Martes, 02 de septiembre de 2008
 


Por Roberto Quesada

"Es hermoso servir a la patria con hechos, y no es absurdo servirla
con palabras".-Salustio.

Creo que los gringos se ríen, si yo fuera gringo con todo el derecho
también me reiría. Con esto de la adhesión de Honduras a ALBA ha
resucitado cada leyenda, incluyendo la de cerrar puertas y ventanas,
poner la escoba patas arriba, pringar de cuarta en cuarta la casa de
agua bendita mientras se ronronea una oración y todo porque hay en
Honduras, en pleno siglo XXI, quienes creen que llegaron los
comunistas a comer niños y a mandar todo lo que Honduras produce a la
Unión Soviética.

¿La Unión Soviética? Sí, es casi seguro que existen en Honduras
quienes no se han dado cuenta de la desintegración de la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas. Que gringo y no gringo no se va a
reír de tan enorme demostración de ignorancia.

También da risa, y más si se es gringo, que en un país como Honduras,
un gringo no necesita decir nada ni a favor ni en contra acerca de/ni
sobre nada, existe una montonera de vasallos por vocación que salen
santiguándose en casos en el que Honduras, por ejemplo, trate de
negociar con países sudamericanos o con China, ¡Dios nos libre!,
porque sin que los gringos hayan dicho "esta boca es mía", ellos ya
con antelación presienten y sufren porque los gringos se van a
enojar.

¿Que se van a enojar? Muertos de risa es que están de ver a enanos
mentales envueltos en papeles mediocres dando un espectáculo que
precisamente por mediocre da risa, aunque, claro está, a gringos con
mayor grado de conciencia humana no les produce ni siquiera risa sino
lástima.

Imagínese usted que me lee, si usted fuera gringo, diplomático, y le
dan de destino, como embajador, Honduras. De antemano sabe que irá en
primer lugar a lo que debe de hacer todo diplomático digno de serlo,
a defender los intereses del país que representa, a promover de forma
positiva su país y tantas cosas más. Pero usted aterriza en Toncontín
y lo primero que encuentra, aparte de aduladores, es un enjambre de
periodistas que lo primero que hacen es preguntarle acerca de cosas
internas del país, de hechos y casos que concierne enfrentar y
resolver a los hondureños. Por supuesto, la primera vez se asusta y
hasta puede sospechar que es una trampa que le están tendiendo. Con
el tiempo se da cuenta que llegan a visitarlo políticos, empresarios,
etc., para consultarle, pero, como buen embajador, usted entiende de
psicología y sociología y se entera que esa consulta, tal como fue
hecha, no es tal sino que le están pidiendo permiso, se están
disculpando con usted por hechos y cosas que ni siquiera está
enterado, le hacen un resumen de otros políticos e intelectuales de
los que no debe fiarse porque son comunistas (Ud. en su yo interno se
ríe y se pregunta, ¿comunistas?). Cuando los susodichos abandonan la
oficina usted casi se muere de la risa y da gracias al cielo porque
le dieron de destino Honduras, entonces se da por enterado de que
allí no lo consideran embajador, ni siquiera presidente sino el
propietario de una hacienda, finca, quinta, como se le llame, llamada
Honduras.

Entonces se carga y recarga de risa. ¿Quién no?

Se sabe que lo del comunismo en el único lugar del planeta que puede
meter cocora es en Honduras. Los gringos saben, conspiración confesa,
de que hubo un tiempo, en los del presidente chileno Salvador
Allende, por ejemplo, o la Nicaragua sandinista cuando derribaron a
Tacho Somoza, que sí era una amenaza inminente y que ya no lo es.
Para nadie es desconocida la participación estadounidense en la caída
de Allende y en la creación, financiamiento y apoyo de todo tipo a la
contra nicaragüense, quienes, dicho sea de paso, tanto daño hicieron
a Honduras.

Hablando de Anastasio Somoza y la risa, allí tenemos en la historia
esta anécdota real sobre el tristísimamente célebre dictador cuando
el gran Roosevelt, no Teodoro el del "big stic", el del gran garrote
de la política imperialista, sino Delano, el "Buen Vecino",
probablemente el más grande presidente democrático y reformador de
los Estados Unidos, recibió con mucha pompa al primer dictador
Somoza, al que le decían General, Tacho para sus amigos, unos
periodistas le reclamaron por qué recibía así a un hijo de puta. El
presidente Roosevelt aprovechó la respuesta para definir la política
internacional bipartidista estadounidense: "Sí, es un hijo de puta,
pero es NUESTRO hijo de puta". Definición precisa y cínica que
constituye una constante del comportamiento del gobierno de los
Estados Unidos frente a Latinoamérica y otras regiones del mundo. Sí
que es para reírse.

Por allí en Internet andan distribuyendo un vídeo del poco célebre
Jaime Bayly, buen escritor, pésimo presentador de televisión. En ese
vídeo Jaimito despotrica contra el presidente hondureño Mel Zelaya
por lo de la adhesión a la ALBA. Los copiones, los faltos de opinión
propia y creatividad, corrieron a difundir ese vídeo como si Jaimito
fuera la gran cosa. Hay quienes se han enojado conmigo porque les
dije que no me importaba lo que dijera Jaime (Montesinos) Bayly,
porque, para mí, quien no se define no puede tener credibilidad, tal
como Jaime que se declara bisexual y en su programa pretende piropear
a las invitadas y enamora en serio a los invitados. ¿Qué es eso de
que Jaimito se declara bisexual? La cosa es To be or no to be, no bi...

En cambio, el escritor colombiano y buen amigo mío, gay por
convicción y acción, Jaime Manrique, hasta escribió un libro que se
titula: "Maricones inminentes (Arenas, Lorca, Puig y yo)". Ese sí es
digno de credibilidad porque no usa de trinchera, de cortina de humo,
de blindaje, eso de la bisexualidad. Hasta los gays rechazan ese tipo
de ambigüedad, ellos saben que en la vida das o te dan. ¿Con ese
antecedente quién puede tomarse en serio a Jaimito si él lo que
quisiera, y por eso babea de la rabia, es ser Laura en América? Otra
carcajada.

Como todo país, Estados Unidos no es la excepción, no puede
generalizarse hacia su población ni hacia sus políticos ni hacia
nadie. En los Estados Unidos existe de todo, están los que se toman
muy en serio su condición imperial y quieren imponerse a los demás a
como dé lugar, a garrotazos o balazos, pero también existe muchísima
gente con un alto nivel humano, existen tantas organizaciones,
fundadas por gringos/as a lo ancho y redondo del mundo, de
solidaridad, de hermandad, de ayuda a los más necesitados y no son
pocos los estadounidenses que han arriesgado y algunos hasta perdido
sus vidas ayudando a otros en el mundo entero. Generalizar es cosa de
imbéciles.

En el caso de Honduras, no sólo con referencia a los Estados Unidos
sino a cualquier otro país que ha ido a imponerse a nuestras tierras,
no es la culpa total de ellos, es más la culpa nuestra, por cobardes
(como diría Gautama Fonseca), por ser más papistas que el papa, por
la carencia de patriotismo, por ausencia de dignidad, por desconocer
los valores del nacionalismo (no confundirlo con el `nazionalismo´Gui?o.
Por preferir siempre a lo de afuera aunque nos dobleguen y relegar
y/o rechazar lo nuestro aunque tenga más valor que lo importado. Si
yo soy gringo, o de otro país, y quiero comprarte un terreno por cien
dólares y viene tu compatriota y me chismea y me abre los ojos de que
estás muerto de hambre y te urge el billete y que te conformarás con
cincuenta, pues entonces la culpa es de ustedes, no de nadie más.
¿Qué culpa tiene el gringo? Sólo le queda reírse.

Y les dejo a reflexión este fragmento de la historia patria
hondureña, que más parece una anécdota o leyenda, y no, no lo es, es
la triste realidad: En el libro "Sandino", de Gregorio Seltzer, se
narra que, durante determinado tiempo, hubo gran rivalidad entre las
compañías bananeras norteamericanas para conseguir concesiones de
tierras y otros incentivos fiscales para invertir en el cultivo del
banano destinado a la exportación. Una de las compañías que se quedó
con el monopolio de esas concesiones en Honduras fue la United Fruit
Company.

Esas compañías transnacionales tienen sus auditores itinerantes.
Cuando llegó uno de ellos a Honduras, el personal de contabilidad le
presentó los soportes de una compra de mulas, donde figuraba el valor
unitario de cada una de ellas, pero también el monto de los sobornos
pagados a cada diputado de la Asamblea Nacional para la aprobación de
una prórroga de la respectiva concesión. Dicho auditor que no hablaba
muy bien el castellano, quedó sorprendido que el valor de cada mula
era superior al soborno pagado a cada diputado y con una sonrisa de
oreja a oreja, exclamó: ¡Qué barbaridad! Una mula, ¿valer más que un
diputado?

¿Será lo leído para reírse?

Nueva York, NY 1 de septiembre de 2008.
[email protected]

Tags: gringos, union sovietica, honduras, leyenda, china, embajador, comunistas

Publicado por ChemaRubioV @ 17:30
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