciencia
y los charismas de la izquierda y sus delitos.
Abajo las sospechas del anarco
y los organizadores que aplauden el futuro
o su utopía. Habló el veneno con miles
de bocinas y cigarras. Y los callaron.

Leen el humo que se esparce en el café cantante del poeta.
Buscan la calva de alguno, orejas perforadas,
Suicidios en camino, chisme y novelería,

Y alguna boca chimuela, curtida por muchas bofetadas
de bohemia entre cabellos largos, se prestará
a la traición como un flamante Judas
por cuarenta monedas.

Son las cigarras en El Camino, Kerouac.
Y edificarán, con prosa y versos que tú escribas
su postimpresionismo de vitrina, uno que despreocupe
al mundo de dios y la injusticia que campea
por sus respetos. Van a dorar las píldoras al tiempo
que se adora el misticismo entre comillas.

Van a preguntar al que viste de negro
con qué clase de budismo comulgará mañana.
Comprarán su guitarra, la esconderán
al rifarla en una kermesse a algún museo,
valdrá lo mismo que los ojos y los dedos.

Ha de darse un culto a la tecnología,
al no pensarse en profundo
porque la Razón es espúrea, prejuiciada,
y la ciencia, una Torre de Marfil en tanganillas.

La intellegentzia es incapaz de vender nada.
No contribuye al consumo. No nos sirve.
Tú sí, putazo, inconformista, todo
lo que responda al hambre de pequeños ídolos
y a su masificación en los mercados.

«¿Por qué se deja la barba y las perillas
y se cubre con boina?». Diga una razón
que yo lo cito y comunico a las audiencias
su razón de desencanto; la juventud espera.
«¿Por qué no volvemos al tema del misterio puro?»

Entonces, vino la anonimia voluntaria
y la trinchera y el clandestinaje
y la Beat beatífica se sepultó
en silencio. En cierto, modo
asesinada en el mercado.

Del libro «Estéticas mostrencas y vitales»

CARLOS LOPEZ DZUR

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http://ocnaranja. blogspot. com/

* Dedico este poema a la Beat Generation, el primer grupo de poetas y escritores norteamericanos, que comencé a leer con mi despertar a un nuevo paradigma cultural, la Nueva Era... especialmente, a Allen Gingsberg. Nazco en medio del hippismo y una generación contracultural; pero ellos eran lo mejor, a mi juicio, del momento. Tras Woodstock, post-Vietnam era, donde comenzó a pudrirse...

Tags: Beatniks, allen gingsberg, masas, medios, Whitman, Burroughs, Kerouac

Publicado por ChemaRubioV @ 0:58  | RELATO .
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