Domingo, 12 de octubre de 2008

Tras las huellas del autor de El Principito

La leyenda de Saint-Exupéry está de regreso en Villa Ocampo

Una muestra reconstruye el tiempo que el escritor y piloto pasó en la Argentina

 

Sábado 11 de octubre de 2008

 

Por Maia Jastreblansky
De la Redacción de LA NACION


 

La vida de Saint-Exupéry, escritor y piloto, filósofo y aventurero, bien podría ser una obra de su autoría. Por sus vivencias en los cielos del mundo, esa obra estaría llena de aventuras. Y, sin duda, uno de los capítulos más interesantes sería el que vivió en la Argentina, entre 1929 y 1930. Aquí, "Saintex" escribió una novela, conoció al amor de su vida y, con su trabajo como director de la Aeroposta Argentina , terminó con el aislamiento de los pueblos patagónicos.

A partir de una extensa investigación que reveló aspectos inéditos de aquellos años, el Proyecto Villa Ocampo y la Municipalidad de San Isidro abrieron ayer al público una exposición sobre la vida, la obra y el mensaje de Saint-Exupéry en nuestro país, que se puede visitar hasta el 2 de noviembre.

La muestra abarca fotografías, cartas, afiches de los correos aéreos sudamericanos, artículos de la época, películas sobre él y sobre el Correo Aéreo, y una maqueta de un avión Laté 25 en el que volaba (el original está restaurado en el Museo de la Aviación de la base de Morón).

La punta inicial de este proyecto fue la intensa investigación que realizó Clara Rivero, profesora de francés, que, guiada por su curiosidad y su admiración, comenzó a rastrear las huellas que Saint-Exupéry dejó en la Argentina.

Rastros escasos

Poco se había documentado en las biografías oficiales sobre aquellos años. Los viajes por los lugares de paso de Saint-Exupéry, el contacto con ex pilotos e hijos de los lugareños que lo conocieron, y el trabajo de archivo revelaron anécdotas inéditas de un joven piloto que en los ratos libres escribía sin que nadie sospechara que catorce años después se convertiría en el autor presente en todas las bibliotecas con su Principito .

La Primera Guerra Mundial había terminado y había dejado, además de un saldo de muerte y desolación, una serie de aviones varados a los que no se encontraba uso. Un industrial francés pensó que podrían utilizarse para agilizar el correo (hasta entonces marítimo) y así nació la epopeya de la Aéropostale, una compañía de correo aéreo dedicada a abrir líneas y postas en regiones cada vez más remotas. "La línea más austral del mundo" era una gran promoción para esta empresa, y es lo que trajo a Saint-Exupéry a nuestro país.

El joven piloto estaría a cargo de abrir e inspeccionar nuevas rutas hacia el Sur y controlar los vuelos ya existentes hacia Chile, Brasil y Paraguay. Pero Saint-Exupéry odiaba su trabajo administrativo y la ciudad de Buenos Aires. Sólo cuando le encargaron establecer el segundo tramo de la Patagonia, el más difícil e inhóspito que llegaba hasta Río Gallegos, volvió la aventura y la felicidad para el francés. "Saintex" le dio a la Patagonia la sorpresa de los aviones y la conexión con el mundo. "Nosotros los sacábamos de su desierto", dice en una de sus cartas.

Nicolás Helft, coordinador de Villa Ocampo, relató la impronta que dejó Saint-Exupéry en los habitantes del Sur argentino. "En las fotos se ven los rostros de admiración de la gente, el pueblo que se congregaba a recibir a los pilotos como héroes." Las imágenes muestran a los sureños con ese aviador de sacón de cuero, antiparras y un anotador que, lejos de registrar datos administrativos, guardaba sus primeros tesoros literarios.

La muestra tiene el agregado especial de ser exhibida en la casa que fue de Victoria Ocampo -en Elortondo 1837, San Isidro-, refugio de intelectuales y artistas de la época. Allí Saint-Exupéry llegó junto a su amiga María Rosa Oliver. La exposición se integra a la casa perfectamente: aviones y letras se fusionan en las habitaciones de Victoria. Además, por esos días, en una serie de conferencias de Amigos del Arte, "Saintex" conoció a Consuelo Suncín, una bella salvadoreña con la que vivió una intensa historia de amor que culminaría con un casamiento en Francia.

Otra de las anécdotas que revela la muestra ubica a Saint-Exupéry en el hotel Majestic del centro porteño. Allí garabateó los primeros bocetos de uno de sus libros más importantes: Vuelo nocturno . Saint-Exupéry realizó su última misión en 1944: debía tomar fotografías de la Francia ocupada por los nazis. Pero no volvió y murió en el cielo, el paisaje de sus libros y de su vida.



EL PRIINCIPITO y una señora de antigua guatemala


Tags: leyenda, Saint-Exupéry, elprincipito, argentina, salvadoreña, francia, america

Publicado por ChemaRubioV @ 14:07
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