Jueves, 18 de septiembre de 2008

 
Dramaturgo, poeta y educador.

(...)

Jamás olvidaré la imagen de aquel hombre venerable. A través de las
espesas brumas del tiempo, la conservo grabada en mi alma. Era un
sa­cerdote de mediana estatura; su cuerpo robusto y la morbidez y
suaves con­tornos de sus formas revelaban, a simple vista, la
virginidad de su orga­nismo y de su alma; su cabeza, casi siempre
inclinada, tal vez por el peso agobiador de las ideas, era grande,
bien formada, cabeza escultural; su frente no era espaciosa, pero sus
marcadas protuberancias decían, al hombre de ciencia, que era la
frente de un pensador; sus cejas eran pobladísimas y, de­bido a una
perenne contracción nerviosa del entrecejo, aparecían como una
prolongada línea negra, interrumpida por pequeñísimos copos de esa
nieve del invierno de la vida que se llama las canas; sus ojos eran
algo saltones, como si quisieran estar listos para recoger mucha luz;
carecían de belleza, en la forma, pero su dulce mirada hacía
transparente el fondo de la infinita ter­nura que encerraba su alma;
su nariz era irregular, modelada por el tipo de la raza mestiza; sus
labios eran gruesos y salientes, particularmente el labio inferior...
Tales facciones resal­taban en el fondo de su color trigueño,
palidecido por las vigilias del estudio y por las meditaciones y los
éxtasis de la oración.

(...)

El 11 de junio de 1797, nació en esta ciudad [Tegucigalpa] José
Trinidad Reyes, segundo hijo de Felipe Santiago Reyes, honrado
profesor de música, y de María Francisca Sevilla, instruida y
talentosa señora, de quien dicen sus contemporáneos que no se podía
discernir si valía más por sus muchas virtudes, o por la solidez y
brillo de su grande inteligencia.

Reyes no vino al mundo en brazos de la fortuna. Estaba destinado a
sobrellevar el peso de contratiempos, de pobrezas y aun de miserias,
pues los autores de sus días carecían de un nombre ilustre y de un
rico patrimonio. Mas la naturaleza providente, que nada olvida,
dióle, en compensación, las aptitudes musicales de su padre y la
bondad y los talentos de su virtuosa ma­dre...

Los primeros años de Reyes corrieron en humilde y apartado lugar,
como pasa la infancia de los hijos de los pobres... Cuando hubo llegado
a la edad de recibir la instrucción rudimental, primer alimento del
alma, sus padres atendieron con empeño a este objeto. Tomaron, para
sí, el cargo de instruirle en la moral y en el arte de la música, y,
a la vez, le confiaron a las señoritas Gómez -por antonomasia
llamadas "las maestras"- quienes le enseñaron la lectura y la
doctrina cristiana.

Tal era la enseñanza primaria de la época...

...Si desea leer la biografía completa de este prócer, escrita por
Ramón Rosa, el gran intelectual hondureño, ingrese a

http://www.guaymuras.hn/autores.html

Tags: dramaturgo, poeta, educador, biografia, las maestras, señoritas, lectura

Publicado por ChemaRubioV @ 1:14
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios