Domingo, 17 de agosto de 2008

Jorge.

Tiene la cara más conmovedoramente bella que yo haya visto en un hombre, lo conocí una noche de 1999 en el zona bar, entonces él tendría unos 24 años, se me acercó como fantasma, con esto quiero decir que cuando me di cuenta ya lo tenía a un lado diciéndome “ Hola”…

 

 

mi primer impacto con esa cara fue devastador…la perfección existía…era moreno el muchacho este, eso si, no era alto, y a los 24 años estaba metido en un bar rockero, vestido con suéter de cuello alto, saco de oficinista y pantalón formal, el cabello corto, y si algo nunca olvido: es que emanaba un suave aroma a miel de maple…preguntó mi nombre y se lo dije, entonces dijo llamarse Jorge…Jorge miraba de un modo preciso, directo y curioso, los ojillos hermosos oscuros tenían siempre un dejo de preocupación, y la boca, tal como decía Oscar Wilde: “se le plegaba inevitablemente en un mohín desdeñoso”…Jorge era asesor de diputado por aquel entonces, y lo más urgente para él luego de decidir abordarme en el bar porque yo le había agradado mucho: era averiguar hasta que punto me gustaba la música de Eric Clapton…lo primero que preguntó después de las presentaciones oficiales fue eso: “¿te gusta Eric Clapton?”…coincidentalmente, resultó que Clapton me gusta, y mucho, suficiente para que Jorge se sentara a mi mesa a saciar su siguiente duda tormentosa, se frotaba mucho las manos, al tiempo que cuestionaba, como conductor de programa de premios: “Dame tres nombres de canciones que te gusten de Clapton”…perpleja por su insistencia le respondí a quemarropa: “Old love, blue eyes blue y running in faith”…a partir de ese momento Jorge decidió, según sus propias idílicas palabras: que yo era la mujer de su vida…y por pendejo que parezca: yo pensé que él era el hombre de mis sueños…maldito el momento en que siquiera lo pensamos…eso fue el atropellado comienzo de una historia escrita de noche, historia de bares, cervezas y vodkas, canciones de Clapton, besos, cachetadas (mutuas), escenas escandalosas de pasión y rechazo en plena vía pública, parrandas y resacas que duraron cuatro años…el tipo sólo tenía 2 temas de conversación general: la política y Clapton…y el centro de nuestra atracción era discutir por todo, si mi actor favorito es Pacino, entonces Jorge me salía con que De Niro era mejor, si yo decía Beatles él refutaba Rolling, tardé tres años en darme cuenta que Jorge y yo jamás haríamos pareja, a pesar de la total y devastadora atracción, a pesar de los gustos parecidos y el mismo nivel intelectual, a pesar de lo mucho que disfrutabamos estar juntos, a pesar de aquellas madrugadas en casa de mi hermano, en esas reuniones literarias donde acabábamos maldiciéndonos, mandándonos al carajo y yéndonos juntos de ahí forcejeando a recorrer otros caminos mientras la noche existiera…a pesar de todo eso: el amor era imposible, imposible una vida juntos…tres años tardé en darme cuenta de que lo que mantenía viva la pasión de Jorge por mí: era la idea del amor nunca alcanzado…si me alcanzaba y realizaba su ideal erótico conmigo: ese amor moriría…y a Jorge le interesaba que ese espejismo inalcanzable se mantuviera siempre así: inalcanzable…fue mi hermano quién me lo advirtió de tiempo atrás, mi hermano estudiaba psicología, y sentenció: “este tipo es inseguro, tal vez padeció maltratos de niño o algo, esto hace que su ideal romántico tenga que ser imposible en su mente, porque piensa que de entrada es imposible que lo ames, y segunda, que si lo amas y tienen intimidad: vas a abandonarlo después de eso”…luego de tres años enamorada del ex asesor político ahora convertido en maestro universitario, puse a prueba las conclusiones de mi hermano, y me llevé a Jorgito a un hotel…se la solté sin rodeos: “estás de suerte, tres años son mucho, consumemos nuestras cosechadas pasiones de antaño”…como cinematográfica coincidencia, Café Tacuba se escuchaba dentro de la habitación con esta hermosa frase de la canción “eres”:

“No te has imaginado

lo que por ti he esperado

pues eres

lo que yo amo en este mundo

eso eres…”

Y si querido lector: Jorge era, lo que yo más amaba en este mundo en ese momento…y de poco me valió, porque dentro de la habitación 14 del motel jardín esa noche pasó lo de todas las noches compartidas antes entre mi amor y yo: pleito, manotazos, forcejeos, besitos, maldiciones…y nada más que sólo eso…

Ya convencida y resignada de que no había modo de lograr absolutamente nada más entre Jorge y yo, yo continué mi vida habitual, publicando mis artículos en revistas, compartiendo las bohemias del fin de semana en el desván de mi hermano: el atinado vidente de mis amores frustrados, y con un nuevo guapo amiguito con el que mataba el aburrimiento, este nuevo y joven amigo, (3 años más joven que yo), no era culto, ni intelectual como Jorge, pero en base a su incultura resultaba menos conflictivo y exigente, además de ser acoplable a cualquier lugar y situación, al lado de mi nuevo compañero, vinieron tiempos de paz y felicidad, el muchachito de barrio no me discutía por pendejadas, era dócil y domesticable como animalito de monte, y trajo a mi vida sin habérselo pedido: aquel amor que tanto esperé que Jorge se decidiera a vivir conmigo…encontré el amor, el amor duró año y medio…tiempo en el que Jorge regresaba cada cierto tiempo al zona o a la mutualista a buscarme, me veía, me jalaba del cuello y me susurraba al oído: “como he extrañado a mi novia”…y yo le invitaba una cerveza mirándolo ya con el cariño con que se mira a un viejo amigo, con ese cariño añejo con que se observa a la distancia a un compañero de viejas madrugadas bohemias…ya solo atinaba a responderle, si acaso con una mezcla de irónica añoranza: “Oh my darling: you look wonderful tonight”…



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Tags: coctelera, blogs, bohemio;jorge, argentina, bar

Publicado por ChemaRubioV @ 22:32  | RELATO .
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Comentarios
Publicado por [email protected]
Mi?rcoles, 21 de septiembre de 2011 | 19:56

¿Controles de estridencia para un salto a lo cantante?