Martes, 14 de octubre de 2008

 

 

El poeta nace, crece, siente plenamente todo lo que le rodea y muere. El poeta aguanta como puede la mezquindad y, en ocasiones, hasta la convierte en algo tan majestuoso que es imposible que pasemos de largo sin percibir el esplendor de tal emoción.

Mas, es una pena que la poesía sea un rasgo que escasee; la poesía es totalmente necesaria, pero falta. Son muchos, tal vez demasiados, los que se hacen llamar a sí mismos poetas, y son muy pocos los que así se pueden hacer llamar. Esto ocurre porque el poeta es un quijote, un ser pleno y consciente del “hábitat” que le rodea. No es poeta exclusivamente el que escribe una serie de versos; es poeta el que ostenta la actitud de ser poeta: esto significa ser una persona relevante, que no deja a nadie indiferente, llena de todo y de nada, según el día y sus ambientes. El poeta es un desperado, un hombre o una mujer con garra, con encanto, con mudez, con malestar y alegría llena. No precisa decir quién es, ni de dónde viene, ni adónde va, ya que sus vocablos de acero y éter hablan por él. Al poeta se le odia o se le ama, no suele haber punto medio. Él es un fardo de verdades y mentiras que va vertiendo por donde pasa de una manera tan singular, que siempre deja huella, para bien o para mal, sin que esto tenga que importarle en demasía. Y es que hoy más que nunca falta poesía. Son muchos los versificadores, mediocres versificadores, y muy pocos los poetas.

Decía cierto maestro: “Necesitamos, para vivir con plenitud, un algo encantador y perfecto que llene exactamente el hueco de nuestro corazón”. Y esto escasea, lo sugestivo, la poesía, digo, falta. Lo prosaico nos cerca con su mano negra y corrosiva, lo prosaico nos hace sucumbir. Toparse con un impulso como el del poeta, es encontrarse con algo feroz, altruista e indestructible. La sinceridad reina en su boca, en sus agitaciones, y en su manera de combatir las injusticias que le rodean. Por eso es tan odiado, y por eso es tan amado: por ser único y diferente. Él es el artista de la provocación en tiempos de engañosos profetas y falsa tolerancia.

Hoy, más que nunca, cuando el arte es casi en su totalidad una especie de marketing prostituido y nutrido por medios nada éticos, por el dios dinero y la fingida integridad, sí se puede decir que aún hay poetas, pero estos suelen estar lejos de la foto o del foco, del “soy yo”, o del “qué dirán de mí”. A día de hoy los pocos y auténticos poetas viven recluidos en vetustos salones, con humo de cigarro o pipa, con tinta añeja y voz forzada, esperando que algún día los destino les devuelvan al lugar que les corresponde.

Alexander Vórtice

www.lacoctelera. com/alexandervor tice

www.galiciaselecta. com

 

 


Tags: poeta, articulo, ensayo, galicia, selecta, lacoctelera, alexander

Publicado por ChemaRubioV @ 16:45
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios